9 recetas con calabacín que están buenas frías, templadas o calientes
A principios de septiembre todavía es fácil acabar con varios calabacines en la nevera y no saber muy bien qué hacer con ellos. Compramos unos cuantos para preparar un salteado, aparecen otros dos en el cajón de las verduras o alguien nos trae algunos del huerto. La clave no está solo en cocinarlos antes de que se estropeen, sino en elegir recetas que sigan estando buenas al día siguiente.
Ahí es donde resultan especialmente prácticas estas preparaciones. Una quiche, una frittata, unos muffins salados, un pastel de verduras, unos flanes o unas croquetas pueden prepararse con antelación y tomarse calientes, templados o fríos. Así podemos servirlos para cenar y aprovechar lo que sobre al día siguiente en una fiambrera o una comida fuera de casa.
Además, septiembre todavía deja días bastante cálidos en los que no siempre apetece recalentar la comida. Estas nueve recetas permiten cocinar una vez y resolver más de una comida, tanto en casa como en el trabajo, un pícnic o una cena informal.
1. Muffins salados de calabacín para la cena o la fiambrera
Los muffins salados de calabacín son una de las opciones más cómodas cuando queremos cocinar con antelación. Se pueden comer calientes recién hechos, templados con una ensalada o fríos al día siguiente.
Su formato individual resulta especialmente práctico: no hace falta cortar porciones ni transportar una fuente entera. También permiten aprovechar algún calabacín que haya empezado a perder firmeza, siempre que siga estando en buen estado.
Para convertirlos en una comida más completa, puedes acompañarlos de una ensalada de tomate, verduras crudas o un poco de queso fresco.
2. Quiche de calabacín sin masa, sencilla y fácil de llevar
Una quiche sin masa prescinde de la base de hojaldre o masa quebrada de una quiche convencional, por lo que resulta especialmente sencilla de preparar. Puede servirse caliente para cenar y guardar las porciones sobrantes para tomarlas frías o templadas al día siguiente.
Es una receta útil cuando buscamos algo económico y fácil de transportar. Una vez refrigerada, se corta bien en porciones y cabe fácilmente en una fiambrera, acompañada de una ensalada o unas verduras.
3. Frittata de calabacín, buena tanto caliente como fría
La frittata es una preparación italiana a base de huevo que recuerda en algunos aspectos a una tortilla y admite todo tipo de verduras. Puede cocinarse en la sartén o terminar de cuajarse en el horno, dependiendo de la receta.
Con calabacín queda jugosa y resulta fácil de cortar en porciones. Puede servirse como plato principal con una ensalada, cortarse en pequeños cuadrados para un aperitivo o llevarse en una fiambrera.
También está buena fría, aunque si ha estado en la nevera puedes sacarla un poco antes de comer para que no esté excesivamente fría, siempre evitando dejarla durante mucho tiempo a temperatura ambiente.
4. Croquetas de calabacín al horno
Las croquetas de calabacín al horno son una alternativa práctica cuando no apetece freír. Pueden prepararse con antelación y servirse calientes, templadas o frías, aunque la textura será más crujiente recién hechas o después de recalentarlas.
Frías o a temperatura fresca combinan especialmente bien con una salsa de yogur, queso fresco con limón o una ensalada. También son una forma diferente de presentar el calabacín cuando no apetece volver a servirlo simplemente salteado o a la plancha.
5. Ensalada de pasta con pesto de calabacín
Si buscamos una receta pensada específicamente para comer fría, la ensalada de pasta con pesto de calabacín es una apuesta segura. El pesto permite aprovechar el calabacín de una manera diferente y se mezcla fácilmente con la pasta.
Puede tomarse fría o templada si se prepara justo antes de comer. Además, admite ingredientes como tomates cherry, mozzarella, aceitunas, frutos secos o hierbas aromáticas.
Es especialmente cómoda para llevar al trabajo o preparar una comida con antelación. Si utilizas ingredientes delicados, como quesos frescos, mantenla siempre bien refrigerada hasta el momento de comerla.
6. Pastel salado de sémola, calabacín y zanahoria
Un pastel salado de calabacín y zanahoria es otra de esas preparaciones que ganan puntos cuando queremos cocinar una vez y tener varias raciones listas. Puede prepararse con antelación, se corta fácilmente y está bueno tanto templado como frío.
La sémola ayuda a dar estructura al conjunto, mientras que el calabacín y la zanahoria aportan humedad y sabor. Puedes servirlo en rodajas con una ensalada o cortarlo en pequeños dados para un aperitivo.
También es una manera útil de aprovechar verduras que empiezan a perder algo de firmeza, siempre que no presenten signos de deterioro.
7. Flanes de calabacín con pesto
Los flanes salados de calabacín permiten preparar porciones individuales que resultan cómodas tanto para servir como para guardar en la nevera.
Se pueden tomar calientes con una guarnición, templados como entrante o fríos en una comida ligera. El pesto aporta intensidad y evita tener que añadir demasiados condimentos.
Para una comida sencilla, acompáñalos de tomate, una ensalada verde o unas patatas cocidas.
8. Clafoutis salado de calabacín y queso de cabra
El clafoutis salado es una alternativa interesante a la quiche cuando buscamos una preparación sin una base de masa tradicional. Con calabacín y queso de cabra se consigue un plato suave, sabroso y fácil de compartir.
Puede servirse caliente al salir del horno y guardar las porciones sobrantes para el día siguiente. Una vez frío mantiene bien la forma y resulta cómodo para llevar.
Como el calabacín contiene bastante agua, conviene evitar que aporte demasiada humedad a la preparación. Dependiendo de la receta, puede ser útil saltearlo previamente o escurrirlo bien antes de incorporarlo.
9. Bocadillo de calabacín sin pan, para tomar caliente o frío
Si buscas algo diferente, puedes utilizar el calabacín como base de una especie de sándwich o bocadillo sin pan, combinado con queso u otros rellenos.
Recién preparado resulta especialmente apetecible si lleva queso fundido, pero también puede comerse frío una vez que haya adquirido suficiente consistencia. Es una opción para una cena rápida o una comida sencilla acompañada de unas verduras o una ensalada.
En este tipo de recetas es especialmente importante controlar la humedad del calabacín, ya que un exceso de agua puede hacer que la preparación quede demasiado blanda.
Cómo conservar estas recetas con calabacín
Una vez preparadas, no conviene dejarlas durante horas sobre la encimera esperando a que estén completamente frías. Reparte las cantidades grandes en recipientes poco profundos y refrigera las sobras cuanto antes.
Como orientación general, las preparaciones cocinadas deben consumirse en unos tres o cuatro días si se mantienen correctamente refrigeradas. Aun así, puede haber diferencias según los ingredientes y la receta, así que si sabes que no vas a utilizarlas pronto, congelar las preparaciones que lo permitan puede ser una alternativa.
Para llevar una frittata, una quiche, una ensalada de pasta o cualquier otra preparación perecedera a un pícnic o al trabajo, utiliza una nevera portátil o una bolsa isotérmica con acumuladores de frío si no vas a disponer de frigorífico.
Y no te fíes únicamente de que una receta esté pensada para comerse fría: “comer frío” no significa “conservar a temperatura ambiente”. Los platos con huevo, queso, pasta cocida y otros ingredientes perecederos deben mantenerse refrigerados hasta el momento de consumirlos.
Cocina una vez y aprovecha el calabacín durante varios días
La principal ventaja de estas recetas es que no obligan a comer el plato en cuanto sale del horno o de la sartén. Muffins, quiches, frittatas, pasteles salados o ensaladas de pasta pueden prepararse con antelación y adaptarse fácilmente a diferentes comidas.
A principios de septiembre, cuando todavía alternamos días de bastante calor con otros algo más frescos, esta versatilidad resulta especialmente útil. La misma receta puede servirse caliente para cenar y convertirse al día siguiente en una comida fría para llevar.
Adèle Peyches








Comentarios