¿Te ha sobrado ricotta? Ideas fáciles para aprovecharla en recetas dulces y saladas
Compras ricotta para preparar una lasaña, unos raviolis o una tarta y, cuando terminas, queda una parte en el envase. Quizá no sea suficiente para repetir la receta, pero sí para darle otro uso. La pregunta es: ¿qué puedes hacer con esa ricotta que te ha sobrado?
Más cosas de las que parece. Este queso fresco italiano tiene un sabor suave y una textura cremosa y ligeramente granulosa que funcionan tanto en platos salados como en postres. Puedes mezclarlo con pasta, utilizarlo en rellenos, servirlo sobre unas tostas o incorporarlo a una masa de bizcocho. Aquí tienes varias ideas para aprovecharlo sin acabar comiendo lo mismo dos días seguidos.
Eso sí, si el envase ya está abierto, consérvalo bien cerrado en la nevera, sigue las indicaciones del fabricante y comprueba que está en buen estado antes de utilizarlo.
Una salsa cremosa para la pasta, sin recurrir siempre a la nata
La pasta es una de las formas más fáciles de aprovechar un poco de ricotta. Mezcla el queso con unas cucharadas del agua de cocción de la pasta, una pizca de pimienta y un poco de ralladura de limón. Remueve hasta conseguir una salsa cremosa y añade más agua, poco a poco, si la necesitas más ligera.
También puedes incorporar parmesano, albahaca o perejil. Y, si quieres convertirla en un plato más completo, prueba con espinacas salteadas, calabacín, nueces, pistachos o salmón ahumado. La ricotta suaviza y liga la salsa, aunque su textura no es idéntica a la de la nata.
Raviolis, canelones y verduras: un relleno que admite muchas combinaciones
Si tienes más cantidad, aprovecha la ricotta para rellenar raviolis, canelones, conchiglioni (pasta grande con forma de concha) o verduras. Su sabor suave combina especialmente bien con las espinacas, el calabacín, los champiñones, la calabaza y las hierbas aromáticas.
La ricotta sola tiene un sabor delicado, pero gana mucho con pimienta, nuez moscada, ralladura de limón o un poco de queso curado rallado. Si las verduras sueltan bastante agua, cocínalas y escúrrelas antes de mezclarlas con el queso; así evitarás un relleno demasiado húmedo.
Lasañas y gratinados con un relleno más suave
La ricotta es habitual en muchas preparaciones italianas al horno. En una lasaña de verduras puedes combinarla con espinacas, calabacín o alcachofas para obtener capas cremosas, o utilizarla como parte del relleno junto con tomate y otros quesos.
La ricotta también puede sustituir parte de la bechamel en algunas recetas, aunque el resultado cambia: queda menos fluido y con una textura propia del queso fresco. Para que el conjunto no resulte seco, conviene que haya suficiente salsa de tomate u otra preparación húmeda entre las capas.
Son una buena opción si tienes invitados: puedes dejar la lasaña o el gratinado montados con antelación, guardarlos en la nevera y hornearlos antes de comer. Muchas lasañas también admiten congelación, bien protegidas en un recipiente apto para congelador. Ten en cuenta que la ricotta puede cambiar ligeramente de textura al descongelarse; consulta las indicaciones de conservación y cocción de la preparación concreta.
Para picar: ricotta para untar y pequeños bocados
Con unas pocas cucharadas de ricotta puedes improvisar un aperitivo. Aplástala y remuévela con un tenedor hasta que quede más cremosa; después, mézclala con aceite de oliva, ralladura de limón, pimienta y hierbas frescas. Sírvela con pan tostado, picos, grisines o bastones de verduras. Si prefieres una crema más fina, tritúrala unos segundos.
También puedes añadir nueces picadas, aceitunas o un poco de parmesano. ¿Te apetece algo diferente? Forma pequeñas bolitas de ricotta bien escurrida y rebózalas en hierbas o frutos secos picados. Si el queso está demasiado blando para darles forma, enfríalo y escúrrelo antes, ya que su consistencia puede variar de una marca a otra.
Tostadas saladas para una cena rápida
Una rebanada de buen pan, un poco de ricotta y lo que tengas a mano en la nevera: no hace falta mucho más para preparar una tostada apetecible. Úntala sobre el pan recién tostado y añade, por ejemplo, tomate y albahaca, champiñones salteados o calabacín a la plancha.
También combina con rúcula, espárragos, remolacha o salmón ahumado. Termina con un hilo de aceite de oliva y pimienta recién molida. Acompañada de una ensalada, puede resolver una cena sencilla; si quieres que sea más completa, ajusta las cantidades y los ingredientes a tu apetito.
En tartas y bizcochos, también tiene mucho que aportar
La ricotta no es solo para recetas saladas. En repostería se utiliza en tartas de queso, bizcochos y otros dulces porque aporta humedad y una textura tierna, aunque el efecto depende de la receta y de la cantidad que se añada.
Le van especialmente bien la vainilla, la ralladura de limón, el chocolate, las cerezas y los frutos rojos. Si te queda poca, también puedes servirla en un cuenco con fruta fresca, un poco de miel y frutos secos: un postre rápido que apenas necesita preparación.
No conviene sustituir la mantequilla o el yogur por ricotta en cualquier masa sin ajustar las proporciones; para acertar, sigue una receta pensada para este queso.
Antes de guardar la ricotta para otro día
La próxima vez que te sobre ricotta, piensa primero en la cantidad: unas cucharadas bastan para una tostada o una salsa; con algo más puedes preparar un relleno, y con un envase casi entero, una tarta o una lasaña.
Y no olvides que se trata de un queso fresco perecedero. Una vez abierto, mantenlo refrigerado, utiliza utensilios limpios al servirlo y respeta el plazo de consumo indicado en el envase. Si ha pasado demasiado tiempo fuera de la nevera o tienes dudas sobre su conservación, lo prudente es no utilizarlo.
Con esas precauciones, aprovechar lo que queda en el bote resulta mucho más fácil: no hace falta inventar una receta nueva cada vez, solo encontrarle un buen compañero.
Adèle Peyches





















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