Lasaña de calabaza, speck y nueces: cremosa y con un punto crujiente
Una lasaña de calabaza corre un riesgo bastante claro: que todo resulte demasiado blando, demasiado dulce, demasiado parecido de una capa a la siguiente. Esta receta evita justamente eso. La calabaza aparece de dos maneras. Una parte se tritura y se mezcla con la bechamel, que gana cuerpo, color y sabor; la otra se mantiene en dados para que siga habiendo algo que morder entre las capas de pasta. A partir de ahí, el resto de ingredientes entra para romper la uniformidad: el speck aporta intensidad y un punto ahumado, las nueces introducen contraste y el Parmigiano Reggiano concentra sabor y ayuda a formar una superficie bien gratinada. El resultado no depende de acumular ingredientes, sino de que cada uno haga un trabajo distinto. La crema envuelve, la calabaza permanece, el speck interrumpe y las nueces crujen. Y precisamente por eso esta lasaña no se queda en una sucesión de capas suaves, sino que cambia de textura y de sabor a medida que se come.
Ingredientes
Para la bechamel:
Materiales
- Fuente rectangular de 15 × 23 cm
- Sartén
- Cazo
- Varillas manuales de cocina
- Batidora
- Tabla de cortar
- Cuchillo






