28 recetas de picoteo casero en formato mini para montar una mesa digna de un catering
Invitar a gente a casa siempre parece una buena idea… hasta que llega el momento de responder a la gran pregunta: ¿Y qué preparamos para comer?.
¿Una comida formal con todos sentados a la mesa? No siempre resulta práctica. ¿Unas patatas fritas de bolsa con unos mejillones en escabeche y tres aceitunas? Quizá se quede un poco corto. ¿Una mesa de picoteo con distintos bocados? Ahí la cosa empieza a ponerse interesante.
Lo mejor de este formato es que cada invitado puede servirse lo que quiera y cuando quiera. Permite charlar, moverse, volver a por otro bocado y probar un poco de todo. Es una opción informal y agradable, queda vistosa sobre la mesa y resulta mucho más sencilla de gestionar que un menú servido plato a plato.
¿El secreto para darle un aire de catering? Apostar por recetas en formato mini: vasitos, tostas, hojaldres, pequeños bocados, brochetas, cremas para untar y bizcochos salados.
Vasitos individuales: un resultado elegante casi sin esfuerzo
Los vasitos son un recurso perfecto para dar de inmediato un aire más cuidado a una mesa de picoteo. Hasta la receta más sencilla parece más elaborada cuando se presenta en un recipiente pequeño.
Se puede jugar con distintas capas: una crema de verduras, una mousse de queso fresco, unas gambas, hierbas aromáticas o un crumble salado. El resultado llama la atención visualmente y, además, muchas de estas preparaciones pueden dejarse listas con antelación.
Un consejo: elige vasitos frescos y ligeros cuando el resto de la mesa incluya hojaldres, quesos u otros bocados más contundentes. Ayudarán a refrescar el paladar y a equilibrar el conjunto.
Tostas: un clásico que siempre funciona
Su gran ventaja es que se preparan rápidamente y admiten multitud de variaciones. La base puede ser pan tostado, crackers, blinis, pan de molde cortado en porciones...
Después solo hay que añadir una cobertura con sabor: salmón, aguacate, queso, pesto, patés, miel, nueces o tomates secos, entre muchas otras posibilidades.
Para evitar que el pan se reblandezca, monta las tostas en el último momento o deja preparados por separado el pan y la cobertura. Así conservarán el punto crujiente y tendrán una presentación mucho más limpia.
Hojaldres: las estrellas de la mesa
Cuando se reciben invitados, pocas cosas resultan tan útiles como tener una masa de hojaldre en la nevera. Prácticamente cualquier ingrediente puede transformarse con ella en un aperitivo: queso, pesto, salmón, jamón, tomate, tapenade o verduras.
El hojaldre admite muchas presentaciones: puede enrollarse, retorcerse o cortarse para preparar pequeños cruasanes, palmeritas y bocados individuales, o utilizar para preparar una corona para compartir. Queda dorado y crujiente, se come fácilmente con las manos y suele gustar a casi todo el mundo.
Un pequeño truco: prepáralos con antelación y caliéntalos durante unos minutos justo antes de servir. Recuperarán el crujiente y llenarán la casa de ese apetecible aroma a comida recién hecha.
Cremas y patés para untar: la forma más vistosa de completar la mesa
Para conseguir una mesa generosa, no pueden faltar algunos cuencos para compartir. Hummus, crema de pimientos, baba ganoush, patés de pescado o queso fresco con hierbas son opciones sencillas y agradecidas.
Basta con colocarlos en el centro de la mesa, acompañados de crudités, pan de pita, crackers, regañás o colines.
Además de ser una solución práctica y colorida, permiten completar el menú sin multiplicar las elaboraciones que requieren horno o fogones. También facilitan la inclusión de alguna alternativa vegetariana.
Para mejorar la presentación, juega con los colores: un hummus tradicional, una crema roja de pimientos y otra verde de guisantes o hierbas harán que la mesa parezca inmediatamente más trabajada.
Brochetas y rollitos: fáciles de coger y de comer
En una comida informal, tipo bufé, todo aquello que pueda comerse de pie o con las manos suma puntos. Por eso las brochetas y los rollitos funcionan especialmente bien.
Melón con jamón, mozzarella con tomates secos, tortillas de trigo rellenas y cortadas en porciones, rollitos de salmón o crepes saladas: son preparaciones sencillas que siempre quedan bien sobre una bandeja.
Otra ventaja es que permiten preparar distintas versiones sin demasiado esfuerzo: una de pescado, otra vegetariana, una con queso y otra más fresca. De esta manera, todos los invitados encontrarán alguna opción que les apetezca.
Minibizcochos salados, muffins y otros bocados
Una mesa de picoteo debe resultar apetecible, pero también lo bastante completa como para que nadie se quede con hambre. Aquí entran en juego los bizcochos salados, las magdalenas, las minihamburguesas y las pequeñas croquetas.
Muchas de estas preparaciones pueden hacerse con antelación, cortarse en porciones pequeñas y colocarse en bandejas para que cada persona se sirva cómodamente.
Aportan una sensación más cercana a una comida completa, especialmente cuando no se va a servir un plato principal.
Para acertar, se puede recurrir a combinaciones conocidas que siempre funcionan: atún, queso feta, aceitunas, calabacín, chorizo o distintos quesos. No hace falta buscar mezclas demasiado complicadas. En este tipo de reuniones, las recetas más sencillas suelen ser también las primeras en desaparecer.
¿Un pequeño final dulce?
Aunque se trate de una cena de picoteo, conviene reservar un espacio para el postre. De nuevo, el formato mini es el más práctico: pequeños vasitos, bocados individuales, rollitos, brochetas de fruta o porciones de bizcocho ya cortadas.
La idea es que los invitados puedan repetir sin necesitar platos de postre demasiado grandes ni sentarse necesariamente a la mesa.
Un vasito de crema de limón, una mousse de galleta o unas piezas de fruta cubiertas de chocolate bastan para que la parte final de la comida resulte más alegre y apetecible.
La clave para acertar: encontrar el equilibrio
Fresco y crujiente, cremoso y consistente, caliente y frío, vegetariano y más contundente: el éxito está en combinar diferentes sabores, temperaturas y texturas, siempre en porciones fáciles de coger.
Prepara el día anterior todo lo que lo permita y deja los ingredientes más delicados y los montajes crujientes para el último momento.
Tampoco es necesario hacer demasiadas recetas. Es preferible servir seis o siete preparaciones bien resueltas que llenar la mesa de platos que terminan llegando templados, blandos o tarde.
Una vez decidido el menú, solo queda sacar las bandejas, los vasitos y las brochetas, y preparar una mesa de picoteo casera con auténtico aspecto de catering.
Adèle Peyches



























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