¿Patatas Hasselback perfectas? Estos son los errores más comunes al preparar esta guarnición sueca
Hay recetas que entran por los ojos antes de que nadie pregunte qué llevan. Las patatas Hasselback, o patatas al estilo sueco, pertenecen a esa categoría: una simple patata asada que, gracias a una hilera de cortes finísimos, se abre en el horno como un acordeón dorado. Por dentro queda tierna; por fuera, cada lámina queda crujiente. Nacieron en el restaurante Hasselbacken, en Estocolmo, en los años 50, y desde entonces se han convertido en una guarnición con aspiraciones de plato estrella. No tienen misterio, pero conviene repasar los errores más comunes al preparar patatas Hasselback y cómo evitarlos para que mantengan la forma y se doren correctamente.
1. Hervirlas antes para ahorrar tiempo
Hay una forma muy rápida de arruinar unas patatas Hasselback, y además es tentadora: intentar “ayudar” al proceso. Hervirlas antes, avanzar trabajo, ganar tiempo. Es un error que arruinará el resultado. Una Hasselback necesita llegar al horno cruda, firme y bien cortada. Si empieza ya reblandecida, es fácil que se abra sin control, se rompa o acabe con una textura más cercana a una patata deshecha que a una pieza laminada.
2. Elegir una patata demasiado harinosa
Las patatas muy harinosas funcionan bien en purés y en algunos asados, pero aquí pueden agrietarse con facilidad. Para esta receta convienen piezas de carne firme, tamaño medio y forma regular.
Lo importante es que aguanten bien el corte y la cocción. Una patata blanda, vieja o demasiado irregular dará más problemas. Para unas Hasselback funcionan bien variedades como Kennebec o Monalisa.
3. Cortar hasta el fondo
La patata debe quedar laminada, no cortada en rodajas. Los cortes tienen que ser profundos, pero sin llegar a la base. Esa parte inferior intacta es la que mantiene la pieza unida.
Para evitarlo, basta con colocar la patata entre dos cucharas de madera, dos tablas de cocina o dos palillos chinos. El cuchillo se detiene antes de tocar la tabla y el corte queda más controlado
4. Hacer cortes demasiado gruesos
Si los cortes quedan muy separados, la patata se asa, pero no se abre bien. La grasa entra peor entre las capas y el resultado pierde parte de su textura característica.
Conviene hacer láminas finas y regulares. No hace falta medir cada corte, pero sí mantener un grosor parecido en toda la pieza.
5. Meterlas al horno húmedas
Si se lavan o se dejan en agua para evitar que se oxiden, hay que secarlas bien antes de hornear. La humedad retrasa el dorado y deja una superficie menos apetecible.
Un paño limpio o papel de cocina son suficientes. Es un paso rápido y mejora mucho el acabado.
6. Usar poca grasa
En las patatas Hasselback, la mantequilla o el aceite forman parte de la técnica. Ayudan a transmitir el calor, favorecen que las láminas se separen y aportan sabor entre los cortes.
No basta con pincelar la superficie al principio. Conviene repetir durante el horneado, cuando la patata empieza a abrirse y la grasa puede entrar mejor.
7. Pelarlas antes de cortarlas
Pelar la patata no es lo más recomendable. La piel ayuda a mantener la patata unida, protege la superficie durante el horneado y mejora el acabado. Siempre que la patata esté en buen estado, bastará con lavarlas bien y secarlas.
8. Hornearlas con prisa
Las Hasselback necesitan tiempo para quedar tiernas por dentro y doradas en los bordes. Con un horno demasiado bajo, se ablandan sin dorarse bien. Con demasiado calor, pueden tostarse por fuera antes de terminar la cocción.
Una temperatura de 200-220 ºC suele dar buen resultado, aunque dependerá del tamaño de la patata y del horno. La referencia más fiable es la textura: centro tierno y bordes dorados.
Patricia González
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