Pepino: el truco sencillísimo para hacerlo más digestivo antes de servirlo
El pepino es un poco ese recurso refrescante al que recurrimos en cuanto hace calor. Lo cortamos en rodajas, lo añadimos a una ensalada, lo metemos en un sándwich, lo mezclamos con yogur… y, en dos minutos, el plato ya huele a verano.
Pero hay un pequeño problema: a algunas personas el pepino no les sienta demasiado bien. Hinchazón, sensación de pesadez, una digestión algo complicada… ¡cuando, en principio, pensábamos que estábamos eligiendo la opción más ligera de la comida!
Lo bueno es que existe un truco sencillísimo para hacerlo más agradable de digerir.
¿Por qué el pepino puede resultar a veces difícil de digerir?
El pepino es muy rico en agua, crujiente, fresco… pero también contiene semillas y una piel que algunas personas toleran peor.
No siempre es el pepino entero el que provoca molestias. A veces son sobre todo las semillas; otras, la piel; y, en ocasiones, el hecho de comerlo muy frío o en grandes cantidades.
Y, seamos sinceros, a menudo lo preparamos deprisa. Lo sacamos de la nevera, lo cortamos, añadimos la salsa y, ¡a la mesa! Sin embargo, para los estómagos más sensibles, incorporar unos pequeños pasos adicionales puede marcar realmente la diferencia.
El truco: dejarlo sudar con sal
Para que el pepino resulte más digestivo, empieza pelándolo por completo o retirando una tira sí y otra no, si te gusta conservar un poco de color. Después, córtalo en láminas, rodajas finas, medias lunas o dados pequeños.
Colócalo en un colador, añade un poco de sal, mezcla y déjalo reposar entre 15 y 30 minutos. El pepino irá soltando parte de su agua. Quedará un poco más flexible, menos acuoso y, a menudo, más agradable de comer.
Transcurrido ese tiempo, solo tienes que secarlo rápidamente con papel absorbente o con un paño limpio. Si has añadido demasiada sal, puedes enjuagarlo muy ligeramente y secarlo bien después.
Un pequeño consejo: no añadas demasiada sal desde el principio. El objetivo es que suelte agua, no convertir el pepino en un pepinillo.
No olvides retirar también las semillas
Solo tienes que cortar el pepino por la mitad a lo largo y raspar el centro con una cucharilla. Esta parte suele contener más agua y algunas personas pueden tolerarla peor.
Una vez retiradas las semillas, el pepino también resulta más práctico para algunas recetas: ensaladas, tzatziki, tostadas, wraps o salsas frescas. Suelta menos agua, la salsa se mantiene más cremosa y la textura resulta más agradable.
Es especialmente útil si preparas una ensalada con antelación. Nadie quiere encontrarse un charco de agua en el fondo de la ensaladera en el momento de servirla.
El marinado, otra buena idea
Otra forma muy sencilla de hacer que el pepino resulte más agradable es marinarlo.
Con vinagre de arroz, limón, un poco de azúcar, sal, hierbas aromáticas o incluso un toque de salsa de soja, el pepino pierde parte de ese carácter tan acuoso y adquiere mucho más sabor. Conserva su textura crujiente, pero resulta menos «crudo» en boca.
Eso es precisamente lo que nos gusta de las ensaladas de pepino marinado: son frescas, aromáticas y perfectas para acompañar una barbacoa, un bol de arroz, pescado, pollo o platos especiados.
Nuestro consejo: prepáralo con un poco de antelación, aunque tampoco la víspera si quieres conservar su textura crujiente. Media hora de reposo suele bastar para cambiar por completo el resultado.
Evita servirlo helado
Nos encanta el pepino bien fresco, especialmente en verano. Sin embargo, cuando se toma directamente de la nevera y está muy frío, algunas personas pueden digerirlo peor.
Si eres sensible, sácalo unos 10 minutos antes de comerlo. Seguirá estando fresco, pero no tan helado. Y recuerda aliñarlo bien: limón, yogur, menta, eneldo, aceite de oliva, vinagre suave… Un buen aliño hace que el pepino resulte mucho más agradable.
Para una versión todavía más suave, combínalo con yogur o queso fresco. Así obtendrás preparaciones frescas, cremosas y perfectas para las comidas de verano.
Entonces, ¿cómo preparar el pepino para digerirlo mejor?
En resumen: pélalo si es necesario, retira las semillas, déjalo sudar con un poco de sal y sécalo bien antes de aliñarlo.
Esta pequeña preparación lleva solo unos minutos, pero cambia de verdad el resultado. El pepino suelta menos agua, la ensalada queda más agradable y, a menudo, resulta más fácil de digerir.
Ahora que ya lo sabes todo, solo falta sacar un pepino de la nevera, coger un colador y una pizca de sal… y preparar un entrante fresco que no te resulte pesado.
Adèle Peyches







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