Cómo saber si un melón está malo: las señales que indican que no deberías comerlo
Entre las frutas de verano que más apetece servir bien fresquitas, el melón ocupa un lugar de honor.Con jamón en el aperitivo, en ensalada, en bolitas con mozzarella o simplemente cortado en tajadas para el postre, es uno de esos pequeños placeres que saben a comidas al sol.
Pero claro, un melón también puede salir rana. Demasiado duro, demasiado maduro, fermentado, harinoso o, directamente, en mal estado. Y cuando ya lo hemos abierto, no siempre apetece ponerse a hacer cábalas delante de la tabla de cortar.
Entonces, ¿cómo saber si un melón todavía se puede comer o si es mejor tirarlo? Lo repasamos de forma sencilla.
Antes de abrirlo, fíjate en su aspecto
Un melón entero debe estar firme, pesar para su tamaño y tener la piel sin zonas muy blandas, grietas profundas ni restos de moho.
Si cede un poco en la zona del pedúnculo, no tiene por qué ser mala señal: incluso puede indicar que está maduro. En cambio, si está blando en varias partes, hundido, pegajoso o dañado, conviene desconfiar.
Cógelo con las manos. Si parece muy ligero, demasiado blando o da la sensación de estar “pasado”, probablemente ya haya dejado atrás su mejor momento.
El olor debe ser agradable, no fuerte
Un buen melón huele bien. Su aroma es suave, afrutado y dulce, a veces más intenso según el punto de maduración.
Pero cuidado: si el olor es muy fuerte, agrio, alcohólico o recuerda a fermentado, la cosa cambia. Un melón demasiado maduro puede empezar a fermentar, sobre todo si se ha conservado durante demasiado tiempo o si, una vez cortado, se ha dejado a temperatura ambiente.
Y ahí no vale el clásico “voy a probar un poco a ver”. Si el olor te echa para atrás, rara vez es buena señal.
Un buen gesto es oler el melón antes de cortarlo y volver a hacerlo después de abrirlo. Por fuera puede parecer correcto, pero el interior puede contar otra historia.
¿La pulpa está viscosa o pastosa? Mejor no arriesgar
Una vez abierto, el melón debe tener una pulpa jugosa, firme y agradable. Según la variedad, puede ser más o menos tierna, pero no debería estar babosa, viscosa ni claramente blanda.
Si la pulpa se deshace sola, está pastosa, fibrosa, pegajosa o suelta un líquido turbio con un olor extraño, es mejor no comerlo.
Un melón algo pasado de maduración todavía puede aprovecharse en una sopa fría o en un batido, siempre que el olor, el color y la textura sigan siendo normales. Pero si hay dudas sobre su frescura, no merece la pena intentar “salvarlo” a toda costa.
Cuidado con las manchas y el moho
Si ves moho en la pulpa, en una rodaja ya cortada o alrededor de las pepitas, hay que tirarlo.
Lo mismo ocurre si algunas zonas están marrones, negras, muy blandas o tienen un aspecto raro. Un melón debe resultar apetecible: pulpa anaranjada, limpia, fresca, sin olores extraños ni partes sospechosas.
Y aunque la mancha parezca pequeña, no conviene limitarse a cortar alrededor cuando el fruto ya está abierto y húmedo. El moho y el deterioro pueden estar más extendidos de lo que parece.
En resumen, con el melón se puede aplicar una regla sencilla: si su aspecto te hace dudar demasiado, mejor no correr riesgos.
¿Sabe ácido, picante o efervescente? No lo comas
Un melón puede ser muy dulce, algo soso o incluso tener poco aroma. No es lo ideal, pero eso no significa necesariamente que esté malo.
Lo que no debería ocurrir es que pique en la lengua, tenga sabor alcohólico, ácido, fermentado o una sensación efervescente. Eso puede indicar que ha empezado a estropearse.
En ese caso, deja de comerlo de inmediato. Aunque el primer bocado no te parezca “para tanto”, no es buena idea seguir.
Sí, da pena tirarlo. Pero, sinceramente, un melón dudoso no merece estropear el postre.
El melón cortado debe guardarse en la nevera
Una vez cortado, el melón es más delicado. La pulpa deja de estar protegida por la piel y puede contaminarse con el cuchillo, la tabla, las manos o simplemente por el contacto con el aire.
Lo recomendable es refrigerar la fruta cortada lo antes posible o, como máximo, en las dos horas siguientes. Si la temperatura supera los 32 ºC, por ejemplo en un picnic o dentro de un coche caliente, ese margen se reduce a una hora.
Para hacerlo bien, guárdalo en un recipiente hermético en la nevera o cubre bien la parte cortada con film. Y evita dejarlo toda la tarde sobre la mesa “porque seguro que luego cae otra tajada”. Ese es el clásico despiste que conviene evitar.
¿Hay que lavar el melón antes de cortarlo?
Puede parecer innecesario, pero el cuchillo atraviesa la corteza antes de llegar a la pulpa. Si la piel está sucia, los microorganismos pueden pasar del exterior al interior durante el corte.
Por eso se recomienda lavar frutas y verduras bajo el grifo antes de prepararlas, incluso aquellas cuya piel o corteza no se come. No hace falta usar jabón, detergente ni productos especiales para lavar frutas y verduras.
Así que lo más sencillo es enjuagar el melón con agua, frotar suavemente la piel con un cepillo limpio si hace falta y secarlo antes de cortarlo.
Para saber si un melón ya no está bueno, quédate con estas señales
Olor agrio o fermentado, pulpa viscosa o pastosa, zonas muy blandas, moho, color extraño o sabor ácido, picante o efervescente.
En cambio, un buen melón debe oler agradablemente a fruta, tener una pulpa limpia, jugosa y fresca, y resultar apetecible desde la primera tajada.
Y para evitar sustos, conviene lavarlo antes de cortarlo, usar una tabla limpia, meterlo en la nevera cuanto antes una vez abierto y conservarlo bien tapado.
Ahora que ya sabes en qué fijarte, solo queda escoger un melón bien aromático… y disfrutarlo antes de que se pase al lado oscuro del cajón de la verdura.
Adèle Peyches


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