Por qué comemos castañas en Todos los Santos: de la Castanyada al magosto

Sunday 1 November 2026 09:00 - Patricia González
Por qué comemos castañas en Todos los Santos: de la Castanyada al magosto
En Cataluña se comen con panellets y boniatos; en Galicia se asan en los magostos y en Asturias se acompañan de sidra dulce. Detrás de estas costumbres hay siglos de vida rural, celebraciones de la cosecha y recuerdos de quienes ya no están.

Hay olores que anuncian el otoño mejor que cualquier calendario. El de las castañas asadas es uno de ellos. Aparece en las esquinas cuando empiezan a bajar las temperaturas, escapa de los puestos callejeros y se queda unos segundos en el aire cada vez que alguien abre un cucurucho de papel.

En muchas regiones de España, además, las castañas están ligadas a una celebración concreta: Todos los Santos, el 1 de noviembre. En Cataluña son protagonistas de la Castanyada; en Galicia, de los magostos; y en Asturias, del amagüestu. Cambian los nombres, las bebidas y algunas costumbres, pero el gesto de reunirse para comer castañas recién asadas se repite.

¿Por qué precisamente este fruto? La respuesta tiene tanto que ver con la época de recolección como con la historia de nuestra alimentación y las celebraciones que marcan la llegada del invierno.

Las castañas llegan cuando termina la cosecha

Antes de buscar explicaciones religiosas o simbólicas, hay una razón mucho más sencilla: las castañas se recogen en otoño. Dependiendo de la variedad y del clima, la temporada comienza a finales de septiembre y se prolonga durante noviembre.

Durante siglos, el castaño tuvo una importancia enorme en las zonas rurales del norte y noroeste peninsular. Sus frutos podían consumirse frescos, cocidos o asados, pero también secarse y conservarse durante meses.

Esto último era especialmente valioso. Antes de que la patata se extendiera por las cocinas españolas, las castañas formaban parte de la alimentación cotidiana de numerosas familias. Se añadían a caldos, acompañaban otros alimentos o se preparaban con leche.

No eran una golosina reservada para las fiestas. En muchas casas, las castañas ayudaban a llenar la despensa para el invierno.

Con la expansión del cultivo de la patata, su importancia como alimento básico fue disminuyendo. Sin embargo, permanecieron en las celebraciones populares, donde conservaron un valor que va mucho más allá de lo alimenticio.

Cataluña: la Castanyada, entre panellets y boniatos

En Cataluña, la llegada de Todos los Santos está estrechamente relacionada con la Castanyada, una celebración en la que las castañas asadas comparten mesa con los boniatos al horno, los panellets y, tradicionalmente, el moscatel.

Hoy es habitual celebrarla la noche del 31 de octubre, aunque antiguamente también tenía lugar el propio 1 de noviembre, víspera del Día de los Difuntos.

Su vinculación con el recuerdo de los muertos es antigua. Una de las explicaciones populares relaciona la costumbre con los campaneros que pasaban largas horas tocando las campanas en memoria de los difuntos. Durante aquellas jornadas comían alimentos sencillos y energéticos, entre ellos castañas.

Es una interpretación muy difundida, aunque no existe una explicación única y definitivamente demostrada sobre el origen de la Castanyada. También se la relaciona con las comidas funerarias y las ofrendas que se realizaban en recuerdo de los fallecidos.

Lo que sí sabemos es que a finales del siglo XVIII ya era una costumbre muy extendida en Cataluña.

La figura de la castanyera, la mujer que asa y vende castañas en la calle, sigue siendo uno de sus símbolos más reconocibles. Y aunque Halloween ha ganado presencia en los últimos años, ambas celebraciones conviven sin que la Castanyada haya perdido su identidad gastronómica.

Galicia: el magosto y las castañas alrededor del fuego

En Galicia, las castañas tienen su propia fiesta: el magosto. Tradicionalmente, vecinos, familiares y amigos se reunían para asarlas al fuego, comerlas juntos y celebrar la llegada de la nueva cosecha.

Los magostos se celebran durante el otoño, especialmente entre Todos los Santos y San Martín, el 11 de noviembre, aunque las fechas varían según la localidad.

El fuego ocupa un lugar importante. Las castañas se asaban sobre las brasas o en recipientes metálicos perforados que permitían que el calor llegase directamente al fruto. Después se compartían acompañadas de vino nuevo, entre conversaciones, juegos y canciones.

En algunas zonas también existía la costumbre de mancharse la cara con la ceniza de la hoguera, una práctica festiva que todavía se recuerda en numerosas celebraciones.

El magosto conserva asimismo una relación con el mundo de los difuntos. Entre las creencias populares gallegas figuraba la de que cada castaña comida ayudaba a liberar un alma del purgatorio.

Conviene entenderlo como lo que es: una creencia tradicional, no un hecho histórico ni una explicación demostrada del nacimiento de la fiesta.

Más allá de estas interpretaciones, el magosto muestra la importancia que tuvo la castaña en Galicia. Celebrar su recolección era también celebrar que había alimento disponible para los meses fríos.

Asturias: el amagüestu sabe a castañas y sidra dulce

En Asturias, una celebración emparentada recibe el nombre de amagüestu o magüestu. También gira alrededor de las castañas asadas, aunque tiene un acompañamiento especialmente característico: la sidra dulce, el zumo de manzana recién obtenido en el lagar, antes de convertirse en sidra alcohólica.

La combinación tiene sentido dentro del calendario agrícola. La temporada de la castaña coincide con la recogida de las manzanas y la actividad de los lagares.

Así, dos productos fundamentales del otoño asturiano se encuentran en una misma celebración.

Los amagüestos suelen reunir a vecinos y familias, y también se organizan en colegios, asociaciones y fiestas populares. No se limitan necesariamente al 1 de noviembre, sino que pueden celebrarse durante buena parte del otoño.

La costumbre mantiene vivo el vínculo entre los productos de temporada y la vida comunitaria. Unas castañas calientes y un vaso de sidra dulce bastan para entender por qué sigue despertando tanto entusiasmo.

¿Tienen todas estas fiestas un origen celta?

Es habitual encontrar explicaciones que relacionan los magostos y el amagüestu con el Samhain, una antigua festividad asociada al final del ciclo agrícola y al comienzo de la estación oscura.

Existen semejanzas entre aquellas celebraciones y algunas costumbres actuales: las hogueras, el recuerdo de los muertos y la importancia del cambio de estación.

Pero compartir elementos simbólicos no demuestra que todas estas fiestas desciendan directamente de una única celebración. Las tradiciones se transforman a lo largo de los siglos, incorporan prácticas religiosas y cambian según la región.

La vinculación entre Todos los Santos, las comidas conmemorativas y las reuniones otoñales está documentada. En cambio, establecer una genealogía exacta para cada costumbre resulta mucho más complicado.

Lo interesante es observar cómo, en lugares diferentes, un mismo fruto terminó asociado a las celebraciones de esta época del año.

Cómo asar castañas en casa para que se pelen mejor

No hace falta una hoguera para disfrutar de unas buenas castañas. El horno permite prepararlas fácilmente, aunque hay algunos detalles que conviene cuidar.

El primero es elegir castañas firmes, pesadas para su tamaño y sin agujeros ni señales de moho. Las que están demasiado secas suelen quedar duras y resultar más difíciles de pelar.

Antes de asarlas, hay que hacerles un corte que atraviese la cáscara y la piel interior. Así se facilita la salida del vapor y se evita que estallen durante la cocción.

Se pueden disponer en una bandeja, sin amontonarlas, y asarlas en el horno precalentado a unos 200 °C durante 20-25 minutos, aproximadamente. El tiempo dependerá del tamaño de las castañas y de la potencia del horno.

Cuando la cáscara empiece a abrirse y la pulpa esté tierna, estarán listas. Conviene pelarlas mientras siguen calientes, pero sin quemarse: al enfriarse, la piel interior suele quedar más adherida.

Un paño limpio permite sujetarlas y conservar parte del calor mientras se pelan.

Una tradición que sigue reuniendo a la gente

La Castanyada, el magosto y el amagüestu tienen sus propias costumbres, pero comparten algo que explica su permanencia: las castañas se preparan para comerlas juntos.

En otro tiempo fueron un alimento cotidiano y una reserva para el invierno. Hoy forman parte de nuestras celebraciones otoñales, de las meriendas familiares y de esos puestos callejeros que reaparecen cuando llega el frío.

Y quizá ahí reside buena parte de su atractivo. No hace falta una receta elaborada ni una mesa especialmente preparada. Basta con unas castañas recién asadas, un poco de tiempo y alguien con quien compartirlas.
Patricia GonzálezPatricia González
Apasionada por la cocina y el buen comer, mi vida se mueve entre palabras bien escogidas y cucharas de madera. Responsable pero despistada. Periodista y redactora con años de experiencia, encontré mi rincón ideal en Francia, donde trabajo como redactora para Petitchef. Me encantan el Bœuf bourguignon pero echo de menos el salmorejo de mi madre. Aquí combino mi amor por la escritura y los sabores suculentos para servir recetas e historias sobre cocina que espero te inspiren. La tortilla, me gusta con cebolla y poco hecha : )

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