Recetas con calabaza: de la crema de siempre a los platos que apetece repetir

Recetas con calabaza: de la crema de siempre a los platos que apetece repetir
Cuando empieza a refrescar, la calabaza vuelve a la cocina, pero no tiene por qué acabar siempre en una crema. Asada, gana sabor y se dora en los bordes; cocida, sirve para ligar salsas, guisos y rellenos.
La variedad cacahuete, tan habitual en nuestras fruterías, funciona con legumbres, quesos, frutos secos y especias. También tiene sitio en los bizcochos caseros, a los que aporta una miga húmeda.
Estas recetas con calabaza van de las cenas de diario a los platos para cocinar con más calma.

Cremas y sopas de calabaza: las que siempre apetecen

Una crema de calabaza no necesita nata para quedar sedosa: basta con ajustar el caldo y triturar bien la verdura. El puerro le da un fondo suave; las lentejas rojas aportan cuerpo y convierten un primer plato en una cena más sustanciosa.
Si tienes tiempo, asa primero la calabaza. Ese paso cambia el sabor de la crema mucho más que añadir una larga lista de especias.

Calabaza al horno: dorada por fuera, tierna por dentro

La calabaza asada agradece una bandeja amplia: si los trozos quedan amontonados, se cuecen en su propio vapor en lugar de dorarse. Aceite de oliva, sal y un poco de romero suelen ser suficientes.
Para llevarla a la mesa como plato principal, prueba con garbanzos y feta o con un relleno de quinoa. La versión hasselback tiene una presentación vistosa sin exigir demasiada técnica.

Gratinados y platos de horno para compartir

El dulzor de la calabaza pide a menudo un contrapunto salado. Un queso con carácter, una capa bien tostada o unos champiñones salteados evitan que el resultado resulte plano.
Estos platos de calabaza al horno se prestan a una comida de fin de semana y permiten adelantar parte del trabajo.

Pasta, ñoquis y raviolis con calabaza

La pulpa de calabaza triturada se convierte en una salsa para pasta con apenas un poco de agua de cocción y queso. También se puede incorporar a la masa de unos ñoquis o utilizarla como relleno de pasta fresca.
Las nueces, la panceta y la ricotta funcionan aquí por motivos distintos: aportan crujiente, salinidad o frescor a una base naturalmente dulce.

Arroces, legumbres y platos únicos

Un risotto de calabaza bien hecho conserva el grano entero y liga el arroz con la propia verdura. Para una comida más cotidiana, los garbanzos y las lentejas admiten la calabaza sin perder su carácter de guiso casero.
Son recetas apropiadas para los días en que apetece sentarse ante un plato hondo y comer sin prisas.

Quiches, tartas saladas y cenas con poco trabajo

Con una masa quebrada u hojaldre, un resto de calabaza cocinada puede acabar convertido en una quiche o una tarta salada. El queso de cabra equilibra especialmente bien su sabor; unas hojas verdes al lado bastan para completar la cena.
La tarta tatin salada merece una oportunidad: el contraste entre la verdura dorada y la masa crujiente tiene mucho sentido.

Aperitivos con calabaza que salen de lo habitual

Para picar antes de comer no hace falta montar un banquete. Unas tostas de calabaza, una crema de feta para untar o unas bolitas hechas en freidora de aire dan juego con ingredientes bastante corrientes.
Las pipas tostadas merecen capítulo aparte: además de aprovechar lo que normalmente se tira, quedan estupendas sobre una crema o una ensalada.

Ensaladas de otoño con calabaza

Una ensalada templada puede apetecer tanto como un guiso cuando empiezan a bajar las temperaturas. La clave está en combinar la calabaza asada con algo que conserve mordida: lombarda, rábanos, manzana o frutos secos.
Las lentejas y las judías blancas aportan consistencia; el queso feta, un punto salino. Aliña al final para no perder los contrastes.

Bizcochos y postres con calabaza

En repostería, la calabaza aporta humedad y una dulzura discreta. Conviene usarla bien escurrida, especialmente si va a entrar en la masa de un bizcocho de calabaza: demasiada agua puede dejar el centro apelmazado.
Canela, chocolate, coco y frutos secos son buenos compañeros. No hace falta que el resultado sepa intensamente a calabaza para que merezca la pena.

Cómo elegir, cortar y conservar la calabaza

Busca una calabaza firme, sin zonas blandas ni golpes. La variedad cacahuete suele resultar cómoda para asar, hacer cremas y preparar purés; su piel, aunque comestible una vez bien cocinada, se retira normalmente en preparaciones finas.
Para cortarla con seguridad, apoya primero una cara plana sobre la tabla y utiliza un cuchillo estable. Si está muy dura, puedes ablandarla ligeramente con calor antes de pelarla.
Guarda la calabaza cortada y bien tapada en la nevera y consúmela en pocos días. El puré cocinado también se puede congelar en raciones.

Preguntas frecuentes sobre la calabaza

¿Qué tipo de calabaza es mejor para hacer crema?

La calabaza cacahuete o butternut es una opción muy práctica porque tiene una pulpa fina, cremosa y poco acuosa. Añade el caldo poco a poco para ajustar la textura y evitar que la crema quede demasiado líquida.

¿Cuánto tarda la calabaza en asarse al horno?

Depende del tamaño de los trozos. Como orientación, unos dados medianos suelen necesitar entre 25 y 40 minutos a 200 °C. Estará lista cuando puedas atravesarla fácilmente con la punta de un cuchillo y los bordes empiecen a dorarse.

¿Se puede comer la piel de la calabaza?

Depende de la variedad y de la preparación. La piel de la calabaza potimarrón suele ablandarse bastante al asarse y puede comerse, mientras que en la calabaza cacahuete o en variedades de piel más gruesa suele resultar más agradable retirarla, sobre todo para cremas y purés.

¿Con qué ingredientes combina bien la calabaza?

Combina especialmente bien con quesos de cabra o curados, setas, garbanzos, lentejas, frutos secos y hierbas como salvia o romero. Un toque ácido de limón o vinagre ayuda además a equilibrar su dulzor natural.

¿Cómo conseguir que la calabaza quede dorada al horno?

Reparte los trozos en una sola capa y deja algo de espacio entre ellos para que no se cuezan en su propio vapor. Una bandeja demasiado llena dificulta que los bordes se doren bien.

¿Se puede congelar la calabaza?

Sí, especialmente una vez asada, cocida o triturada. Déjala enfriar por completo y congélala en porciones para poder usarla después en cremas, salsas, guisos o repostería.

¿Cómo conservar la calabaza una vez cortada?

Guárdala bien tapada o en un recipiente hermético en el frigorífico y consúmela en pocos días. Si ya la has cocinado, también puedes refrigerarla unos días o congelarla en porciones.

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