¿Salpicas toda la cocina al abrir una granada? Este método evita el desastre
Una granada bien madura promete mucho: granos jugosos, dulces, con ese punto ácido que alegra una ensalada o un yogur. Hasta que toca abrirla. Basta hundir el cuchillo donde no debes para que el zumo rojo acabe en la tabla, en la encimera y, si te descuidas, en la camiseta. Y todavía queda lo peor: sacar los granos uno a uno, peleándote con las partes blancas.
Por eso hay quien compra granadas con entusiasmo y luego las deja olvidadas en el frutero. Pero no hace falta resignarse a las manchas ni dedicar una eternidad a desgranarlas. El error suele estar en cómo empezamos a abrir la fruta. Si cambias ese primer gesto y haces el resto de una forma bastante menos aparatosa, puedes sacar los granos enteros y mantener la cocina limpia. Vamos por partes.
El primer error es partir la granada por la mitad
Cuando cortamos la granada de lado a lado, el cuchillo atraviesa también muchos de sus granos. Y cada grano roto es una pequeña salpicadura en potencia. La solución empieza por abrir la piel sin cortar el interior.
Lava la granada bajo el grifo y sécala. Aunque no vayas a comerte la piel, la vas a cortar con un cuchillo, así que conviene limpiarla antes. Ponla sobre una tabla estable, con la corona (esa especie de flor seca que tiene en uno de los extremos) mirando hacia arriba.
Con un cuchillo pequeño, retira con cuidado la zona de la corona, sin hundir la hoja hasta el centro. Al levantar esa parte de la piel podrás distinguir las membranas blancas que separan los grupos de granos.
Haz varios cortes poco profundos en la cáscara, de arriba abajo, siguiendo aproximadamente esas divisiones. Si no las ves bien, reparte los cortes alrededor de la fruta. Queremos marcar la piel, no atravesar los granos. Ahora viene el paso que evita que el zumo acabe por todas partes.
El secreto está en un cuenco con agua
Llena un cuenco grande con agua suficiente para cubrir la granada. Mete la fruta dentro y, con las manos sumergidas, ábrela por los cortes que acabas de hacer. Se irá separando en varios trozos. Si alguno ofrece resistencia, no tires con fuerza: sácalo del agua, prolonga un poco el corte en la piel y vuelve a sumergirlo.
Sin sacar los trozos del cuenco, desprende los granos con los dedos. Puedes empujarlos suavemente con el pulgar. No hace falta rasparlos ni apretarlos: la idea es soltarlos, no exprimirlos.
Mientras trabajas, verás que la mayoría de los granos se hunden y muchos trozos de membrana blanca flotan. Retira esos trozos con la mano o una espumadera. Después vierte el contenido en un colador, comprueba que no queden restos de piel y deja escurrir.
¿Por qué este método mancha menos? Porque los cortes superficiales rompen menos granos y el agua contiene el zumo que pueda salir al separarlos. Además, te facilita retirar las membranas blancas, cuyo sabor amargo puede estropear un bocado. Así consigues separar los granos sin tener que pelearte con la fruta ni dejar la encimera perdida de zumo.
¿Y el truco de la cuchara de madera?
Quizá hayas visto otro método en vídeos: se corta la granada por la mitad, se coloca boca abajo sobre un cuenco y se golpea la piel con una cuchara de madera para que caigan los granos.
Puede funcionar y es rápido, pero no siempre evita las salpicaduras. Al partir la fruta y golpearla, algunos granos se rompen. Si prefieres hacerlo así, utiliza un cuenco hondo y procura no golpear con demasiada fuerza.
Si lo que buscas es desgranar la granada sin manchar la cocina, hacerlo dentro del agua te permite controlar mejor el proceso, aunque lleve un poco más de tiempo.
Y ahora que tienes los granos limpios, ¿qué haces con ellos?
Una vez desgranada la granada (valga la redundancia), deja de parecer una fruta trabajosa. Sus granos quedan estupendos en una ensalada de canónigos y queso fresco, con yogur natural o repartidos sobre unas verduras asadas. Su sabor dulce y ácido y ese pequeño crujido combinan especialmente bien con ingredientes cremosos.
También puedes utilizarlos en esta calabaza rellena de quinoa y granada, donde aportan frescor y color al relleno:
Si preparas los granos con antelación, escúrrelos, guárdalos en un recipiente limpio y cerrado en la nevera y consúmelos en los días siguientes. Quizá así la próxima granada no se quede esperando en el frutero solo por no tener ganas de abrirla.
Adèle Peyches

Comentarios