Lo que nunca deberías hacer con la pasta, el café y la pizza si hay un italiano cerca
No hace falta ser italiano para amar su cocina. Pero una cosa es amar y otra, entender. Porque si algo caracteriza a Italia, además de su historia, su arte y su sentido del estilo, es una relación muy seria, casi sentimental, con la comida. Y ahí es donde el resto del mundo, incluso con la mejor intención, suele meter la pata.
Hay gestos que para muchos son inocentes, prácticos o incluso modernos, pero que para cualquier italiano con sangre en las venas resultan entre desconcertantes y ofensivos. Aquí va una lista de costumbres que fuera de Italia pueden parecer normales, pero que allí harían levantar cejas, agitar manos y soltar un suspiro profundo de resignación.
1. Beber cappuccino después de comer
Nada grita “turista” como pedir un cappuccino tras una pizza o una lasaña. En Italia, el cappuccino es para el desayuno. Después de comer, toca espresso. Corto, intenso, y sin espuma. Pedir leche caliente, a media tarde, con el estómago lleno de pasta, es como pedir sopa en una heladería.
2. Pedir un “latte” esperando un café con leche
Y recibir, naturalmente, un vaso de leche. Porque latte significa leche. A secas. Sin café, sin misterio y sin ninguna intención de parecerse a lo que en medio mundo se vende como bebida sofisticada de cafetería de especialidad. Si quieres café con leche, pide un caffè latte o un macchiato. O prepárate para ese momento incómodo en la barra mientras intentas fingir que en realidad te apetecía leche sola.
3. Usar pan como si fuera cuchara
El famoso gesto de empujar la comida con el pan (ese "tridente" improvisado que algunos hacemos pinchando miga de pan en un tenedor ) es visto con cierto recelo. En Italia, el pan se usa para la scarpetta, ese ritual hermoso de recoger la salsa del plato... pero en su momento justo, y con cierta dignidad.
4. Mezclar todo en el plato
En muchas mesas del mundo lo normal es montar una pequeña república independiente en el plato: la carne pegada a la pasta, la ensalada invadiendo el arroz, el pan haciendo de tejado del queso y una patata frita cruzando la frontera sin papeles. En España hasta le hemos puesto nombre y todo: plato combinado. En Italia, en cambio, ese sálvese quien pueda gastronómico puede sentar regular.
Allí la comida tiene sus turnos: primero el antipasto, luego el primo, después el secondo y, si toca, el contorno. No es que vivan con un reglamento pegado a la servilleta; es que cada cosa tiene su momento. Juntarlo todo en el mismo plato puede ser práctico, sí, pero para un italiano es casi como meter la lavadora con blancos, rojos y un jersey de lana: puede salir comida, pero también un pequeño drama nacional.
5. Aliñar la ensalada con vinagre balsámico oscuro y denso
Ese vinagre dulzón y espeso que muchos usamos con entusiasmo sobre cualquier hoja verde haría sufrir a más de un productor de Módena. No todo lo que se vende como balsámico funciona igual, ni todo debe terminar sobre una ensalada. En Italia, un buen aceto balsámico se valora y se dosifica. De hecho, a veces, lo más italiano que se puede hacer con una ensalada es precisamente no disfrazarla demasiado.
6. Cortar los espaguetis con cuchillo
Pocas imágenes duelen tanto en una mesa italiana como ver a alguien enfrentarse a un plato de espaguetis cuchillo en mano. La pasta larga no se trocea: se enrolla. Con el tenedor, contra el plato, con tranquilidad y sin convertir la comida en una operación quirúrgica. Cortar los espaguetis no solo rompe la forma; rompe los nervios de cualquier nonna. La pasta larga pide ser tratada como pasta larga. Todo lo demás es impaciencia.
7. Servir la pasta como guarnición de carne
Para muchos extranjeros, un filete con un montoncito de espaguetis al lado puede parecer una comida completa y razonable. Para un italiano, en cambio, esa imagen tiene algo de accidente cultural.
La pasta no es una guarnición. No está ahí para rellenar huecos junto a una pechuga o un escalope. La pasta es un plato con entidad propia, normalmente un primo, con su salsa, su temperatura, su punto y su manera de comerse. Ponerla al lado de la carne, como quien añade unas patatas fritas, es rebajarla a un papel que no le corresponde.
8. Pedir pizza con piña
Aquí entramos en terreno delicado. La pizza con piña existe, tiene defensores entusiastas y ha provocado debates más encendidos que algunos asuntos de Estado. Pero en Italia sigue siendo, para muchos, una frontera difícil de cruzar.
No es solo la fruta. Es la idea de llevar la pizza hacia un territorio dulce, tropical y festivo que se aleja mucho de la sobriedad de una marinara, una margherita o una pizza bien hecha con pocos ingredientes. Se puede disfrutar, por supuesto. Pero conviene saber que, si la pides en ciertos lugares de Italia, quizá no te juzguen en voz alta. No siempre hace falta.
Con amor, pero sin confusión
Nadie espera que fuera de Italia se reproduzcan sus costumbres al pie de la letra. Pero si amas su cocina, su café o su forma de comer, conviene saber que ciertos gestos, por inocentes que parezcan, pueden resultar tan extraños como ponerle hielo a un Chianti o pedir una paella con kétchup.
Eso sí, si después de todo decides seguir pidiendo cappuccino por la tarde o echando piña en la pizza, hazlo con orgullo. Pero sabiendo que, en algún lugar de la Toscana, alguien ha sentido un escalofrío.
Patricia González
Comentarios