Ni bikini ni croque-monsieur: el sándwich italiano de queso fundido que tienes que probar
El sándwich mixto nos ha arreglado muchas cenas. En Cataluña lo llaman bikini; en Francia tienen el croque-monsieur, con su queso gratinado, y el club sándwich se ha ganado un sitio en las cartas de medio mundo. Pero en Italia hay otro que merece entrar en esa conversación: la mozzarella in carrozza.
Imagina dos rebanadas de pan con mozzarella en medio, pasadas por un rebozado y fritas hasta que quedan doradas. Al partirlas, el pan cruje y el queso caliente se estira entre las dos mitades. No lleva ingredientes difíciles ni exige saber hacer masa de pizza. Es, sencillamente, una forma muy italiana de conseguir que un bocadillo de queso sea algo especial.
La versión tradicional se fríe en aceite, pero también podemos prepararla en la freidora de aire. Primero merece la pena conocer este pequeño clásico; después veremos cómo conseguir que quede dorado y que la mozzarella se funda dentro, en vez de escaparse por los bordes.
Qué es la mozzarella in carrozza y por qué gusta tanto en Italia
La mozzarella in carrozza es una especialidad asociada sobre todo a Campania, la región de Nápoles. Surgió como una manera de aprovechar el pan y la mozzarella que habían dejado de estar en su mejor momento. Se colocaba el queso entre dos rebanadas, se rebozaba y se freía: con unos pocos ingredientes se conseguía una comida caliente, contundente y muy apetecible.
Su nombre significa literalmente «mozzarella en carroza». La imagen es simpática: el queso viaja protegido entre dos trozos de pan. El origen exacto del nombre se explica de distintas maneras, pero para disfrutar del plato no hace falta resolver el misterio.
Como sucede con muchas recetas populares, hay versiones diferentes. En Roma es habitual encontrarla con mozzarella de leche de vaca y, en algunas preparaciones, con anchoas; en Venecia también existen variantes propias. La idea, sin embargo, es reconocible en todas ellas: pan dorado por fuera y queso que se funde en el interior. A diferencia del mixto de toda la vida, aquí el pan se reboza antes de cocinarlo. Esa capa exterior es buena parte de la gracia.
Si ya te está entrando hambre, aquí tienes la receta para prepararla:
El truco empieza antes del rebozado: secar la mozzarella
La mozzarella fresca tiene bastante agua. En una ensalada eso es estupendo; entre dos rebanadas de pan que queremos dejar crujientes, no tanto. Si la ponemos directamente del envase, puede soltar suero durante la cocción, ablandar la miga y abrir el empanado.
Para dos bocadillos, utiliza unos 150 g de mozzarella fiordilatte (la elaborada con leche de vaca). Córtala en lonchas de unos 5-7 mm, déjala escurrir en un colador durante 20-25 minutos y termina de secarla con papel de cocina. No hace falta aplastarla: se trata de retirar la humedad superficial.
¿Tienes mozzarella de búfala? También sirve, aunque conviene comprobar cuánto suero trae y secarla con cuidado. Si es la primera vez que preparas esta receta, el fiordilatte te lo pone más fácil. Si quieres conocer mejor sus diferencias, puedes leer nuestros consejos para disfrutar de la mozzarella de búfala.
Un bocadillo bien cerrado es medio camino recorrido
Necesitas cuatro rebanadas de pan de molde. Retira las cortezas, reparte la mozzarella sobre dos de ellas y cubre con las otras dos. Deja un pequeño margen sin queso alrededor: así será más fácil sellar los bordes.
Presiona el perímetro con los dedos para que las rebanadas se unan. Este paso parece poca cosa, pero cuando la mozzarella se funda buscará cualquier rendija por la que salir. Y queremos el queso dentro del bocadillo, no formando una costra en el fondo de la freidora.
Ahora prepara tres platos: uno con harina (la común de trigo sirve; no necesitas comprar harina italiana 00), otro con dos huevos batidos y una pizca de sal y el tercero con pan rallado. Pasa cada bocadillo por ese orden, sin olvidarte de los laterales ni de las esquinas. Si ves algún hueco en el empanado, cúbrelo antes de cocinar.
Freidora de aire: 190 °C y ojo con los últimos minutos
Coloca los bocadillos en la cesta sin apilarlos y reparte por la superficie una pequeña cantidad de aceite de oliva virgen extra; para los dos bocadillos, basta con aproximadamente una cucharada en total. Una capa fina ayuda a dorar el empanado: no hace falta empaparlo.
Cocínalos a 190 °C durante unos 10-12 minutos y dales la vuelta a mitad del tiempo. Como no todas las freidoras calientan igual, empieza a vigilarlos hacia el final. Deben quedar dorados por ambos lados, con el centro bien caliente y el queso fundido. Dejarlos varios minutos extra «por si acaso» puede resecar el pan o hacer que el relleno se salga.
Cuando estén listos, sácalos con cuidado y deja que reposen apenas un momento antes de cortarlos. El queso estará muy caliente, aunque por fuera parezcan unos inocentes sándwiches empanados.
Los fallos que separan un bocado crujiente de uno blandengue
Si la primera tanda no sale como esperabas, suele haber una explicación sencilla. El pan se ablanda cuando el queso conserva demasiada agua; la mozzarella se escapa si los bordes no estaban bien unidos o quedaron zonas sin empanar; y el rebozado se dora a parches cuando el aceite no se reparte bien o el aire caliente no puede circular entre los bocadillos.
También importa el pan: uno excesivamente fino se rompe con facilidad al rellenarlo y rebozarlo. Elige rebanadas que aguanten la manipulación, sin que sean tan gruesas que el queso quede perdido entre tanta miga.
La solución, por suerte, no consiste en complicarse la vida: mozzarella bien escurrida, cierre cuidadoso, empanado completo y espacio suficiente en la cesta. Cuatro gestos pequeños que se notan mucho al dar el primer bocado.
¿Se puede dejar preparada? Sí, pero hay un momento para cocinarla
Si vienen amigos a cenar, puedes montar y empanar los bocadillos unas horas antes, taparlos y guardarlos en la nevera. Así, cuando llegue el momento, solo tendrás que encender la freidora de aire. No los dejes esperando en la encimera: llevan queso fresco y huevo en el rebozado.
Eso sí, es mejor cocinarlos justo antes de comer. Recién hechos es cuando el exterior está más crujiente y el queso conserva esa textura que invita a separar las dos mitades para verlo estirarse.
Si sobra alguno, guárdalo pronto en un recipiente cerrado en la nevera y consúmelo en uno o dos días. Para recalentarlo, prueba la freidora de aire a 180 °C durante unos 4-5 minutos, ajustando según su tamaño hasta que el centro quede bien caliente. El microondas calienta, pero suele dejar el empanado blando.
A la mesa: algo fresco al lado y servilletas cerca
La mozzarella in carrozza tiene suficiente personalidad para resolver una cena informal o salir al centro de la mesa como aperitivo. Le sienta especialmente bien una ensalada de tomate con un aliño sencillo: su frescor y su acidez equilibran el queso y el empanado.
Y no la cortes mucho antes de servirla. La gracia está en escuchar cómo cruje el pan y encontrarse el queso todavía fundido. Después de haber secado la mozzarella, sellado los bordes y vigilado la cesta, sería una pena comérsela fría.
Daniele Mainieri
Comentarios