Natural, ecológico o sin sulfitos añadidos: tres etiquetas de vino que no significan lo mismo
Una moda que también es una cuestión de lenguaje
El vino natural ha entrado en una fase curiosa: ya no es solo una botella turbia en una estantería alternativa. Ha dejado de ser una rareza reservada a unas pocas tiendas o bares especializados. Hoy aparece con mucha más frecuencia en cartas, ferias y conversaciones sobre vino, acompañado de palabras como cercanía, mínima intervención, fermentación espontánea o trabajo artesanal.
El problema empieza cuando todas esas ideas se mezclan con otras que no significan exactamente lo mismo. “Natural” no equivale a ecológico, tampoco quiere decir necesariamente “sin sulfitos añadidos” y, desde luego, no convierte automáticamente una botella en mejor para la salud. Detrás de cada una de estas expresiones hay prácticas distintas. Y conviene separarlas.
En el vino, como en tantos alimentos, una palabra atractiva puede mezclar una práctica real, una manera de entender el producto y una estrategia comercial.
Qué quiere decir natural: una filosofía, no una categoría universal
- fermentaciones espontáneas,
- pocos o ningún aditivo,
- escasa manipulación y
- un uso muy limitado (o inexistente) de sulfuroso añadido.
- el uso de uvas certificadas ecológicas,
- vendimia manual,
- fermentación con levaduras propias de la uva y
- no se permiten aditivos durante la elaboración, salvo una pequeña cantidad de sulfitos al final, que debe declararse.
Ecológico: aquí sí manda la norma
Sin sulfitos añadidos no significa sin sulfitos
Qué nos dice realmente una etiqueta de vino
Patricia González
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