No solo para el verano: 10 ensaladas primaverales sanas, rápidas y llenas de color
Con espárragos, habas, fresas, hierbas frescas, legumbres, arroz o pasta: diez ideas que encajan especialmente bien cuando la primavera pide platos más ligeros, vivos y variados.
No hace falta esperar al verano para que entren ganas de ensalada. La primavera ya cambia la forma de cocinar y, sobre todo, de comer: apetece aligerar el plato, dar más espacio a las verduras, recuperar las hierbas frescas y aprovechar ingredientes que en esta época están especialmente buenos. Es también el momento de las fresas, los espárragos o las habas, pero no solo de eso. Hay ensaladas que funcionan en primavera porque reúnen color, frescura y cierta ligereza; otras, porque permiten montar comidas completas sin tener que liarse más de la cuenta.
Como nunca sobran ideas cuando el tiempo empieza a suavizarse, aquí van diez ensaladas pensadas para esta época del año.
Ensalada con queso de cabra templado
Hay ensaladas que se sostienen sobre la ligereza, y otras, como esta, sobre el contraste. Aquí el atractivo está en ese queso de cabra apenas templado, más cremoso e intenso, frente a la frescura de las hojas verdes y el tomate. El conjunto gana además interés con el crujiente inesperado del maíz frito, que rompen la suavidad del plato y evita que todo quede en una combinación demasiado previsible.
Espárragos, feta y nueces
Si hubiera que elegir una ensalada con aire netamente primaveral, esta estaría entre las primeras. Los espárragos tienen esa capacidad de resumir la estación en un solo ingrediente: son frescos, elegantes y lo bastante expresivos como para sostener casi por sí solos el plato. Aquí, además, encuentran un buen contrapunto en el feta, que aporta un punto salino, y en las nueces, que añaden textura y un matiz más profundo.
Ensalada brasileña -salpicão-
Puede que no sea la ensalada más primaveral en el sentido bucólico del término, pero encaja muy bien cuando suben las temperaturas y empiezan a multiplicarse las comidas al aire libre. El salpicão brasileño tiene justo lo que se agradece en ese contexto: se sirve frío, es vistoso, mezcla texturas y tiene ese punto desenfadado y apetecible que lo aleja de cualquier ensalada tristona. Entre el pollo, la manzana, las verduras, la salsa cremosa y las patatas paja, el conjunto encaja a la perfección en un picnic o barbacoa.
Fideos de arroz con langostinos, aguacate y huevo
Aquí la primavera se nota menos en el ingrediente concreto que en el tipo de plato: completo, fresco y muy fácil de montar. Lo mejor de esta ensalada no es solo la mezcla de sabores, sino el juego de texturas. Frente a la jugosidad del salmón y la frescura vegetal del pepino o la zanahoria, aparece ese arroz crujiente, apenas dorado, que aporta relieve y hace que cada bocado tenga algo más de interés. Es un plato con contraste, de los que no se quedan planos en la boca.
Habas con bacon
Lo interesante de esta ensalada es que no se queda en la frescura vegetal de unas habas recién llegadas a la temporada. Tiene también un punto más hondo y sabroso gracias al bacon, que contrasta bien con su textura tierna, mientras la vinagreta y las semillas terminan de dar relieve al conjunto. Un plato muy propio de la primavera: verde, vivo y muy sabroso para sacarle partido a las habas tiernas cuando están en su mejor momento.
Tortellini con pesto en frío
La pasta fría empieza a tener sentido mucho antes del verano, sobre todo cuando entra en escena un buen pesto. Aquí no actúa como simple aliño, sino como el hilo que cose todo el plato: perfuma los tortellini, da relieve a la mozzarella y acompaña muy bien el punto del tomate seco. Queda una ensalada sabrosa, fresca y con un perfil herbáceo que encaja muy bien en esta época del año.
Arroz crujiente con salmón
Es una de esas ensaladas que funcionan muy bien en ese momento del año en el que ya apetece comer más fresco, pero todavía no se buscan platos demasiado livianos. Cocina arroz de grano largo, mézclalo con salmón y algún elemento fresco, como pepino, rabanitos o aguacate. Un aliño cítrico le da el punto final y refuerza esa sensación de plato más ligero y vivo.
Garbanzos con bacalao
No es una ensalada que destaque por un ingrediente estrictamente primaveral, sino por el tipo de plato que apetece cuando el tiempo cambia. Tiene legumbre, pescado y un aliño vivo, de modo que llena sin caer en la pesadez. Por eso funciona tan bien en esos días templados en los que ya no apetece cuchara, pero sí una comida fresca y que sacie.
Lentejas con feta
Si te digo día soleado y lentejas, igual te entran todos los males. Pero tranquilo: aquí no estamos hablando de un guiso, sino de una ensalada que usa esta legumbre como base. Del color y el contraste se encargan el queso feta, el tomate y la cebolla morada. Un aliño suave termina de redondear el conjunto y da lugar a una ensalada en la que frescura y consistencia conviven sin estorbarse. El resultado es un plato fresco, sabroso y cumplidor, sorprendentemente útil para resolver una comida entre semana.
Tabulé de hierbas frescas
No depende de un único ingrediente de temporada, pero encaja muy bien cuando empieza el buen tiempo por su perfil limpio, verde y descaradamente refrescante. Aquí la sémola pone la base, sí, pero quienes mandan de verdad son el perejil, la menta y el limón, que le dan al conjunto ese aire vivaz que tan bien funciona en una ensalada de este tipo. La clave está en que quede suelto, herbáceo y ligero.
Y ensalada de postre: Fresas, tomate, feta y albahaca
Pocas combinaciones resultan tan propias de la primavera como esta. Las fresas empiezan a estar en su mejor momento y, cuando se cruzan con tomate, queso feta y albahaca, sale una ensalada fresca, colorida y con muy buen equilibrio. Si quieres darle un poco más de textura, no dudes en terminarla añadiendo algunos. pistachos o nueces picadas.
Al final, lo que hace especialmente atractivas a estas ensaladas en primavera no es solo que sean rápidas o más ligeras. Es que responden bien al momento: aprovechan ingredientes que ahora están más lucidos o encajan con esa forma de comer que llega cuando el año empieza a abrirse. Más verde, más fresca, más desenfadada y, casi siempre, más agradecida.
Patricia González










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