¿Qué significa halal? Normas y diferencias durante el Ramadán explicadas
Con el inicio del Ramadán, el mes sagrado para los musulmanes, aumenta la atención sobre todo lo relacionado con el concepto de halal. Pero ¿qué significa exactamente halal? ¿Es solo una cuestión religiosa o también tiene que ver con la calidad de los alimentos, la seguridad alimentaria y ciertas decisiones éticas?
Si alguna vez te lo has preguntado delante de una etiqueta o en el mostrador de la carnicería, estás en el sitio adecuado. Porque entender hoy qué es halal ya no es solo una curiosidad cultural: también ayuda a leer mejor un mercado alimentario global que está cambiando rápido, también en Europa.
Qué quiere decir halal: el significado más allá de la traducción literal
La palabra halal en árabe significa literalmente “lícito” o “permitido”. En el contexto islámico se aplica a todo aquello que se ajusta a los preceptos de la ley coránica, la sharía. Cuando hablamos de alimentos halal, nos referimos a productos que los musulmanes pueden consumir siguiendo unas normas religiosas concretas. El término contrario es haram, es decir, “prohibido”.
Conviene subrayar algo: halal no se limita a la carne. También puede afectar a:
- Bebidas
- Ingredientes procesados
- Aditivos alimentarios
- Cosméticos
- Suplementos
Por eso, la certificación halal suele implicar toda la cadena de producción, no únicamente el ingrediente principal.
Carne halal: qué cambia de verdad
Uno de los aspectos más conocidos se refiere al sacrificio halal. Las reglas establecen que:
- el animal esté sano en el momento del sacrificio;
- se pronuncie una invocación religiosa;
- el desangrado sea completo;
- No se utilicen métodos contrarios a los preceptos islámicos.
Este procedimiento se conoce como dhabīḥa (o dhabiha). Para muchos consumidores musulmanes, cumplir estas normas no es solo una cuestión espiritual: también es un tema de confianza y transparencia. Y ahí entra en juego la certificación.
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Certificación Halal: ¿por qué es tan importante?
No basta con que un producto sea “sin cerdo” para que sea halal. Para ello hace falta una certificación halal oficial, emitida por entidades reconocidas, que verifique:
Esta certificación verifica que
- Los ingredientes son lícitos.
- No hay contaminación con sustancias prohibidas (haram)
- Que los procesos de elaboración y manipulación sean conformes.
En el mercado global, la certificación halal se ha convertido en un activo estratégico. Hablamos de un sector que mueve miles de millones y crece cada año, también en Europa. Cada vez más empresas se adaptan, no solo por motivos religiosos, sino para responder a un público que valora la trazabilidad y la garantía de control.
¿Halal es sinónimo de calidad?
Muchas personas asocian halal con una mayor atención a la limpieza, la seguridad y el control de la cadena de producción. En parte tiene sentido: la certificación suele implicar verificaciones y estándares estrictos. Pero halal no significa automáticamente “más sano” ni “más nutritivo”. Indica, ante todo, conformidad religiosa.
Pero hay un poderoso efecto psicológico: cuando un producto está certificado, suele percibirse como más supervisado y, por tanto, más fiable. Es un mecanismo de confianza que influye en la compra incluso entre quienes no son musulmanes.
Lo que no es halal: alimentos prohibidos
Para entender bien qué significa halal, conviene saber primero qué alimentos se consideran haram, es decir, prohibidos. Entre ellos se incluyen:
- carne de cerdo y derivados;
- alcohol y bebidas alcohólicas;
- sangre;
- animales muertos antes del sacrificio ritual;
- ingredientes procedentes de fuentes no lícitas (por ejemplo, gelatinas sin certificar).
Y aquí aparecen muchas zonas grises en productos procesados: gelatinas, enzimas, aromas… no siempre es fácil identificar su origen.
Por eso, para quien sigue estos preceptos de forma estricta, la mención “halal” en la etiqueta tiene un peso decisivo.
Halal durante el Ramadán: qué cambia realmente
Durante el Ramadán, cuando se ayuna desde el alba hasta la puesta de sol, el papel del alimento halal se vuelve aún más central. En el iftar, la comida con la que se rompe el ayuno, la elección suele hacerse con más conciencia: calidad, procedencia y conformidad religiosa importan más que nunca.
La comida, además, se convierte en un momento de comunidad e identidad, no solo de nutrición. No es casualidad que en estas semanas aumente la demanda de productos halal en supermercados y restaurantes, incluso fuera de los circuitos “étnicos”.
Daniele Mainieri
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