La cosa se pone picante: 14 recetas para una cena de San Valentín que sube la temperatura
Hay cenas de San Valentín que se preparan con velas y dulces con forma de corazón; y hay otras que se preparan con un tarro de chile abierto en la encimera. El picante tiene algo de juego adulto: no es solo un sabor, es una reacción. Un pequeño interruptor que hace que el cuerpo responda como si de verdad subiera la temperatura.
La capsaicina, esa molécula que firma el ardor, no “pica” como pica la pimienta: le hace una pequeña trampa a los receptores del calor, los mismos que protestan cuando algo quema. Por eso llegan el rubor, el sudor, la risa nerviosa y ese primer “pues no pica tanto” que, dos bocados después, te obliga a buscar un vaso de agua con cierta urgencia. Luego el cerebro pone de su parte: endorfinas, un leve subidón, la sensación de que algo está pasando. Y eso, en una cena a dos, tiene cierta gracia.
La gracia, en una cena de San Valentín, no está en demostrar nada ni en ver quién aguanta más. Está en medirlo, en dosificarlo, en encontrar el punto en el que calienta sin taparlo todo. Puede ser una cayena discreta, una cucharadita de sriracha, una punta de gochujang: lo justo para que el plato sea más alegre y se salga de lo cotidiano. Estas 14 recetas van por ahí: platos que suben la temperatura sin romper el ritmo de la cena.
¿Un San Valentín picante?
¿Es buena idea para San Valentín? Depende de vuestra relación con el fuego. Si os gusta y lo buscáis, el picante tiene un punto casi de montaña rusa en un parque de atracciones: te obliga a pensártelo dos veces, a atreverte, casi a arrepentirte; a beber, a reírte, a ir más despacio, a buscar su mirada cómplice, solo un segundo, como diciendo: “vale, esto sí pica”. Y el cuerpo, que no se entera de que estáis a salvo, compensa el “riesgo” con su propio efecto secundario: la experiencia puede sentirse más intensa de lo que, objetivamente, es.
Ojo al encender la chispa
Ahora bien: una cena muy picante por la noche también puede ser una trampa si sois de estómago delicado o con reflujo, porque los alimentos picantes están entre los que, a algunas personas, les empeoran la acidez, sobre todo al tumbarse. Así que la consigna es sencilla: aquí venimos a subir la temperatura del plato, no a estropear el final de la noche. Ajusta siempre las cantidades a tus gustos y a los de tus invitados. No todas las personas tienen la misma tolerancia. Por eso, estas 12 recetas llevan picante, sí, pero pensado para comer con gusto: con arroz, pan o salsas que suavizan; y con una regla de oro por si os pasáis: mejor un lácteo que agua, porque la capsaicina se lleva mejor con grasas y proteínas que con ese vaso de agua que es el primer reflejo que tenemos todos.
14 recetas picantes para celebrar San Valentín
Patricia González













Comentarios