¿Tu mango tiene manchas negras? Cómo saber si todavía se puede comer
Compras un mango que tiene muy buena pinta, lo dejas unos días en casa para que termine de madurar y, cuando por fin vas a cortarlo, descubres algo que antes no estaba ahí: varias manchas negras en la piel.
La duda llega enseguida. ¿Es simplemente un mango muy maduro? ¿Se ha estropeado? ¿Basta con quitar la parte oscura o es mejor no comerlo? La respuesta no está únicamente en el color. Las manchas negras pueden aparecer por motivos distintos y no todas significan lo mismo. Para decidir qué hacer hay que fijarse en unas cuantas señales más.
¿Por qué aparecen manchas negras en el mango?
El mango sigue madurando después de la cosecha. A medida que pasan los días cambia de color, desarrolla más aroma y la pulpa se vuelve más tierna. Pero las manchas oscuras de la piel no siempre aparecen simplemente porque esté más maduro.
A veces se deben a golpes, roces o pequeñas lesiones que la fruta ha sufrido durante el transporte o al manipularla. También pueden aparecer si el mango se ha conservado en condiciones poco adecuadas.
En otros casos, las manchas pueden deberse a hongos que afectan a la propia fruta mientras madura. Uno de los más habituales provoca la llamada antracnosis y puede dejar pequeñas zonas oscuras en la piel que se hacen más visibles con el paso de los días.
Eso no significa que una mancha negra aislada vaya a hacerte daño. Lo importante es comprobar qué aspecto tiene el resto del mango y, sobre todo, cómo está la pulpa al abrirlo. Si no hay moho, zonas podridas, una textura viscosa ni un olor extraño, una pequeña marca en la piel no significa por sí sola que haya que tirar la fruta.
Entonces, ¿un mango con manchas negras se puede comer?
Lo más útil es mirar la fruta entera y, si las manchas no muestran signos claros de podredumbre o moho, abrir el mango y comprobar cómo está por dentro.
Antes de cortarlo, lávalo bajo el grifo, aunque vayas a desechar la piel. Así evitamos que el cuchillo arrastre suciedad o microorganismos de la superficie hacia la pulpa. No hace falta utilizar jabón ni detergente.
Una vez abierto, fíjate en algo muy sencillo: ¿la pulpa tiene el aspecto, el olor y la textura que esperas de un mango maduro?
Una pequeña zona oscura o golpeada no obliga necesariamente a tirar toda la fruta. Las recomendaciones de seguridad alimentaria aconsejan retirar las pequeñas zonas golpeadas o dañadas cuando el resto de la fruta está en buen estado y desecharla si presenta podredumbre.
Estas son las señales que deberían hacerte desconfiar
Más que contar el número de puntos negros, conviene buscar signos de deterioro.
- Moho visible: si aparece una zona algodonosa o claramente enmohecida, desecha el mango entero. En las frutas blandas y con mucha humedad el moho puede penetrar por debajo de la superficie, aunque no podamos verlo.
- Pulpa viscosa, acuosa o claramente podrida: no es lo mismo que un mango simplemente blando y maduro.
- Olor agrio, fermentado o desagradable: es una señal de que la fruta ha pasado de la maduración al deterioro.
- Lesiones negras hundidas o que se extienden hacia el interior: merecen más precaución que una pequeña marca superficial. Algunas enfermedades del mango pueden comenzar en la piel y terminar afectando a la pulpa.
- Una zona muy deteriorada alrededor del pedúnculo: también puede asociarse a pudriciones poscosecha.
Y hay algo que no conviene hacer: probar un trocito para comprobar si “sabe raro” cuando la fruta ya presenta señales evidentes de deterioro. No necesitamos catar un alimento sospechoso para decidir si debemos desecharlo.
¿Y si el mango está muy blando?
Que un mango esté blando no significa necesariamente que se haya estropeado. Al madurar, la pulpa se vuelve más tierna y la fruta cede ligeramente cuando la presionamos con los dedos.
La diferencia está en lo que acompaña a esa textura. Si está muy blando pero huele bien y, al abrirlo, la pulpa tiene buen aspecto, puede estar simplemente muy maduro. En cambio, si además encontramos zonas viscosas, líquido, moho, partes claramente podridas o un olor agrio o desagradable, lo mejor es desecharlo.
En otras palabras: un mango puede estar muy maduro y seguir estando perfectamente bien para comer. Son las demás señales las que nos indican cuándo ha pasado de maduro a estropeado.
Al fin y al cabo, se trata de fijarse mejor
Mirella Mendonça
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