Queso feta: cómo utilizarlo más allá de la ensalada griega y sacarle todo el partido
Compras un bloque de queso feta para preparar una ensalada griega.
Tomate, pepino, aceitunas, cebolla morada, un chorrito de aceite de oliva… hasta aquí, todo perfecto.
Pero después queda medio bloque de feta en la nevera.
Lo miras durante un par de días.
Y acabas pensando: "Bueno… ¿hago otra ensalada?".
Cuando, en realidad, el queso feta puede dar muchísimo más juego en la cocina.
Al horno y cremoso, crujiente y rebozado, triturado para preparar una salsa, incorporado a una tarta salada, envuelto en pasta filo o añadido a un plato de pasta, unas verduras asadas o incluso un bocadillo de verano… este pequeño gran queso griego es mucho más versátil de lo que parece.
Y lo mejor es que, muchas veces, basta con añadir unos trozos para transformar un plato muy sencillo en una receta llena de sabor y personalidad.
¿Por qué el queso feta da tanto juego en la cocina?
El queso feta tiene mucho carácter.
Es salado, ligeramente ácido y quebradizo cuando está frío, mientras que al calentarlo adquiere una textura más suave y cremosa. Precisamente ese contraste es lo que hace que resulte tan interesante y versátil en la cocina.
El queso feta DOP es un producto griego protegido en la Unión Europea. Se elabora tradicionalmente con leche de oveja o con una mezcla de leche de oveja y cabra, y su característico sabor salado, ácido y en ocasiones ligeramente picante está estrechamente ligado a su origen y al método tradicional de elaboración.
Y ahí está precisamente su gracia.
En una receta puede desempeñar varias funciones al mismo tiempo: aporta sazón, cremosidad y profundidad de sabor; en algunos platos puede sustituir a una salsa o a otros quesos y, además, consigue que una elaboración muy sencilla resulte mucho más sabrosa.
En pocas palabras: un poco de queso feta puede alegrar un calabacín, darle a un plato de pasta un irresistible aire mediterráneo o convertir una simple tostada en una comida completa.
Queso feta al horno: la forma más sencilla de darle una vuelta
Si tienes un bloque de queso feta y no sabes qué hacer con él, meterlo en el horno es probablemente una de las opciones más sencillas y resultonas.
El feta no se funde por completo como una mozzarella, pero con el calor se vuelve más tierno, cremoso y aromático. Acompañado de unos tomates cherry, aceitunas, tomates secos, un chorrito de aceite de oliva y algunas hierbas aromáticas, se convierte en un plato perfecto para compartir durante el aperitivo o solucionar una cena rápida acompañado de pan tostado.
Con pasta, el queso feta se convierte en una salsa deliciosa
El queso feta funciona especialmente bien en los platos de pasta rápidos. Al hornearlo con tomates cherry y un chorrito de aceite de oliva, el queso se ablanda, los tomates se rompen y liberan sus jugos y todo termina convirtiéndose en una salsa cremosa sin necesidad de añadir nata. Es el típico plato perfecto cuando apetece comer algo sabroso y reconfortante sin tener que utilizar cinco cazuelas distintas.
Un pequeño consejo: no añadas demasiada sal al principio, porque el queso feta ya aporta bastante intensidad y sazón al conjunto.
En su versión crujiente, resulta irresistible
Estamos acostumbrados a encontrar queso feta frío, desmenuzado sobre una ensalada o cortado en dados. Sin embargo, cuando se cocina y adquiere una capa crujiente, cambia por completo. Rebozado, envuelto en pasta filo o cubierto de semillas de sésamo, mantiene un interior tierno mientras el exterior queda dorado y crujiente.
Y si añadimos un poco de miel, el contraste entre dulce y salado funciona de maravilla. Una idea sencilla y muy sabrosa para preparar un aperitivo diferente y salir de las clásicas patatas fritas y frutos secos.
En tartas saladas, bizcochos y quiches
El queso feta funciona especialmente bien en recetas pensadas para compartir y preparaciones que podemos dejar listas con antelación.
En una quiche aporta intensidad; en un bizcocho salado añade pequeños bocados cremosos y sabrosos; y en una tarta salada equilibra muy bien verduras de sabores más suaves, como el tomate, el calabacín, la chalota o la calabaza.
También es una opción estupenda para comidas frías, pícnics o el táper del trabajo, ya que conserva muy bien su sabor una vez que la preparación se ha enfriado.
En salsas y cremas untables queda increíblemente cremoso
No siempre pensamos en ello, pero el queso feta se puede triturar con excelentes resultados.
Combinado con yogur, limón, menta, un poco de aceite de oliva o un toque de ajo, se convierte en una salsa fresca perfecta para acompañar crudités, verduras a la parrilla, patatas, falafel o un wrap.
También podemos utilizarlo para preparar cremas untables más originales, combinándolo con verduras de sabor dulce como la calabaza, que ayuda a equilibrar su intensidad y su característico punto salado.
En las recetas mediterráneas está en su elemento
Como es lógico, el queso feta encaja de maravilla en las recetas de inspiración griega, turca y mediterránea. Pero eso no significa que tengamos que limitarlo a la clásica ensalada griega.
Es delicioso en un pastel de espinacas, envuelto en pasta filo, como relleno de panes planos o incorporado a diferentes masas y preparaciones saladas.
Además, combina especialmente bien con perejil, menta, limón y eneldo, ingredientes que realzan su carácter y aportan inmediatamente un toque fresco y mediterráneo al plato.
En wraps y bocadillos soluciona comidas rápidas
Para una comida para llevar, el queso feta es un ingrediente especialmente práctico.
Aporta muchísimo sabor sin necesidad de recurrir a salsas pesadas y combina estupendamente con hummus, rúcula, pimientos, huevos e incluso sandía.
Con unos pocos ingredientes podemos preparar un almuerzo fresco, completo y sabroso en apenas unos minutos.
Entonces, ¿qué hacemos con ese bloque de queso feta?
Al final, el queso feta es mucho más versátil de lo que solemos imaginar. Se puede servir caliente o frío, tierno o crujiente, triturado, desmenuzado, envuelto en pasta filo o incorporado a una tarta salada. Y tiene una gran ventaja: aporta muchísimo carácter incluso a las recetas más sencillas.
Así que la próxima vez que quede un trozo de queso feta en la nevera, no hace falta preparar automáticamente otra ensalada griega. Puedes convertirlo en un aperitivo al horno, una salsa fresca, un plato de pasta rápido, una quiche para llevar o un irresistible bocado crujiente.
En definitiva, un poco de queso feta suele ser suficiente para transformar por completo un plato. Y si un queso es capaz de solucionar una cena rápida, un aperitivo improvisado y el táper del día siguiente, se merece un sitio privilegiado en nuestra cocina.
Adèle Peyches
















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