Ni cheesecake ni japonés: La receta viral de yogur y galleta que sí merece la pena probar
Para la gente con prisa. Para la gente con antojo. Para la gente que quiere “tarta de queso” pero no quiere horno, ni varillas, ni fregar nada que no sea una cuchara. Este “cheesecake japonés” de yogur y galletas está por todas partes porque es el capricho perfecto del algoritmo: dos ingredientes, un plano cenital, nevera y final feliz.
Ahora bien: si te digo “japanese cheesecake", probablemente pienses en el soufflé cheesecake (también llamado cotton cheesecake o jiggly cheesecake): el alto, el tembloroso, el que se hace con huevos y baño maría.
Lo viral de ahora es otra cosa: un postre de nevera que, según varias piezas recientes, se populariza como “hack de dos ingredientes” y hasta se vincula con postres de tiendas tipo 7/11 en Japón.
Así que vamos a poner orden: qué es, por qué funciona, y cómo hacer bien este dulce que está arrasando en redes.
Spoiler: Merece la pena probarlo le pongamos el nombre que le pongamos
Lo cierto es que, cuando vi el invento pensé: “vale, yogur con galletas, esto no puede parecer tarta de queso ni de lejos”. Luego lo probé. Y el cerebro hace clic. Está bueno, más bueno de lo que cabría esperar. Y sí, aunque no sea una tarta de queso al uso la textura del postre se deja intuir por un motivo muy simple:
- La galleta, que es un producto seco e higroscópico, absorbe humedad con facilidad.
- El yogur (sobre todo si es griego o skyr) aporta agua, proteínas y acidez.
- Si los dejas juntos el tiempo suficiente, ocurre lo inevitable: migración de humedad. La galleta se hidrata, se ablanda, y pasa de “crujiente” a “masa cremosa” que espesa el conjunto.
Funciona por pura ciencia de los alimentos. Las galletas, pese a su baja actividad de agua, captan humedad y su textura cambia por migración de agua durante el reposo. De modo que, ese “cheesecake” viral es, básicamente, una crema espesa + una galleta rehidratada que hace de base/cuerpo que sabe realmente bien y que tiene una textura de lo más agradable.
Los ingredientes que necesitas para 1 ración
- 100 g de skyr o yogur griego natural
- 6 galletas tipo speculoos (Lotus/Biscoff)
- Vainilla (opcional)
Paso 1: Mezcla el yogur con la vainilla
Remueve el skyr o yogur griego unos segundos para que quede homogéneo. La vainilla es opcional, pero con ½–1 cucharadita ya aporta ese aroma “de tarta”; si no pones nada, funciona igual.
Paso 2: Clavar las galletas
Pon las galletas en vertical y algo separadas para que el yogur las empape bien por todos lados. Si quieres una textura más cremosa, sumérgelas del todo; si quieres algo de contraste, deja que asomen un poco.
Paso 3: Reposo
Nevera mínimo 2 horas, mejor toda la noche. Aquí sucede todo: la galleta se hidrata y cambia de textura. Con 2 horas ya se nota, pero lo ideal son 8–12 horas para un resultado más “cheesecake”.
Paso 4: Decorar, servir y deleitarse
Saca, deja reposar 1 minuto y come a cucharadas. Corona con galleta triturada o un topping ligero (fruta, cacao, hilo de crema) para no aflojar la textura.
Algunos consejos y variaciones para disfrutar aún más
En esta receta mandan dos decisiones: el yogur y la galleta. Si quieres una textura más “tarta de queso”, el skyr suele quedar más firme; el yogur griego tiende a resultar más sedoso. Con yogur normal también se puede, pero conviene escurrirlo un rato en colador fino en la nevera para quitar suero: así no “ahoga” la galleta y el conjunto no se vuelve pudin. Una vez elegido el yogur puedes aromatizarlo con el aroma que más te guste: café, matcha, crema de lotus, vainilla... aunque no es estrictamente necesario.
Por otra parte, la galleta debe ser seca y con estructura: speculoos, Lotus biscoff, digestive o de mantequilla funcionan porque se hidratan sin deshacerse. Las muy frágiles o rellenas pueden darte una crema más pastosa y menos limpia.
Y ojo con los toppings: lo que mejor funciona es lo que no aporta agua. Galleta triturada, cacao o ralladura cítrica. La fruta, mejor al servir, y la crema de speculoos o chocolate, en hilo fino: si te pasas con mermeladas o jugos, la superficie se ablanda y pierde gracia.
Ni cheesecake, ni japonés
Ni cheesecake
En sentido estricto, y por mucho que nos recuerde a una tarta de queso en boca, no podemos considerarlo una tarta de queso pues... ¡no hay queso ni crema de queso!; solo yogur (o skyr) y el efecto del reposo haciendo bien el trabajo.
Ni japonés
Tampoco es japonés en un sentido estricto: el apellido “japonés” circula como etiqueta apetecible del algoritmo, un guiño a lo exótico, más que como una pista fiable de su origen.
Lo que sí es, en realidad, es un postre de nevera de dos ingredientes, basado en una idea muy simple y muy eficaz: dejar que la galleta se hidrate y espese el conjunto hasta conseguir una crema densa, golosa y sorprendentemente redonda con lo mínimo.
¿Y tú? ¿Has caído en la tentación?
Patricia González
Comentarios
eva_carmen_v2024
Llevo mucho tiempo, aprendiendo de ustedes, me encantan las recetas y lo bien explicado, seguir así, enhorabuena a todo el equipo
anonymous
Sincero, honesto y explicado perfectamente. Gracias
Lola Castro
Me gusta el estilo de su escritura