¿Qué es el bacalao skrei por qué tiene tanta fama y qué lo hace distinto?

Thursday 2 April 2026 09:00 - Patricia González
¿Qué es el bacalao skrei por qué tiene tanta fama y qué lo hace distinto?

El skrei tiene una temporada breve, de enero a abril, y quizá por eso genera tanta expectación cada vez que llega a pescaderías y cartas de restaurantes. Ahora, cuando su campaña entra en la recta final, vuelve a plantear la misma pregunta: qué tiene este bacalao para haberse ganado tanta fama.

Este nombre "skrei" circula con una mezcla de prestigio, curiosidad y expectación. Se habla de él como si no fuera un simple bacalao, como si perteneciera a otra categoría. Y, sin embargo, no es una especie distinta ni un pescado raro en sentido estricto. El skrei es bacalao. La diferencia está en todo lo que ocurre antes de que llegue al mostrador.

Su fama no se apoya tanto en que sea una especie extraña, sino en una combinación muy eficaz de temporada corta, pesca salvaje, procedencia clara y una calidad en boca que suele notarse enseguida. En un país como España, donde el bacalao tiene un peso culinario enorme pero muy ligado a la salazón, el skrei ha encontrado un lugar propio como pescado fresco de temporada breve.


No es otro bacalao, pero tampoco exactamente el mismo de siempre

Conviene empezar por despejar la duda principal. El skrei no es una variedad nueva ni una especie aparte. Es el mismo Gadus morhua, el bacalao del Atlántico, pero con una particularidad decisiva: se trata del ejemplar adulto salvaje que cada año migra desde el mar de Barents hasta la costa del norte de Noruega, sobre todo hacia la zona de las islas Lofoten, para desovar.

De ahí viene su nombre, que puede traducirse como “nómada” o “viajero”. No estamos, por tanto, ante otro bacalao, sino ante un bacalao ligado a una etapa concreta de su ciclo vital, capturado además en una ventana muy determinada del año.

El viaje que explica su prestigio

Ese viaje no es solo una buena historia para vender pescado. También ayuda a explicar por qué el skrei se aprecia tanto en la cocina. La migración influye en la musculatura del animal y eso se traduce en lomos firmes, tersos, blancos, con lascas bien marcadas y una textura prieta pero jugosa. Es un pescado que, bien cocinado, se separa en láminas grandes y limpias, con una presencia muy reconocible en el plato.

A esa firmeza se suma el sabor. El skrei suele resultar limpio, delicado pero con carácter, sin exceso de grasa y con ese punto marino que se espera de un gran pescado blanco. No abruma, pero tampoco pasa inadvertido. Tiene suficiente personalidad como para lucirse en preparaciones sobrias, que es casi siempre la mejor prueba que puede superar un pescado de calidad.

Por qué ha encajado tan bien en España

En España, su éxito se entiende bastante bien. El bacalao lleva siglos ocupando un lugar propio en un recetario amplísimo, tanto cotidiano como festivo; desde potajes de vigilia hasta el pilpil, la vizcaína o el bacalao con tomate. Pero durante siglos la relación más habitual con este pescado ha sido la salazón.

El skrei ha entrado precisamente por la vía contraria: como una forma de disfrutar del prestigio del bacalao fresco sin romper con esa memoria culinaria previa. El consumidor español ya sabe lo que significa el bacalao en cocina; lo que encuentra aquí es otra textura, otra temporalidad y otra manera de cocinarlo.

También influye que su temporada sea tan corta. El skrei aparece entre finales del invierno y el comienzo de la primavera, cuando todavía apetecen platos de horno, cocciones breves en sartén y recetas que no necesitan demasiados adornos. Su llegada coincide, además, con el momento del año en que el bacalao vuelve a ocupar un lugar central en muchas cocinas españolas por la tradición de Cuaresma y Semana Santa. Por eso, el skrei no entra como una rareza, sino como una forma distinta de acercarse a un pescado muy conocido.

Cuánto hay de calidad y cuánto de relato

Parte de su fama se apoya, sin duda, en una estrategia comercial bien construida. Tiene nombre propio, un relato claro y una identidad reconocible. Pero reducir su prestigio a una mera cuestión de marketing sería injusto.

El skrei se paga mejor porque ofrece algo que el consumidor suele percibir: regularidad, buena textura, rendimiento culinario y una estacionalidad muy marcada. No se compra como quien compra cualquier pescado blanco para salir del paso. Se compra esperando algo concreto.

Eso no significa que haya que convertirlo en mito. La pregunta sensata no es si tiene fama porque sí, sino si esa fama se nota luego en el plato. Y la respuesta, en general, es que sí. No de manera espectacular, pero sí en aspectos bastante claros: la firmeza de la carne, el brillo del lomo, la forma en que se separan las lascas y la limpieza que deja en boca.

Cómo luce mejor en la cocina

En la cocina, además, responde muy bien a tratamientos sencillos. A la plancha funciona especialmente bien porque dora con limpieza y mantiene el interior jugoso si no se pasa de cocción. Al horno también luce mucho, sobre todo en lomos gruesos, con un buen aceite de oliva, unas patatas o una base suave de cebolla. No pide demasiado. Cuando el producto está en buen punto, lo más sensato suele ser no taparlo.

Es con el bacalao en salazón con el que menos conviene confundirlo. Los dos son bacalao, sí, pero no se usan igual ni dan el mismo resultado en la cocina. El bacalao desalado tiene un sabor más intenso y encaja en recetas más contundentes (como un potaje de vigilia, un bacalao al pilpil o una vizcaína). El skrei, en cambio, destaca por la frescura y por una textura más limpia y delicado.

Un bacalao que se entiende enseguida

Quizá por eso ha encajado tan bien en España. No entra como una novedad estridente, sino como algo que se entiende enseguida. Solo cambia la forma de entender el bacalao: menos producto de despensa y más pescado fresco de temporada, más lomo limpio y más cocina breve.

Y eso basta para entender por qué, durante su breve temporada, vuelve a hablarse de él con tanta frecuencia.

Patricia GonzálezPatricia González
Apasionada por la cocina y el buen comer, mi vida se mueve entre palabras bien escogidas y cucharas de madera. Responsable pero despistada. Periodista y redactora con años de experiencia, encontré mi rincón ideal en Francia, donde trabajo como redactora para Petitchef. Me encantan el Bœuf bourguignon pero echo de menos el salmorejo de mi madre. Aquí combino mi amor por la escritura y los sabores suculentos para servir recetas e historias sobre cocina que espero te inspiren. La tortilla, me gusta con cebolla y poco hecha : )

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