¿Tus berenjenas absorben demasiado aceite? Estos trucos las dejan tiernas sin que queden grasientas
Quien haya cocinado berenjenas en la sartén conoce bien la escena: el aceite desaparece en pocos segundos y, antes de que la verdura empiece siquiera a dorarse, parece necesario añadir un poco más.
La explicación está en la propia naturaleza de la berenjena. Su pulpa es porosa y esponjosa, con pequeños espacios de aire que favorecen la absorción de grasa durante la cocción, sobre todo cuando se prepara en rodajas o en dados. El resultado, si no se controla bien la técnica, puede ser una berenjena tierna y sabrosa, pero también demasiado aceitosa.
Para evitarlo, no hace falta renunciar a la sartén ni cubrir la verdura con harina o rebozados. Basta con aplicar algunos gestos sencillos que os vamos a especificar a continuación. Con estas pautas, la berenjena conserva su textura melosa y gana sabor sin quedar pesada.
El truco más sencillo: precocinarlas
Si quieres que las berenjenas queden tiernas sin usar demasiado aceite, una de las técnicas más eficaces consiste en precocinarlas antes de dorarlas.
Unos minutos al vapor, en el microondas o incluso en la freidora de aire ayudan a ablandar su pulpa. Después, al pasarlas por la sartén, necesitan menos tiempo de cocción y resulta más fácil conseguir una buena textura sin añadir tanto aceite.
Es un pequeño atajo muy práctico: dejamos que la precocción haga parte del trabajo y reservamos la sartén para aportar sabor, color y ese toque dorado que tanto nos gusta. El resultado son unas berenjenas melosas por dentro, ligeramente tostadas por fuera y menos aceitosas. Y, sinceramente, en un salteado, con pasta o en una ensalada templada, se nota muchísimo.
La sal, un truco de toda la vida que puede ayudar
Otro método muy conocido es dejar que las berenjenas suelten parte de su agua. Para hacerlo, se cortan en rodajas o en dados, se espolvorean ligeramente con sal y se dejan reposar unos 20 minutos. Verás que empiezan a soltar algo de líquido. Después, basta con enjuagarlas rápidamente si hace falta y, sobre todo, secarlas muy bien con un paño limpio o con papel de cocina.
Este paso puede ayudar a modificar ligeramente la textura, a reducir parte de la humedad y a favorecer un mejor dorado, siempre que la berenjena quede bien seca antes de cocinarla. No es imprescindible en todos los casos, pero resulta útil si vas a preparar berenjenas en rodajas para hacerlas a la plancha o en la sartén.
Eso sí: no se trata de cubrirlas con una montaña de sal. La idea no es convertir las berenjenas en algo salado, sino ayudarlas a perder un poco de humedad antes de cocinarlas.
No viertas el aceite directamente en la sartén
Este es un error muy habitual: poner bastante aceite en la sartén y después añadir las berenjenas.
El problema es que los primeros trozos que entran en contacto con el aceite pueden absorberlo casi de inmediato. Los demás se quedan secos y, claro, acabamos teniendo la tentación de añadir más.
Nuestro consejo es pincelar las berenjenas con un poco de aceite antes de cocinarlas. Así, la grasa queda mejor repartida por todas las caras y se utiliza mucha menos cantidad.
También puedes mezclar los trozos de berenjena en un bol con una pequeña cantidad de aceite, especias, ajo, pimentón, tomillo u orégano. Después, ya sí, van directos a una sartén bien caliente.
Es sencillo, pero funciona de verdad.
Una sartén bien caliente es esencial
Si la sartén no está lo bastante caliente, las berenjenas se cocinarán lentamente, se ablandarán, soltarán agua y será más fácil que acabemos añadiendo más grasa. Lo ideal es empezar con una sartén bien caliente, a fuego medio-alto. Añade las berenjenas en una sola capa, sin amontonarlas demasiado, y deja que se doren con calma antes de removerlas.
Sí, a veces toca hacer dos tandas si la sartén es pequeña. Pero es mucho mejor que echarlo todo de golpe y terminar con unas berenjenas que se cuecen en su propia humedad.
Un buen gesto a recordar: cuanto menos las muevas al principio, más tiempo tendrán para dorarse. Y cuanto más se doren, más sabrosas quedarán.
Para un resultado tierno, acuérdate de tapar
Una vez que las berenjenas estén bien doradas, puedes bajar el fuego y tapar la sartén durante unos minutos.
Es un truco muy simple, pero ayuda mucho. El vapor que se crea bajo la tapa termina de cocinar el interior de la berenjena sin necesidad de añadir más aceite.
Así se consiguen unas berenjenas bien tiernas, perfectas para acompañar arroz, pasta, carne a la plancha, pescado o incluso para poner sobre una tostada.
Si ves que se pegan un poco, añade una cucharadita de agua en lugar de otro chorrito de aceite. Ese poco de agua generará vapor y ayudará a que terminen de cocinarse sin hacer el plato más pesado.
¿En el horno o en la freidora sin aceite?
Cuando quieres preparar berenjenas tiernas sin estar pendiente de la sartén, el horno y la freidora de aire son muy buenas opciones.
Solo hay que cortar las berenjenas, pincelarlas ligeramente con aceite, añadir las hierbas o especias que más te gusten y dejar que se cocinen. Quedan tiernas, doradas y con el sabor más concentrado, sin necesidad de moverlas en una sartén con abundante aceite.
La freidora de aire resulta especialmente práctica cuando hace calor o cuando queremos ahorrar tiempo. Permite conseguir una textura asada usando poca grasa añadida y sin encender el horno grande.
Es una opción perfecta para preparar berenjenas que luego puedes añadir a una ensalada, un bocadillo, un plato de pasta o una crema para untar.
Entonces, ¿con qué nos quedamos?
Para evitar que las berenjenas absorban demasiado aceite, el secreto es sencillo: prepararlas un poco antes de cocinarlas y controlar bien cómo se añade la grasa.
Puedes dejarlas reposar con sal, precocinarlas, pincelarlas con aceite en lugar de verterlo directamente en la sartén, usar una sartén bien caliente y taparlas al final para terminar la cocción suavemente.
Estos trucos no hacen que la berenjena deje de absorber aceite por completo, pero sí ayudan a controlar mejor la cantidad de grasa añadida y a conseguir una textura tierna sin que el resultado quede pesado.
Con estos pequeños gestos, las berenjenas quedan tiernas, sabrosas y menos aceitosas. Y así ya no hace falta vaciar media botella de aceite de oliva para disfrutarlas.
Ahora que conoces todos estos trucos, solo queda sacar una buena berenjena, un poco de ajo, unas hierbas aromáticas… y preparar un plato bien mediterráneo de esos que siempre apetecen.
Adèle Peyches
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