Fiambrera para la vuelta al cole: cómo evitar los olores fuertes en la oficina o en el colegio
La fiambrera es una idea estupenda sobre el papel. Ahorras, comes lo que te gusta, evitas comprar cualquier cosa a toda prisa y llegas a mediodía con una comida de verdad preparada. Pero hay un detalle en el que no siempre pensamos al llenarla: el olor.
Porque abrir una fiambrera en la oficina, en la sala de descanso o en el colegio no es exactamente lo mismo que servir ese plato en casa. Algunos ingredientes que funcionan perfectamente en nuestra cocina pueden resultar mucho más intensos en un espacio cerrado. Atún, sardinas, huevos cocidos, col, ajo, cebolla cruda o quesos muy curados están buenísimos, pero no siempre son los más discretos a la hora de comer rodeados de otras personas.
No hace falta preparar comidas insípidas para evitar este problema. Una fiambrera sin olores demasiado fuertes puede ser apetecible, completa y muy fácil de preparar. Basta con elegir bien los ingredientes, llevar algunas salsas aparte, mantener correctamente fría la comida y evitar determinadas combinaciones cuando sabemos que vamos a comer en un espacio compartido.
El olor que acaba ocupando toda la sala de descanso
Uno de los errores es preparar una fiambrera exactamente igual que prepararíamos una comida para tomar en casa. Una ensalada de atún bien aliñada, huevos cocidos, sobras de pescado, una salsa con bastante ajo o determinados quesos pueden estar deliciosos, pero sus aromas se concentran después de varias horas dentro de un recipiente cerrado.
Al abrirlo, el olor se libera de golpe. Y si la habitación es pequeña, está poco ventilada o la compartes con varias personas, tu comida puede hacerse notar bastante más de lo que esperabas.
Por eso, para una fiambrera de vuelta al cole o al trabajo, puede ser buena idea reservar los ingredientes especialmente aromáticos para casa o utilizarlos con moderación. El objetivo no es renunciar al sabor, sino escoger preparaciones que resulten agradables también en un espacio compartido.
Ingredientes que conviene utilizar con algo de cuidado
Hay algunos alimentos que llaman especialmente la atención por su aroma. El pescado en conserva, como el atún, las sardinas o la caballa, puede tener un olor bastante intenso al abrir el recipiente. Los huevos cocidos también pueden desprender un aroma característico después de pasar varias horas cerrados.
Entre las verduras, la col, el brócoli muy cocinado, el puerro, la cebolla cruda y el ajo pueden resultar especialmente intensos. Algo parecido ocurre con algunos quesos muy curados o de aroma fuerte.
Eso no significa que estos alimentos estén en mal estado ni que haya que eliminarlos de la dieta. Es simplemente una cuestión práctica cuando vamos a comer en una oficina, un aula o una sala compartida.
Si quieres una fiambrera más discreta, puedes recurrir a ingredientes como arroz, pasta, patata, cuscús, quinoa, espelta, zanahoria, pepino, calabacín, tomates cherry, garbanzos, queso fresco, mozzarella o pollo cocinado.
La regla número uno: enfriar correctamente la comida antes de transportarla
A menudo pensamos solo en los ingredientes, pero la temperatura es todavía más importante. Si cerramos inmediatamente una preparación muy caliente en un recipiente, se formará bastante condensación y algunas texturas pueden deteriorarse.
Pero eso no significa que debamos dejar arroz, pasta, verduras cocinadas, tortilla, pollo u otras preparaciones durante horas sobre la encimera esperando a que se enfríen.
Una vez cocinada la comida, repártela en porciones si es necesario para que pierda calor con mayor rapidez y métela en la nevera cuanto antes. Como regla general, los alimentos perecederos no deberían permanecer más de dos horas a temperatura ambiente, y todavía menos si hace mucho calor.
Por la mañana, saca la fiambrera de la nevera justo antes de marcharte. Si al llegar al trabajo o al colegio tienes frigorífico, guárdala allí. Si no lo hay, utiliza una bolsa isotérmica con uno o varios acumuladores de frío, especialmente cuando la comida contiene pollo, huevo, queso fresco, yogur o cualquier otro ingrediente perecedero.
Mantener la comida bien fría no solo ayuda a conservar mejor su calidad: es, ante todo, una cuestión de seguridad alimentaria.
Las salsas: buenas aliadas, pero mejor aparte
Una salsa puede hacer que la fiambrera resulte mucho más apetecible, pero también puede intensificar bastante su aroma. Si vas a comer en un espacio compartido, quizá prefieras evitar las elaboradas con mucho ajo, cebolla cruda, quesos muy fuertes o condimentos especialmente intensos.
En su lugar, puedes recurrir a salsas sencillas como yogur con limón, queso fresco con hierbas aromáticas, una vinagreta suave, pesto en pequeñas cantidades, tahini o aceite de oliva con limón.
Y, siempre que sea posible, lleva la salsa en un recipiente pequeño aparte.
Esto tiene además otra ventaja: evita que la pasta, el arroz, las hojas de ensalada o el pan permanezcan durante horas empapados en el aliño. A la hora de comer, solo tienes que añadirlo y mezclar.
Ideas de recetas sencillas para llevar
Para preparar una comida que siga resultando apetecible a mediodía y no tenga un aroma demasiado intenso, las ensaladas de cereales, la pasta con verduras, los pasteles salados suaves o las recetas con calabacín son opciones especialmente cómodas.
Una ensalada de espelta con verduras asadas, por ejemplo, se transporta bien, puede comerse fría y admite muchos ingredientes sin necesidad de recurrir a sabores especialmente fuertes.
Otra posibilidad es una pasta con calabacín, tomates cherry, queso fresco y limón. Si quieres mantener una buena textura hasta mediodía, puedes llevar parte del aliño o de la salsa por separado y añadirlo justo antes de comer.
En ambos casos, recuerda mantener la fiambrera correctamente refrigerada hasta el momento de consumirla.
Wraps y bocadillos: prácticos, pero no con cualquier relleno
Los wraps y los bocadillos son muy prácticos para la vuelta al cole o al trabajo: son fáciles de transportar, no necesitan cubiertos y normalmente tampoco hay que recalentarlos. Pero, una vez más, el resultado depende mucho del relleno.
Si buscas una opción discreta, quizá prefieras evitar una mezcla con mucho atún, huevo cocido machacado, cebolla cruda o salsas muy aromáticas.
En su lugar, puedes utilizar queso fresco, verduras asadas, pollo cocinado, lechuga bien escurrida, zanahoria rallada o mozzarella. Lo importante es no añadir demasiada humedad, porque el pan o la tortilla pueden terminar blandos antes de llegar la hora de comer.
Una combinación de queso fresco, rúcula, tomate y verduras asadas puede ser una alternativa sencilla para estos primeros días de septiembre, cuando todavía apetecen rellenos frescos pero ya hemos vuelto a la rutina.
Qué puedes preparar el día anterior
Muchas partes de la fiambrera pueden dejarse preparadas el día anterior: cocer arroz, pasta o espelta, asar verduras, preparar una salsa suave, cortar zanahorias o dejar lista una ensalada. La clave es refrigerar correctamente los alimentos una vez preparados y montar por la mañana lo que pueda perder textura durante la noche.
Los muffins salados de calabacín también son muy prácticos: se transportan fácilmente y se pueden comer fríos o ligeramente templados. Acompañados de unas verduras y una salsa de yogur bien refrigerada, pueden convertirse en una fiambrera sencilla.
En la misma línea, una tarta salada de queso fresco, albahaca y tomates cherry puede prepararse con antelación, cortarse en porciones y llevarse en un recipiente adecuado, siempre que se mantenga refrigerada hasta la hora de comer.
Ese pequeño detalle que puede mejorar la pausa para comer
Antes de cerrar la fiambrera, puedes hacerte una pregunta muy sencilla: «¿Me apetecería abrir este recipiente en una habitación pequeña con varias personas alrededor?» Si la respuesta es no, quizá puedas cambiar uno o dos ingredientes.
Puedes sustituir la cebolla cruda por hierbas aromáticas, recurrir a pollo o garbanzos en lugar de pescado en conserva, cambiar un queso muy intenso por uno más suave o sustituir una salsa cargada de ajo por un aliño de limón y hierbas.
Una fiambrera sin olores fuertes no tiene por qué ser una fiambrera sin sabor. Se trata simplemente de pensar un poco en dónde vamos a comerla, mantenerla correctamente refrigerada y elegir ingredientes que sigan resultando apetecibles después de varias horas sin anunciar nuestro menú a toda la oficina.
Adèle Peyches




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