Cómo evitar que una quiche suelte agua y que la base quede blanda
Un poco de masa, unos huevos, nata, verduras, queso, atún, jamón… y ya tenemos una quiche lista para acompañar con una ensalada.
El problema aparece al cortar la primera porción: el relleno ha soltado agua y la base está blanda.
No siempre ocurre por el mismo motivo. A veces son las verduras, otras el queso, la proporción de huevo y nata o una base que necesitaba unos minutos de horno antes del relleno. Corrigiendo esos detalles, la quiche queda jugosa por dentro, bien cuajada y con una base que aguanta el corte sin empaparse.
Las verduras pueden ser la causa de una quiche aguada
Las verduras con mucha agua, como calabacín, espinacas, champiñones o algunos tomates, pueden liberar bastante líquido durante el horneado. Si añadimos mucha cantidad sin cocinarlas o escurrirlas antes, parte de esa humedad acaba en el relleno y en la base.
Cuando utilices verduras muy acuosas, conviene cocinarlas primero hasta que hayan perdido buena parte del agua. Los champiñones, el calabacín y las espinacas pueden cocinarse primero en la sartén. En el caso de las espinacas, además, conviene escurrirlas muy bien antes de añadirlas a la quiche.
Si utilizas tomate fresco, puedes retirar parte de las semillas y dejarlo unos minutos en un colador para que suelte parte del jugo antes de añadirlo a la quiche.
Más relleno no siempre significa una quiche mejor
A menudo apetece rellenar bien la quiche: un poco más de queso, unas cuantas verduras más, algo de jamón… y al final podemos acabar poniendo demasiados ingredientes para la cantidad de huevo y nata.
Si hay demasiado relleno, la mezcla puede repartirse mal y cuajar de forma poco uniforme.
Lo mejor es repartir los ingredientes sin apelmazarlos y dejar espacio suficiente para que la mezcla de huevo y nata llegue a todo el relleno. Tampoco hace falta llenar el molde hasta arriba, ya que la quiche puede aumentar ligeramente de volumen durante el horneado.
El exceso de agua también puede venir del atún o la mozzarella
A veces, el problema no está en la cocción, sino en los propios ingredientes.
El atún, la mozzarella, las verduras en conserva, los tomates secos en aceite o algunos quesos frescos pueden aportar bastante líquido al relleno.
Antes de montar la quiche, es mejor escurrir bien el atún, dejar que la mozzarella pierda el exceso de suero y secar las verduras en conserva o los ingredientes marinados antes de incorporarlos.
Son pequeños cuidados que ayudan a evitar que la base termine blanda.
Una base crujiente empieza antes de añadir el relleno
En una quiche, lo más habitual es utilizar masa quebrada (también conocida como masa brisa), aunque también es frecuente recurrir a la masa de hojaldre. La masa quebrada forma una base más compacta y suele soportar bien el relleno de huevo y nata. El hojaldre queda más ligero y crujiente, pero esa textura se pierde con facilidad en la parte inferior si el relleno aporta demasiada humedad.
Si queremos reducir ese riesgo, podemos precocinar la base antes de añadir el relleno. Es lo que se conoce como cocción en blanco: Colocamos la masa en el molde, la cubrimos con papel de horno y ponemos encima unas pesas de horneado o legumbres secas. La horneamos unos minutos, después retiramos el papel y las pesas y volvemos a meterla en el horno para que la base se seque ligeramente y tome algo de color antes de añadir el relleno. Esta técnica es especialmente útil cuando el relleno es húmedo.
Con hojaldre también puede hacerse, aunque no todas las recetas lo necesitan: depende del grosor de la masa, de la cantidad de relleno y del tiempo total de horno. Si lleva verduras muy acuosas, quesos frescos o una mezcla abundante de huevo y nata, una precocción corta puede ayudar a que la base no quede blanda.
También podemos espolvorear una capa muy fina de pan rallado, sémola, almendra molida o parmesano para que absorba parte de la humedad.
También puede extenderse una fina capa de mostaza sobre la base ya precocida. No absorbe la humedad como el pan rallado o la sémola, pero aporta sabor y crea una ligera separación entre la masa y el relleno.
Huevos y nata: el equilibrio para que la quiche cuaje
Una quiche puede quedar demasiado líquida si la proporción entre huevos y lácteos no es adecuada.
Los huevos son los que permiten que el relleno cuaje durante el horneado. Si hay demasiado líquido para la cantidad de huevo, la mezcla puede quedar poco firme.
No existe una única proporción válida para todas las quiches, así que lo más seguro es respetar las cantidades de huevos, leche o nata indicadas en la receta. Si además utilizamos verduras que conservan bastante humedad, es todavía más importante escurrirlas bien antes.
Tampoco conviene llenar el molde hasta el borde. Durante el horneado, el relleno puede subir ligeramente y desbordarse.
El secreto de unas porciones firmes está también en el reposo
La quiche sale del horno dorada y con muy buen aspecto, pero conviene esperar unos minutos antes de cortarla.
Al salir del horno, el relleno está todavía muy caliente y más delicado. Si la cortamos inmediatamente, las porciones pueden abrirse y parecer más blandas de lo que estarán unos minutos después.
Déjala reposar unos 10 minutos antes de servirla. El relleno ganará consistencia y será más fácil sacar porciones limpias sin aplastar la base.
Las claves para conseguir una quiche jugosa, pero no aguada
Para que una quiche quede jugosa sin acabar aguada, lo más importante es controlar la humedad del relleno.
Cocina previamente las verduras que contienen mucha agua, escurre bien ingredientes como el atún o la mozzarella y respeta la proporción de huevos y lácteos de la receta. Si el relleno es especialmente húmedo, precocinar la base también puede ayudar.
Después del horno, deja reposar la quiche unos minutos antes de cortarla. La base conservará mejor la textura y el relleno será más fácil de servir.
Adèle Peyches










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