7 ingredientes típicos de la gastronomía española con mucho umami
1. Jamón ibérico curado
El jamón ibérico concentra umami durante la curación. En ese tiempo, las proteínas se rompen lentamente en aminoácidos, entre ellos el glutamato, y aparecen matices que van de la avellana al caldo limpio. Por eso una loncha buena no necesita muchos acompañamientos: grasa, sal, tiempo y paciencia hacen el trabajo. En cocina, unas virutas levantan unas alcachofas, unas habas o un huevo frito sin enmascarar el sabor.
2. Anchoas en salazón
La anchoa es uno de esos ingredientes que conviene usar con cabeza. En salazón aporta sal, sí, pero también una profundidad marina que se funde en sofritos, aliños y mantequillas. No hace falta que el plato sepa a pescado: basta una anchoa deshecha en aceite para que unas judías verdes, una ensalada de tomate o una salsa para pasta ganen cuerpo. Es el típico truco de cocina que parece trampa, pero no lo es.
3. Tomate maduro y concentrado
El tomate, sobre todo cuando está maduro o concentrado, es una fuente vegetal de glutamato. Por eso el sofrito español funciona tan bien: el agua se evapora, los azúcares se ordenan, la acidez se doma y aparece ese sabor de fondo que sostiene arroces, guisos y pistos. La clave no es correr. Un tomate cocinado deprisa queda ácido y sin profundidad; cuando se trabaja a fuego lento, desarrolla un sabor dulce, concentrado y propio de la cocina casera.
4. Quesos curados
Los quesos curados, como muchos manchegos, idiazábales o zamoranos, acumulan sabor durante la maduración. La proteólisis libera aminoácidos y aparecen notas de frutos secos, mantequilla cocida y caldo. Rallados o en lascas, realzan verduras asadas, cremas, croquetas o ensaladas templadas. Eso sí: si el queso es bueno, conviene dejar que conserve el protagonismo y no acompañarlo con demasiados elementos. Aquí, menos puede ser más.
5. Setas
Las setas, frescas o secas, aportan guanilato, uno de los grandes aliados del umami. Un boletus seco, una senderuela o una trompeta de la muerte pueden cambiar por completo un arroz o unas lentejas. En España es bastante frecuente disfrutarlas: salteadas o guisadas.
6. Ñoras y pimiento choricero: dulzor, humo suave y fondo
La ñora y el pimiento choricero no aportan umami con la intensidad de una anchoa, pero sí construyen profundidad cuando se hidratan y su pulpa se incorpora a un sofrito. En la salmorreta alicantina, en la salsa romesco o en tantos guisos del norte, su pulpa da color, dulzor tostado y una sensación de plato terminado.
7. Marisco y caldos de pescado: cuando el fondo manda
Cabezas de gamba, galeras, mejillones, espinas tostadas o morralla: el marisco y los caldos de pescado explican buena parte de la cocina marinera española. Ahí entran nucleótidos como el inosinato y compuestos que, bien extraídos, hacen que un arroz, una fideuá o una sopa sepan a puerto sin resultar agresivos al paladar. La clave está en controlar el tiempo de cocción: un buen fondo debe concentrar sabor sin volverse pesado ni amargo.
La lección práctica: combinar sin saturar
Patricia González






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