Hay un truco de abuela que sigue funcionando cuando aprieta el frío (y lo vas a usar)
Cuando llega el frío, lo primero que hacemos es buscar mantas, encender la calefacción o ponernos más capas. Pero antes de que eso fuera lo normal, las abuelas ya lo tenían claro: la cocina era el lugar más cálido de la casa y también una de las formas más sencillas de entrar en calor.
Por qué la cocina ayuda a entrar en calor
La suma de gestos muy simples puede ayudarnos a conseguirlo. Cocinar te activa: moverte por la cocina ya cambia el ritmo, el fuego templa el ambiente y, sobre todo, te acerca a platos y bebidas calientes que reconfortan por dentro.
Y hay algo más: el olor de lo que se está haciendo, el vapor que sube y el calor del fuego dan una sensación inmediata de abrigo. El cuerpo lo nota enseguida.
Sopas y caldos: el clásico que nunca falla
Un recurso de toda la vida es preparar sopas, caldos, guisos y estofados. Calientan no sólo por el calor propio de la cocción, sino también por la digestión, que aumenta ligeramente la temperatura corporal.
Ingredientes habituales en la cocina de la abuela, como ajo, cebolla, verduras, alubias y caldo de huesos, ayudan a mantener el cuerpo caliente durante más tiempo, sobre todo por la noche.
Bebidas calientes: el gesto que más se agradece
Una infusión, un café recién hecho, un vaso de leche templada o incluso agua con un toque de limón o canela han sido siempre un recurso de invierno. No solo por lo que bebes, sino por el gesto de sujetar la taza entre las manos: el calor llega rápido.
Es una costumbre sencilla que ayuda a calentar los dedos, relaja y hace que el frío se lleve mejor, sobre todo al volver a casa o al final del día.
El vapor de la cazuela también cuenta
Mientras la comida se hace, el vapor que se libera en el aire puede hacer que la estancia se note algo menos seca y un punto más agradable. Por eso muchas abuelas se quedaban más tiempo en la cocina: no sube la temperatura como un radiador, pero se agradece, sobre todo en días de frío de verdad.
Horno encendido, cocina más confortable
Hornear pan, bizcocho o cualquier plato al horno también ayuda a que la cocina resulte más confortable. Con el horno encendido, el espacio se templa, y cuando lo apagas, el calor residual aguanta un rato.
Eso sí: mejor aprovecharlo con cabeza. Nada de usar el horno como “calefacción” ni de dejar la puerta abierta: lo importante es cocinar con seguridad.
Cazuelas que guardan el calor
Las cazuelas y ollas más pesadas (por ejemplo, las de hierro) retienen la temperatura durante más tiempo. Eso hace que la comida se mantenga en su punto incluso después de apagar el fuego y que esa sensación de abrigo dure un poco más cuando te sientas a comer.
A veces es más efectivo entrar en calor tú que calentar toda la casa
La experiencia de la abuela suele ser muy práctica: no sirve de mucho templar la casa si tú sigues con frío. Por eso funcionan las cosas sencillas: moverte por la cocina, preparar algo caliente y tomarte un plato humeante o una bebida templada. Al final, el cuerpo se va templando, y se agradece.
Una técnica sencilla pero significativa
Al final, la técnica de la abuela para calentar el cuerpo en invierno utilizando la cocina no es un secreto complicado. Es una manera de hacer las cosas: preparar algo que reconforte, estar un rato cerca de los fogones, moverte un poco y convertir la cocina en ese lugar donde el frío, al menos por un momento, nos da una tregua.
Más que alejar el frío, estos gestos transforman la cocina en un lugar acogedor, como lo ha sido siempre.
Mirella Mendonça
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