Snackpacking, la tendencia que convierte un tentempié en un motivo para salir de viaje y saborear el mundo
Hay quien organiza unas vacaciones pensando primero en los museos, quien comprueba enseguida la distancia a la playa y quien, incluso antes de reservar el hotel, quiere saber dónde se puede comer una fideuá recién hecha. Esta última categoría por fin tiene un nombre: "snackpacking".
La nueva tendencia de viajes del verano de 2026 se centra en la comida callejera local, los mercados de barrio, las panaderías históricas, las tiendas de alimentación y las especialidades típicas. En la práctica, la comida deja de ser una simple pausa entre una visita y otra y se convierte en una brújula gastronómica capaz de guiar todas las vacaciones.
No hace falta reservar elaboradas degustaciones ni sentarse durante horas en un restaurante. El "snackpacking" se nutre de degustaciones locales, aromas que se encuentran por la calle y lugares descubiertos charlando con los vecinos del barrio. A ser posible, con una servilleta en la mano y unas migas en la camiseta.
¿Qué es el "snackpacking" y qué significa?
La palabra "snackpacking" combina "snack" y "packing", y evoca la idea de hacer la maleta con un objetivo concreto: conocer un destino a través de sus alimentos cotidianos.
No se trata simplemente de comer durante un viaje. Significa crear un auténtico itinerario gastronómico compuesto por pequeñas degustaciones, mercados, quioscos, tiendas de delicatessen y productos que difícilmente se encuentran en otros lugares.
Este fenómeno está cautivando sobre todo a los millennials y a la Generación Z y ganando fuerza en España. Diversos estudios nacionales señalan que la gastronomía se ha convertido en un factor determinante en la elección del destino y que los turistas valoran cada vez más las experiencias culinarias auténticas, los productos locales y la cocina tradicional como parte esencial del viaje.
La diferencia con respecto al turismo enogastronómico tradicional radica totalmente en el ambiente. El "snackpacking" prefiere la barra a la mesa elegante, la bolsa de papel al menú degustación y la tienda de barrio al local construido exclusivamente para turistas.
¿Por qué gusta tanto el «snackpacking»?
Porque es espontáneo, accesible y fácil de incluir en cualquier viaje. Permite visitar una ciudad sin separar el momento del descubrimiento del de la comida: se pasea, se observa y, cuando llega un buen aroma, se cambia de planes.
Un tentempié típico puede decir mucho de una región. Los ingredientes muestran lo que se produce en la zona, los mercados revelan los hábitos cotidianos y las colas frente a una panadería ayudan a entender qué locales frecuentan realmente los habitantes.
Las redes sociales también han contribuido a la difusión de este fenómeno. Los dulces especiales, los productos difíciles de encontrar y las presentaciones espectaculares llaman la atención, pero el "snackpacking" no debería reducirse a la búsqueda de la comida viral del momento.
A menudo, los descubrimientos interesantes surgen al entrar en una tienda sin letreros luminosos o al preguntarle al tendero qué comen los vecinos del barrio.
¿Cómo organizar un viaje de "snackpacking"?
No hace falta preparar un itinerario muy estricto. Basta con hacer una lista de posibles paradas, dejando margen para los imprevistos y los consejos que vayas recopilando durante el viaje.
Antes de partir, puede resultar útil:
- localizar mercados cubiertos y mercados de barrio;
- anotar las especialidades típicas del destino;
- buscar panaderías, pastelerías y tiendas de delicatessen con historia;
- alternar degustaciones dulces y saladas;
- elegir raciones pequeñas para compartir;
- comprobar los días de apertura y los horarios;
- pedir consejo a los lugareños.
La regla es no convertir el viaje en una carrera. Tres degustaciones saboreadas con calma pueden decir mucho más que diez paradas realizadas sin dejar de mirar el reloj.
¿Dónde se puede practicar el "snackpacking" en España?
España ofrece un escenario ideal para el "snackpacking". De norte a sur, cada región cuenta con especialidades que pueden disfrutarse durante un paseo por la ciudad, una visita a un mercado o una ruta entre barrios históricos. Desde bocados salados hasta dulces tradicionales, el viaje se convierte en una sucesión de pequeñas paradas gastronómicas que permiten descubrir la cultura local a través de sus sabores.
- Madrid: el bocadillo de calamares en la Plaza Mayor, las rosquillas tradicionales o los churros con chocolate son clásicos para disfrutar mientras se recorre el centro histórico.
- Barcelona: una coca de recapte, una bomba de la Barceloneta o un entrepà de fuet son opciones ideales para alternar con un paseo por los mercados y los barrios más emblemáticos.
- Valencia: el esmorzaret valenciano, la coca de llanda (en versión dulce) o una horchata con fartons permiten descubrir la gastronomía local más allá de la paella.
- Sevilla: montaditos, pavías de bacalao, espinacas con garbanzos servidas en pequeñas raciones o un cartucho de pescaíto frito son perfectos para recorrer el casco histórico.
- Bilbao: los pintxos convierten cualquier recorrido por el Casco Viejo en una auténtica ruta de "snackpacking", con pequeñas elaboraciones que cambian de un bar a otro.
- Santiago de Compostela: la empanada gallega, la tarta de Santiago o un trozo de queso Arzúa-Ulloa son paradas imprescindibles durante la visita.
- Málaga: espetos de sardinas junto al mar, camperos y tortas locas muestran una forma diferente de disfrutar de la cocina local.
- Granada: una ruta de tapas, salaíllas y piononos (en la cercana Santa Fe) permite combinar patrimonio y gastronomía en pequeñas degustaciones.
- San Sebastián: los pintxos son el gran atractivo gastronómico de la ciudad y una de las mejores expresiones del «snackpacking" en España.
- Palma de Mallorca: una ensaimada recién horneada, una coca de trampó o un llonguet relleno son ideales para descubrir la gastronomía mallorquina mientras se pasea por el centro.
Pero el "snackpacking" no se limita a las grandes ciudades. También encuentra su esencia en los mercados municipales, las plazas de abastos, las ferias gastronómicas y los pequeños pueblos, donde panaderías, obradores y establecimientos familiares mantienen vivas recetas tradicionales que invitan a hacer una pausa y descubrir el territorio a través de sus sabores.
¿Qué comer durante un viaje de "snackpacking"?
La respuesta depende del destino, pero lo que mejor funciona son los alimentos fáciles de compartir y de comer mientras se pasea.
Las cocas, los bocadillos tradicionales, las tapas, los fritos, las galletas típicas, los quesos y la repostería local permiten descubrir sabores diferentes sin necesidad de sentarse a disfrutar de una comida completa.
Incluso una visita al supermercado puede resultar interesante, sobre todo durante un viaje al extranjero. Las estanterías reflejan gustos, costumbres y productos cotidianos muy diferentes a los italianos.
No hay que elegir solo lo que queda bien en las fotos. Un plato poco llamativo puede tener una historia sorprendente y un sabor capaz de quedarse grabado en la memoria mucho más tiempo que un aperitivo que se ha hecho famoso en Internet.
¿Cuánto cuesta hacer «snackpacking»?
El coste varía en función del destino y del número de paradas, pero las degustaciones permiten controlar el presupuesto con bastante facilidad.
Fijar una cantidad diaria y compartir las raciones ayuda a probar más especialidades sin gastar demasiado. Compartir una focaccia, un postre o una ración de fritos también permite evitar el desperdicio.
Conviene recordar que la comida callejera no siempre es barata. En las zonas muy turísticas, incluso una pequeña degustación puede tener un precio elevado, por lo que conviene consultar la carta antes de pedir.
Un viaje para recordar, bocado a bocado
El "snackpacking2 ofrece una forma desenfadada y curiosa de conocer un destino. No sustituye a los museos, los monumentos o los días de playa, pero añade al viaje sabores, aromas y encuentros difíciles de olvidar.
Un bocadillo de calamares comido en un banco de la Plaza Mayor, el aroma de un horno abierto por la mañana o una receta que te sugiere un comerciante pueden convertirse en recuerdos tan importantes como una foto delante de un monumento.
Y cuando alguien te pregunte cómo te ha ido el viaje, la respuesta podría empezar así: "Genial, si vas tienes que probar…".
Leandra Masha
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