¿Te han regalado flores por San Valentín? El ingrediente de despensa que ayuda a que duren más
El ramo llega a casa impecable, aún con el papel de la floristería, y durante unas horas parece que va a aguantar así toda la semana. Luego empieza el desgaste: el agua se enturbia, los tallos “beben” peor y las flores pierden viveza antes de lo que nos gustaría. No es tanto mala suerte como biología doméstica: en un jarrón, el enemigo suele ser el mismo de siempre, las bacterias.
Aquí entra un ingrediente tan común que cuesta creer que tenga sentido en un artículo gastronómico: el azúcar. No como truco mágico, sino como parte de una solución conservante sencilla. En el ámbito de la flor cortada, los conservantes funcionan por tres vías: aportan carbohidratos (energía), ajustan la acidez del agua para mejorar la absorción y añaden un agente que limite el crecimiento microbiano. La combinación “azúcar + ácido + una dosis mínima de desinfectante” aparece recogida en guías técnicas y divulgativas sobre conservación de flor cortada.
La mezcla casera
Si tu ramo venía con sobre de “flower food”, úsalo: está formulado para esto. Si no, esta versión doméstica es una buena alternativa.
Para 1 litro de agua templada:
- 1 cucharada de azúcar
- 1 cucharada de zumo de limón (o vinagre blanco)
- 1/2 cucharadita de lejía doméstica sin perfume (muy poca)
Esa proporción —con variaciones pequeñas según la fuente— es la que se repite con más consistencia cuando se explica el porqué (nutrición + pH + control microbiano).
Importante: usa lejía normal, no mezclada con otros productos, y no te pases con la cantidad. En este caso, más no es mejor.
Cómo aplicarlo para que funcione
La mezcla ayuda, sí, pero lo que prolonga la vida del ramo es el “pack” completo:
- Jarrón bien limpio. Antes de nada, lava el recipiente con agua caliente y jabón. Reducir la carga bacteriana inicial cambia el resultado.
- Recorta los tallos en diagonal (1–2 cm) con cuchillo o tijera afilada. Y repite el corte cada pocos días.
- Fuera hojas bajo el agua. Si quedan sumergidas, se degradan rápido y enturbian el jarrón.
- Cambia el agua con regularidad. La pauta más razonable: cada 2–3 días, o antes si la ves turbia. Aprovecha para enjuagar el jarrón y renovar la mezcla.
- Ubicación inteligente. Evita sol directo y fuentes de calor. Y, si puedes, no lo pongas al lado del frutero: algunas frutas liberan etileno, un gas que acelera el envejecimiento de tejidos vegetales.
Un san Valentín que perdura
Al final, el ramo dura más cuando lo tratas como lo que es: un alimento delicado, solo que en forma de flor. Un poco de azúcar, agua limpia y dos recortes a tiempo suelen ser suficiente para estirar el punto bonito unos días más.
Patricia González
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