Cómo congelar la calabaza para conservar mejor su textura y su sabor
Cuando llega la temporada de la calabaza, comprar una grande siempre parece una buena idea. Hasta que la cortamos, utilizamos media para una crema, un arroz o una receta al horno y la otra mitad empieza a ocupar sitio en la nevera mientras pensamos qué hacer con ella.
¿Por qué merece la pena congelar la calabaza cuando está en temporada?
La calabaza se conserva bastante bien entera, siempre que esté sana y la guardemos en un lugar fresco, seco y bien ventilado, alejado de la luz directa. El problema aparece cuando ya la hemos cortado o cuando tenemos más cantidad de la que podemos consumir en pocos días.
¿Se puede congelar la calabaza cruda?
La calabaza se puede congelar cruda, aunque no es el método que más se recomienda cuando queremos conservar bien su calidad durante varios meses.
Si quieres congelarla en dados, hazlo así
Pela la calabaza, retira las semillas y los filamentos y corta la pulpa en dados de tamaño parecido.
Después:
- Escalda los dados durante unos 3 minutos en agua hirviendo. No buscamos cocinarlos por completo, sino calentarlos brevemente.
- Enfríalos enseguida para cortar la cocción.
- Escúrrelos y sécalos bien con papel de cocina o un paño limpio.
- Extiéndelos en una bandeja, sin que se amontonen, y mételos en el congelador. Si van a estar varias horas, puedes cubrir la bandeja ligeramente con film alimentario para protegerlos de olores.
- Cuando estén completamente congelados, pásalos a una bolsa o recipiente apto para congelación y elimina todo el aire que puedas antes de cerrarlo.
¿Para qué sirve congelar primero los dados en una bandeja?
Congelar los trozos separados sobre una bandeja no impide que la congelación modifique la textura de la calabaza. Eso ocurrirá en cierta medida de todos modos. Lo que sí consigue es que cada dado se congele por separado. Una vez endurecidos, podemos juntarlos en una bolsa sin que formen un bloque compacto. Después será mucho más fácil sacar únicamente la cantidad que necesitamos.
Es un sistema especialmente cómodo si queremos coger un puñado para una crema, unos cuantos dados para un guiso o una ración mayor para una sopa. La congelación en bandeja se utiliza precisamente para mantener las piezas separadas.
¿Es mejor congelar la calabaza en dados o ya cocinada?
Cómo congelar el puré de calabaza
El puré es probablemente uno de los formatos más cómodos si solemos cocinar con calabaza.
¿Cuánto tiempo puede conservarse la calabaza congelada?
¿Hay que descongelar la calabaza antes de cocinarla?
No siempre.
Los dados congelados que vayamos a usar para una crema, una sopa o un guiso pueden incorporarse directamente a la cazuela. No hace falta esperar a que se descongelen.
Con el puré o la calabaza cocinada que vayamos a utilizar para unos ñoquis, una masa de bizcocho, una tarta salada o un relleno, suele ser más cómodo descongelar primero en la nevera. Así podremos comprobar si ha soltado demasiado líquido y, si hace falta, escurrirlo o cocinar la pulpa unos minutos en una sartén para que pierda humedad.
Los errores que conviene evitar
- Congelar una calabaza que ya está deteriorada. El congelador conserva; no convierte una materia prima mediocre en una buena.
- Congelar los dados crudos esperando que después tengan la misma textura que una calabaza fresca. La congelación rompe parte de la estructura celular y la pulpa tenderá a quedar más blanda.
- Guardar todos los dados juntos antes de que estén congelados. Si queremos poder sacar pequeñas cantidades, es preferible congelarlos primero separados en una bandeja.
- Envasar los dados sin secarlos bien. Después de enfriarlos, conviene retirar el exceso de agua de la superficie antes de congelarlos.
- Dejar demasiado aire dentro de la bolsa. Antes de cerrarla, expulsa todo el aire que puedas para evitar que la calabaza se reseque y pierda calidad.
- Congelar todo en una única ración grande. Dividir la calabaza según el uso que vayamos a darle evita tener que descongelar más de la necesaria.
Una calabaza en el congelador puede resolver muchas cenas
Congelar la calabaza tiene sentido precisamente porque después no necesitamos empezar de cero.
Unos dados pueden terminar en una sopa o un guiso; una bolsa de pulpa asada puede convertirse en un relleno; y una porción de puré sirve para una crema, una salsa, una masa o unos ñoquis.
La diferencia está en pensar antes qué queremos hacer con ella. Si la congelamos en el formato adecuado, dividida en raciones y bien envasada, no tendremos una bolsa olvidada en el fondo del congelador, sino un ingrediente prácticamente preparado para la siguiente receta.
Daniele Mainieri






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