¿Qué vino abrir con una carbonara? No todos los tintos y blancos funcionan igual
Elegir el vino para acompañar la pasta carbonara no significa buscar una botella "importante", sino una botella capaz de estar a la altura de un plato rico, sabroso y muy directo.
El huevo, el pecorino, el guanciale y la pimienta negra crean una combinación que puede hacer que algunos vinos resulten planos y que otros parezcan demasiado secos, alcohólicos o marcados por la madera.
Por eso, más que buscar una botella “cara”, interesa fijarse en cómo va a comportarse el vino con este plato emblemático de la cocina italiana. La acidez, el cuerpo y los taninos cuentan mucho más que el precio o el prestigio de la etiqueta.
Y, como la carbonara es romana, también merece la pena mirar hacia Italia: algunos vinos de allí acompañan especialmente bien el plato y permiten llevar a la mesa una experiencia más cercana a su origen.
¿Por qué no vale cualquier vino para acompañar una carbonara?
Vinos blancos: frescura y acidez para equilibrar la carbonara
Los espumosos también son una buena elección
¿Y si preferimos acompañar la carbonara con un tinto?
Los rosados también tienen su sitio
Frascati, Verdicchio y otros blancos italianos que merece la pena probar
Aquí sí tiene sentido respetar el origen del plato.
La carbonara pertenece a la cocina romana, así que un Frascati Superiore, elaborado en el Lacio, es una de las opciones más coherentes por procedencia. Suele ofrecer frescura y suficiente cuerpo para acompañar el pecorino y el guanciale sin imponerse.
Otra buena opción es un Verdicchio, especialmente si buscamos un blanco algo más firme y con buena acidez.
También puede funcionar un Gavi, un vino blanco del Piamonte elaborado principalmente con uva Cortese, o un Chardonnay italiano con una crianza discreta, siempre que la madera no sea protagonista.
La prensa especializada en vino suele insistir precisamente en esta combinación de acidez alta y cierta amplitud en boca para acompañar la riqueza de la carbonara. Decanter, por ejemplo, recomienda blancos estructurados y frescos para este tipo de pasta.
Si queremos montar una cena muy italiana, un Frascati es probablemente la elección más divertida: no solo funciona con el plato, sino que además nos lleva al mismo territorio gastronómico de la carbonara.
Qué vino pedir en una tienda si vamos a preparar carbonara
No es necesario memorizar nombres de regiones o variedades para elegir bien.
- un blanco seco con buena acidez y cuerpo medio;
- un espumoso seco;
- o, si preferimos tinto, uno ligero, fresco y poco tánico.
- También conviene evitar vinos con mucho alcohol o una presencia muy marcada de madera.
Tres errores que conviene evitar al elegir el vino
El primero es pensar que, como la carbonara es intensa, necesita necesariamente un vino potente. Un tinto con mucho tanino y mucho alcohol puede competir con el plato en lugar de acompañarlo.
El segundo es elegir un vino claramente dulce. La carbonara no necesita más dulzor; suele funcionar mejor con vinos secos y frescos.
El tercero es servir el vino a una temperatura poco adecuada. Un blanco o un espumoso demasiado caliente parecerán más pesados, mientras que uno excesivamente frío puede perder aroma y sabor.
Blanco, espumoso o tinto: qué vino elegir para la carbonara
Si queremos una opción sencilla y fácil de encontrar en España, un cava Brut o un blanco seco, fresco y con cierto cuerpo son dos apuestas muy razonables.
Si queremos mantener el vínculo con el origen de la receta, un Frascati Superiore, un vino blanco del Lacio, o un Verdicchio, blanco típico de Las Marcas, ofrecen una experiencia más italiana y encajan muy bien con el carácter de la carbonara.
Y si somos de tinto, no hace falta renunciar: basta con evitar los vinos más tánicos y buscar algo más ligero y fresco.
Al final, la mejor elección será la que consiga algo bastante sencillo: que después de un bocado apetezca otro sorbo y después del sorbo, otro bocado.
Daniele Mainieri
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