Trucos para que el ajo no repita

Monday 12 January 2026 09:00 - Patricia González
Trucos para que el ajo no repita

Si el ajo tuviera sindicato, en España habría huelga general cada vez que faltara en la despensa. Está en el ajoaceite, en la sopa de ajo, en las gambas al ajillo, en el ajoblanco, en el pil-pil, en las migas, en un sofrito bien hecho… y qué me dices de unos huevos fritos con ajo, en condiciones. Se fríe, se confita, se saltea. Y para muchos, el olor del ajo bailando en el aceite es de las mejores señales de que en esa casa se va a comer bien.

Por eso tiene gracia (y un punto de injusticia) que durante años circulara la idea de que Victoria Beckham al aterrizar en Madrid, sentenciara rápidamente que “España olía a ajo". Mito, exageración o mala traducción: tocaba una fibra sensible porque en este país el ajo no es solo un olor o ingrediente cualquier. Es la base de gran parte de nuestra cocina. Ella acabó negándolo y quedó como anécdota pop, pero el episodio recuerda una verdad simple: aquí el olor a ajo no se soporta, se celebra. Aunque...

Claro, todo romance tiene su reverso. A algunas personas el ajo —sobre todo crudo o mal tratado— les “repite”. No hablamos del olor en las manos al pelarlo ni del aliento (esa es otra cuestión), sino de esa presencia que vuelve horas después, como si el ajo hubiera decidido quedarse a comentar la jugada. Es incómodo para uno mismo… y a veces también para el de al lado.

No hace falta romper con él. Te traemos unos trucos muy eficaces para evitar que el ajo repita.


Por qué el ajo repite

El ajo es un ingrediente tranquilo mientras está entero. El problema —o la gracia— empieza cuando lo cortamos, lo picamos o lo machacamos. En ese momento se activan una serie de reacciones que generan los compuestos responsables de su aroma intenso y de su carácter punzante. Cuanto más lo rompemos y menos lo cocinamos, más presente se vuelve.

A partir de ahí, entran en juego dos factores decisivos: la sensibilidad de cada persona y la técnica. La primera no la podemos cambiar; la segunda, sí.

Truco 1: usar ajos nuevos (y no acumular cabezas durante meses)

La primera decisión ocurre antes del cuchillo. Los ajos nuevos, firmes y frescos, suelen resultar más amables que los ajos viejos, que con el tiempo ganan aspereza y desarrollan un interior más agresivo. Si el ajo suele repetirte, conviene comprarlo “a ritmo de cocina” y no como quien hace acopio para un asedio medieval.

Truco 2: cambiar de ajo (ajo tierno o ajo negro)

Cuando la sensibilidad es alta, dos opciones suelen funcionar especialmente bien:

  • Ajo tierno: más suave, menos persistente, perfecto para salteados rápidos o platos donde el ajo va a acompañar y no a imponerse.
  • Ajo negro: fermentado, con notas dulces y balsámicas. No es un sustituto exacto del ajo blanco, pero puede ser el atajo más cómodo para quien quiere evitar secuelas sin renunciar a una base aromática potente.

Truco 3: no machacarlo siempre (el corte manda)

El ajo entero es relativamente discreto. El ajo machacado, en cambio, es un altavoz. Si sueles notarlo después, merece la pena revisar un gesto automático: no siempre hace falta convertirlo en pasta.

  • Diente entero o laminado: el sabor se libera poco a poco, con más control.
  • Picado fino o machacado: sube la intensidad y la “presencia” del ajo.
  • A veces, solo con pasar de “pasta” a “láminas” ya hay un cambio notable.

Truco 4: quitar el germen (pero sin prometer milagros)

Es el consejo clásico: partir el diente y retirar la parte central verdosa. Y sí, tiene sentido cuando el ajo está viejo o empieza a brotar, porque el germen suele aportar amargor y dureza aromática.

Pero conviene contarlo sin magia: no siempre evita que el ajo repita. Es un ajuste útil, no una solución definitiva. Si el problema es sensibilidad digestiva, el germen por sí solo no suele ser el gran botón de apagado.

Truco 5: microondas 30 segundos (el atajo para “domarlo”)

Hay días en los que no apetece planificar nada. En esos casos, el microondas hace un trabajo sorprendentemente digno: unos 30 segundos a potencia media suavizan el ajo y le quitan arista. No lo convierte en ajo asado, pero sí lo vuelve más manejable para salsas rápidas o salteados.

Truco 6: asarlo al horno (ajo cremoso, dulce y amable)

El asado largo transforma el ajo en otra cosa: se vuelve untable, dulce, redondo. Es el tipo de ajo que se integra sin agredir. Funciona especialmente bien cuando quieres sabor profundo sin esa insistencia posterior.

Truco 7: confitarlo (y tener siempre ajo listo)

El confitado es la técnica más agradecida para quien cocina a menudo. A fuego bajo, el ajo se vuelve sedoso y fácil de dosificar. Además, te deja un aceite aromatizado que puede levantar verduras, legumbres o un simple plato de pasta.

Truco 8: escaldarlo una o tres veces (el método fiable para los sensibles)

Si el ajo te repite de forma sistemática, el escaldado suele ser el recurso más sólido.

  • Escaldado rápido: un minuto en agua hirviendo, enfriar y usar.
  • Triple escaldado desde frío: llevar al hervor, tirar el agua y repetir tres veces. Queda un ajo semicocido, suave y perfectamente utilizable en guisos y salsas.

Es, literalmente, bajar el volumen sin apagar la música.

Truco 9: remojarlo en limón o vinagre (para seguir usando ajo crudo)

Cuando el ajo va crudo —aliños, gazpachos, boquerones—, hay un punto intermedio: picarlo y dejarlo 10 minutos o más en limón o vinagre. El medio ácido reduce su agresividad y lo vuelve más educado. Mantienes el carácter, pero con menos “cola” después.

Truco 10: evitar que se queme (el ajo pasado se vuelve más tosco)

Un último detalle de oficio: el ajo no agradece el exceso de dorado. Cuando se quema, amarga y se vuelve más áspero. Si buscas un ajo amable, la idea no es “tostarlo”, sino cocinarlo con control: fuego medio, tiempos cortos, y atención.

¿Y tú? ¿Tienes algún remedio casero que te funcione de verdad para que el ajo no repita?

Patricia GonzálezPatricia González
Apasionada por la cocina y el buen comer, mi vida se mueve entre palabras bien escogidas y cucharas de madera. Responsable pero despistada. Periodista y redactora con años de experiencia, encontré mi rincón ideal en Francia, donde trabajo como redactora para Petitchef. Me encantan el Bœuf bourguignon pero echo de menos el salmorejo de mi madre. Aquí combino mi amor por la escritura y los sabores suculentos para servir recetas e historias sobre cocina que espero te inspiren. La tortilla, me gusta con cebolla y poco hecha : )

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