9 ideas para vaciar la nevera sin que la cena parezca hecha de sobras
Medio calabacín, un poco de arroz cocido, tres lonchas de queso, un tarro de aceitunas empezado y esa cucharada de pesto que lleva dos días esperando su momento. A veces abrimos la nevera convencidos de que no hay nada para cenar cuando, en realidad, hay varias cosas que simplemente no sabemos cómo combinar. La solución no consiste en mezclarlas todas.
1. Un bol completo para esas pequeñas cantidades que por separado no resuelven nada
Un poco de arroz o quinoa, medio bote de garbanzos, unas hojas de ensalada, maíz, verduras crudas, un trozo de queso o unas lonchas de salmón ahumado pueden parecer poca cosa por separado.
Juntos sí pueden formar una comida.
Los llamados buddha bowls resultan especialmente útiles para aprovechar este tipo de cantidades pequeñas porque permiten combinar una base de cereal, verduras, una fuente de proteína y algún aliño sin que todo tenga que proceder de la misma receta.
Aquí conviene mantener cierto criterio: no se trata de vaciar cinco recipientes al azar dentro del bol, sino de buscar ingredientes que combinen entre sí y terminar con un aliño que dé unidad al conjunto.
2. Una puttanesca para terminar aceitunas, alcaparras y anchoas
Hay restos que casi parecen haber sido diseñados para encontrarse.
Si tenemos un tarro de aceitunas abierto, unas pocas alcaparras, anchoas y tomate, la salsa puttanesca ofrece una salida mucho más lógica que intentar utilizar cada ingrediente por separado.
Aquí precisamente no conviene improvisar con cualquier cosa que aparezca en la nevera. La utilidad de la receta está en aprovechar ingredientes concretos que ya pertenecen al mismo perfil de sabor.
Mientras se cuece la pasta podemos preparar la salsa y convertir varios botes ya empezados en una cena con identidad propia.
3. Albóndigas o pequeñas tortitas para restos que necesitan una segunda forma
Pan que empieza a endurecerse, legumbres cocidas, algunas verduras ya hechas o pequeños restos de carne pueden convertirse en albóndigas, tortitas o pequeñas hamburguesas.
Es una buena fórmula para aprovechar cantidades que por separado no bastan para preparar un plato, porque permite picarlas, mezclarlas y darles una textura completamente nueva. Un poco de huevo, pan rallado u otro ingrediente que ayude a ligar la mezcla suele ser suficiente, aunque la cantidad dependerá de la humedad de lo que tengamos.
No se trata de juntar cualquier sobra sin criterio: unas verduras asadas necesitarán un tratamiento distinto que unos garbanzos o un resto de carne cocinada. Pero cuando los sabores encajan, darles forma y dorarlos en la sartén o en el horno puede hacer que dejen de parecer restos y se conviertan en una cena hecha a propósito.
4. Una ensalada de arroz, espelta o quinoa para aprovechar el cereal cocido
Una pequeña cantidad de arroz, quinoa, cuscús o espelta rara vez alcanza por sí sola para repetir la comida del día anterior.
En una ensalada, en cambio, puede convertirse en la base.
Añadimos alguna verdura, atún, legumbres, queso, frutos secos o lo que encaje con el conjunto y terminamos con una vinagreta. En pocos minutos tenemos un plato nuevo sin necesidad de recalentar el cereal.
Es especialmente útil cuando nos quedan varios ingredientes en cantidades pequeñas, porque la ensalada permite completar unos con otros sin que parezca que estamos comiendo exactamente lo mismo que ayer.
5. Una pinsa o una pizza para esos ingredientes que funcionan mejor como cobertura
Un trozo de mozzarella, unas verduras asadas, tomate, algo de embutido o unas cucharadas de salsa pueden quedarse días dando vueltas por la nevera porque ninguna cantidad parece suficiente para montar un plato.
Sobre una base de pizza o pinsa, la situación cambia.
No necesitamos mucha cantidad de ningún ingrediente: basta con repartirlos de manera que tengan sentido juntos.
Eso sí, interesa evitar ingredientes excesivamente húmedos o escurrirlos bien antes de añadirlos. Si cubrimos la masa con verduras que sueltan mucha agua, el intento de aprovecharlas puede terminar en una base reblandecida.
6. Patatas rellenas para convertir pequeñas sobras en una cena caliente
Las patatas tienen una ventaja cuando queremos vaciar la nevera: ofrecen una base bastante neutra y admiten rellenos muy diferentes.
Una vez asadas, podemos abrirlas, retirar parte de la pulpa y mezclarla con queso, verduras cocinadas, restos de pollo, jamón, bacon o alguna salsa que tengamos empezada.
Después volvemos a calentarlas hasta que el interior esté bien caliente y, si llevan queso, se funda.
7. Una quiche para verduras, quesos y otros ingredientes ya cocinados
Pocas preparaciones se prestan tanto a aprovechar ingredientes sueltos como una quiche.
La mezcla de huevo y leche (o nata) actúa como base y permite incorporar verduras ya cocinadas, queso, atún o pequeños restos de carne cocinada.
De nuevo, el criterio importa. No hace falta poner cuatro quesos, tres verduras y todo lo demás solo porque esté abierto. Dos o tres ingredientes que combinen suelen dar un resultado mucho mejor.
Además, una quiche puede resolver más de una comida: recién hecha funciona como cena y fría o templada puede servir al día siguiente.
8. Tostas y sándwiches para cuando realmente quedan cuatro cosas
Hay días en los que ni siquiera tenemos suficientes sobras para llenar una quiche.
Ahí entran las bruschettas, las tostas y los sándwiches.
Una cucharada de pesto, unas lonchas de queso, algunas hojas verdes, verduras asadas, tomate o un poco de pollo pueden ser suficientes para preparar algo mucho más apetecible que comer cada resto por separado.
El pan tostado, una salsa o un queso fundido ayudan además a que el conjunto parezca un plato pensado y no una sucesión de cosas rescatadas de varios recipientes.
9. Una tortilla para las verduras que quedaron cocinadas
Huevos y sobras de verduras forman una de las combinaciones más fáciles de aprovechar.
Espinacas, cebolla, calabacín, patata, pimiento, champiñones o verduras asadas pueden incorporarse a una tortilla siempre que adaptemos la cantidad de huevo a lo que tengamos.
Si las verduras están crudas, no todas deberían añadirse directamente: algunas necesitan cocinarse primero para perder agua y quedar tiernas.
Vaciar la nevera funciona mejor cuando dejamos de pensar en «sobras»
Hay una diferencia entre aprovechar comida y juntar restos.
Si miramos lo que queda en la nevera preguntándonos ¿en qué receta encajaría bien este ingrediente?, aparecen muchas más posibilidades: el arroz puede convertirse en ensalada, las verduras en una quiche, un queso empezado en relleno para unas patatas y varios tarros abiertos en una salsa para pasta.
Ese pequeño cambio de enfoque es el que evita que la cena tenga aspecto de menú improvisado.
Y también ayuda a comprar con más cabeza: antes de abrir otro paquete o empezar una receta nueva, merece la pena mirar qué tenemos ya empezado.
Aprovechar mejor la comida no significa comerse cualquier cosa por obligación. Significa conseguir que lo que todavía está en buenas condiciones vuelva a apetecer.
Daniele Mainieri








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