¿Amas u odias la canela? Este pequeño detalle en tu ADN podría tener la respuesta

lunes 19 enero 2026 09:00 - Mirella Mendonça
¿Amas u odias la canela? Este pequeño detalle en tu ADN podría tener la respuesta

¿Te basta con oler canela para pensar en confort, postres recién hechos y recuerdos de infancia? ¿O, por el contrario, te echa para atrás, notas una especie de escozor al fondo de la garganta y no entiendes cómo puede gustarle eso a nadie?

No, ninguna de las dos reacciones es exagerada. Y la ciencia tiene una explicación muy interesante. La forma en que percibes la canela puede estar influida por tu ADN.


Amor y odio por la misma especia

La canela es una de las especias más antiguas del mundo. Está en recetas tradicionales, en bebidas navideñas e incluso en perfumes. Aun así, despierta opiniones muy distintas: hay quien la describe como cálida, dulce y reconfortante, y hay quien la siente demasiado intensa, “agresiva” o incluso desagradable.

Lo llamativo es que esta diferencia no siempre se reduce a gustos personales o a costumbres culturales. La investigación sugiere que, en parte, puede deberse a diferencias genéticas.

Qué tienen que ver tus genes con el gusto y el olfato

Para entenderlo, conviene recordar algo básico: el gusto y el olfato son sentidos complejos, y ambos están muy condicionados por la biología. En tu ADN hay genes que participan en la formación de receptores del gusto y del olfato. Esos receptores son, por así decirlo, “puertas de entrada” que ayudan al cerebro a interpretar sabores y aromas.

En la canela, el aroma característico se debe sobre todo a un compuesto llamado cinamaldehído. Es el responsable de ese olor tan reconocible que muchas personas asocian a la Navidad o a un bizcocho casero. Pero no todo el mundo huele la canela de la misma manera.

Según distintas investigaciones, algunas personas tienen variantes genéticas que hacen que ciertos receptores sean más sensibles a ese compuesto. ¿Qué significa esto en la práctica? Que mientras unas personas captan un aroma dulce y agradable, otras pueden notar algo más penetrante, más “químico” o con un punto irritante. Para este segundo grupo, la canela puede resultar realmente incómoda… y no es cuestión de manías.

La canela y la “zona” del ADN que marca diferencias

Un estudio publicado en 2020 identificó una región del genoma asociada a la capacidad (o no) de detectar el olor de la canela. Las personas con una determinada variante genética mostraban respuestas distintas ante el mismo estímulo aromático.

Dicho de otro modo: tu código genético puede inclinar la balanza hacia que el olor a canela te abra el apetito… o te dé dolor de cabeza.

Este tipo de hallazgos encaja con otros casos conocidos. Por ejemplo, el que se menciona a menudo con el cilantro (para algunas personas es delicioso y para otras sabe “a jabón”), o el gen TAS2R38, que influye en cuánto amargor percibimos en ciertos vegetales.

Más allá del paladar: sentidos, memoria e identidad

Entender estas diferencias no sirve solo para quitarle hierro al tema o para saciar la curiosidad. También nos recuerda algo importante: el gusto no es una elección totalmente racional. Entran en juego la memoria, la emoción, la cultura… y, sí, también la biología.

Esto cambia la forma en la que juzgas tus preferencias —y las de los demás—. Puede que tu amigo no sea “tiquismiquis” por no soportar la canela: quizá la percibe de una manera distinta a la tuya.

Además, esta diversidad sensorial abre puertas interesantes en campos como la nutrición personalizada, la gastronomía o incluso el desarrollo de productos alimentarios. Si sabemos que distintos perfiles perciben los mismos aromas de forma diferente, también podemos entender mejor por qué un alimento funciona para unos y para otros no.

Entonces… ¿se puede aprender a tolerar la canela?

La respuesta es: depende. Aunque la genética tenga un peso importante, el cerebro es plástico. Con el tiempo, la exposición y las asociaciones positivas, un sabor o un aroma que al principio rechazas puede volverse más llevadero… e incluso agradable.

Pero si, después de varias oportunidades, sigues sin soportar la canela, no te castigues: puede que tu cuerpo la esté registrando de una forma especialmente intensa. Y con eso no se “discute”; se convive.

¿De qué lado estás tú?

La próxima vez que alguien te pregunte si te gusta la canela, piensa que tu respuesta quizá dice más de tus sentidos (y de tu biología) de lo que imaginas. Amar u odiar esta especia no siempre es solo una cuestión de gusto: a veces es, literalmente, una cuestión de cómo te llega al cerebro.

Mirella MendonçaMirella Mendonça
Soy responsable editorial de Petitchef (Portugal y Brasil) y una gran apasionada de los viajes y la gastronomía mundial, siempre en busca de nuevos sabores y experiencias. Sin embargo, por más que me encante explorar las delicias de diferentes culturas, la cocina de mi madre siempre será mi favorita, con ese sabor único que solo ella sabe crear.

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