Una mesa primaveral a la italiana: 10 recetas para celebrar la temporada
La primavera tiene muchas formas de colarse en nuestras mesas, pero pocas resultan tan apetecibles como la italiana. Risottos, pastas, lasañas… lo de siempre, lo que nunca falla, pero afinado con el sabor de la temporada y con ese talento tan suyo para sacar brillo a lo sencillo.
Y, en el fondo, le hace falta muy poco para ganarse un lugar fijo en nuestros menús primaverales: unos espárragos, un puñado de guisantes, un par de limones, unas alcachofas y, por supuesto, parmesano rallado sin escatimar, que quizá no sea un producto de primavera, pero sí un imprescindible en cualquier cocina de la nonna. Y, ya en el postre, unas fresas para dar un aire nuevo al tiramisú, unos frutos rojos para rematar una panna cotta o una botella de limoncello casero para brindar.
Aquí van varias ideas para montar una mesa primaveral con acento italiano.
Risotto con espárragos verdes y parmesano
Si hubiera que elegir un plato capaz de decir “primavera italiana” sin necesidad de abrir la boca, el risotto con espárragos tendría muchas papeletas. Si algo me gusta del risotto clásico es su capacidad para adaptarse a casi cualquier ingrediente que se incorpore a esa base cremosa y reconfortante. Unos espárragos verdes bastan para transformarlo en un plato con aire de fiesta.
Malfatti de espinacas
Solemos asociar las acelgas y las espinacas al invierno, pero su temporada se extiende a lo largo de varios meses fríos y alcanza también la primavera, de modo que sería un error encasillarlas solo en esa estación. Es una buena ocasión para preparar unos malfatti que, aunque no tengan la popularidad de la lasaña ni el gancho de los raviolis, dejan siempre buen recuerdo en la mesa.
Espaguetis al limón
Fácil, económica, vistosa y con mucho sabor. Poco más se le puede pedir a un plato de pasta que apenas necesita cuatro ingredientes de andar por casa para quedar así de bien. Esta pasta al limón, no lleva nata, pero tampoco la echa de menos: tiene frescura, carácter y ese punto descarado de los platos sencillos que triunfan sin necesidad de ser estridentes.
Ñoquis de guisantes caseros
Los guisantes pasan demasiadas veces de la lata de conserva al plato sin gloria ninguna, así que convertirlos en ñoquis es una forma bastante elegante de pedirles perdón. Aquí dejan de ser guarnición y pasan al centro de la escena con bastante dignidad.
Tienen color, suavidad y esa textura que pide mantequilla fundida o queso rallado. Además, visten mucho, que tampoco es un detalle menor.
Pasta paccheri con alcachofas y bacon
La alcachofa tiene un carácter algo serio, de esos ingredientes que no están aquí para agradar a todo el mundo. Pero cuando encaja, encaja de maravilla. En unos paccheri encuentra una pasta a su altura, y el bacon se ocupa de añadir el lado más sabroso del asunto.
Pasta cremosa con espárragos y bacon
Aquí los espárragos se ponen un poco más serios. Se mezclan con bacon y una salsa cremosa para construir un plato más rotundo, de esos que funcionan muy bien cuando apetece comer bien sin convertir la cocina en una tesis doctoral.
El acierto está en el contraste: lo verde evita que el conjunto se venga demasiado arriba, y el bacon aporta la intensidad justa para que nadie eche nada de menos.
Pasta con crema de cebolla,
Cremosa, dulce, afinada por el fuego y envuelta en pasta al punto: esta crema de cebolla no acompaña, seduce. Tiene profundidad, perfume y una elegancia humilde que desarma. Un plato aparentemente sencillo donde, precisamente por eso, no hay dónde esconderse.
Vasitos de tiramisú de fresa
Hay postres que llegan con vocación de gustar a todos, y este es uno de ellos. El tiramisú de fresa conserva parte de la gracia del clásico, pero cambia el paso: entra más fresco, más colorido y bastante más primaveral. Servido en vasitos, además queda bonito, resulta cómodo y luce mucho.
Panna cotta con coulis de frutos rojos
La panna cotta pertenece a esa familia de postres italianos que no necesitan reinventarse cada temporada para seguir teniendo sentido. La base cremosa y sobria, admite muy bien el golpe de acidez del coulis de frutos rojos, que le da color y la despierta un poco.
Es un final limpio, delicado para una comida copiosa. Y, además, se puede dejar hecho con antelación, que en cocina siempre suma puntos.
Limoncello casero
La sobremesa italiana no debería resolverse con una estampida hacia el lavavajillas. El limoncello llega para frenar ese impulso: pequeño, frío y muy eficaz a la hora de dejar claro que la comida ha terminado, pero nadie tiene por qué levantarse todavía.
No es imprescindible, claro. Pero servido bien frío, deja una nota soleada y un final mucho más agradable.
Patricia González









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