Estas señales indican que estás deshidratado… aunque no tengas sed
Cuando hablamos de deshidratación, a menudo nos imaginamos una sensación de sed intensa tras una sesión de deporte o un día al sol. Sin embargo, la deshidratación leve o moderada no siempre produce síntomas claros y sus manifestaciones pueden confundirse con las de muchos otros problemas cotidianos.
Nuestro cuerpo está compuesto en gran parte por agua y la necesita para regular la temperatura, transportar nutrientes, eliminar residuos y mantener el funcionamiento normal de los órganos. La deshidratación aparece cuando se pierde más líquido del que se repone, ya sea por sudoración, calor, fiebre, vómitos, diarrea, algunos medicamentos o una ingesta insuficiente.
La sed suele ser un mecanismo útil, pero no es perfecta. Puede ser menos perceptible en personas mayores y también puede aparecer tarde cuando las pérdidas de líquido son rápidas. Por eso conviene observar el conjunto de las señales y no interpretar un síntoma aislado como prueba de deshidratación.
Estos son algunos de los signos que pueden ponerte sobre aviso.
¿Te duele a menudo la cabeza?
Antes de culpar al estrés, a las pantallas o a la falta de sueño, piensa en tomarte un vaso de agua.
Incluso una deshidratación leve puede provocar dolores de cabeza. Cuando el organismo carece de agua, el volumen sanguíneo disminuye ligeramente, lo que puede reducir el aporte de oxígeno a ciertas zonas del cerebro.
Resultado: dolores de cabeza a veces difusos, que aparecen sin motivo aparente y pueden aliviarse tras una buena hidratación.
Un dolor intenso, repentino, persistente o acompañado de fiebre, rigidez de cuello, alteraciones visuales, debilidad o confusión requiere valoración médica y no debe atribuirse sin más a la falta de agua.
¿Te sientes cansado sin saber por qué?
¿Duermes bien pero te falta energía durante todo el día?
La falta de agua puede ralentizar muchas funciones del organismo. El corazón tiene que esforzarse más para hacer circular la sangre y los músculos reciben con menos eficacia el oxígeno que necesitan.
Así, incluso una deshidratación leve puede provocar sensación de cansancio, falta de energía o falta de concentración.
Sin embargo, el cansancio es un síntoma muy inespecífico. También puede estar relacionado con anemia, infecciones, falta de sueño, estrés, problemas tiroideos o numerosos trastornos médicos. Si persiste a pesar de descansar e hidratarte adecuadamente, conviene consultar.
Tienes la boca seca
Probablemente sea uno de los síntomas más conocidos.
Cuando el organismo tiene falta de agua, la producción de saliva disminuye. Entonces se nota la boca más seca, una sensación pastosa en la lengua o, a veces, una ligera irritación en la garganta.
Este síntoma suele ser una de las primeras señales que envía el cuerpo.
No obstante, la boca seca también puede deberse a respirar por la boca, ansiedad, tabaco o medicamentos como antihistamínicos, antidepresivos y algunos tratamientos para la tensión arterial.
Tu orina es de color oscuro
Una visita rápida al baño puede darte información valiosa sobre tu nivel de hidratación.
Una orina clara o de color amarillo pálido suele indicar una buena hidratación. Por el contrario, una orina más oscura o muy concentrada puede indicar que tu organismo está tratando de ahorrar el agua disponible.
Pero ten cuidado: algunos medicamentos, vitaminas o alimentos también pueden alterar el color de la orina.
El color de una única micción no permite diagnosticar una deshidratación. Las vitaminas del grupo B, algunos medicamentos, la remolacha, ciertos colorantes y diversas enfermedades pueden modificarlo. Además, la orina de primera hora de la mañana suele ser más concentrada de manera natural. Si la orina es marrón, rojiza, presenta sangre, causa dolor o permanece muy oscura pese a beber con normalidad, hay que consultar a un profesional sanitario.
Tu piel parece más apagada
La hidratación no se limita únicamente al interior del cuerpo.
Cuando no se bebe lo suficiente, la piel puede perder parte de su luminosidad. A veces parece más seca, menos flexible y más apagada.
Por supuesto, la hidratación por sí sola no lo es todo, pero contribuye directamente a mantener la piel sana.
¿Te cuesta concentrarte?
¿Tienes que releer tres veces la misma frase? ¿Se te olvidan fácilmente algunas tareas o te cuesta mantener la atención?
El cerebro es especialmente sensible a los cambios en los niveles de hidratación. Varios estudios han demostrado que incluso una deshidratación moderada puede afectar a la memoria, la atención y ciertas capacidades cognitivas.
En otras palabras, antes de lanzarte a por un tercer café, puede ser útil empezar por beber un gran vaso de agua; pero si la confusión es evidente, aparece de forma brusca o se acompaña de somnolencia intensa, debe buscarse atención médica.
¿Te entra hambre poco después de comer? Quizá no sea solo apetito
El hambre no es una señal fiable de deshidratación, pero la sed y el apetito pueden resultar difíciles de distinguir en algunas situaciones. Además, beber agua ocupa temporalmente espacio en el estómago, por lo que a veces puede reducir esa sensación de querer picar algo.
Por eso, si te entra hambre poco después de haber comido, puedes probar a beber un vaso de agua y esperar unos minutos. Tal vez descubras que necesitabas hidratarte; y, si el hambre continúa, probablemente sea una señal de que realmente quieres o necesitas comer.
¿Sufres calambres?
Los músculos necesitan agua para funcionar correctamente.
Cuando están menos hidratados, puede aumentar el riesgo de sufrir calambres, tensiones musculares o molestias, especialmente en épocas de calor o después de realizar actividad física.
El agua también contribuye al buen equilibrio de los electrolitos, esenciales para el funcionamiento muscular.
Sufres estreñimiento con mayor facilidad
El agua desempeña un papel importante en el tránsito intestinal.
Cuando no se bebe lo suficiente, las heces se vuelven más secas y difíciles de evacuar. Una hidratación insuficiente puede, por lo tanto, favorecer o agravar el estreñimiento, sobre todo cuando va acompañada de una falta de fibra.
¿Sueles tener los labios secos?
Los labios son una de las primeras zonas del cuerpo en mostrar signos de deshidratación.
Si se secan, agrietan o irritan con frecuencia a pesar de los cuidados habituales, esto puede indicar en ocasiones una falta de hidratación general.
¿Cuánto hay que beber realmente?
No existe una cantidad universal que sirva para todo el mundo.
Las necesidades varían según la edad, el peso, la temperatura, la actividad física, la alimentación, el embarazo, la lactancia y el estado de salud. Como referencia, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria considera adecuada una ingesta total de agua de unos 2 litros diarios para las mujeres y 2,5 litros para los hombres adultos. Estas cantidades incluyen tanto las bebidas como el agua contenida en los alimentos.
No significa que todas las personas deban beber exactamente esa cantidad de agua sola. Las frutas, verduras, sopas, leche, infusiones y otras bebidas también contribuyen a la hidratación. Las necesidades aumentan con el calor, el ejercicio, la fiebre, los vómitos, la diarrea, el embarazo o la lactancia.
Las personas con insuficiencia renal, insuficiencia cardiaca, cirrosis u otras enfermedades que requieran limitar los líquidos deben seguir la pauta de su médico y no aumentar la ingesta por su cuenta. Beber demasiada agua en poco tiempo también puede ser peligroso, ya que puede reducir excesivamente la concentración de sodio en la sangre.
La sed no siempre es un buen indicador
Sin duda, esta es la lección más importante que hay que recordar.
Muchas personas esperan a tener sed para beber. Sin embargo, este mecanismo no siempre es lo suficientemente sensible, sobre todo en las personas mayores. Cuando aparece la sensación de sed, a veces el cuerpo ya ha empezado a tener falta de agua.
Por lo tanto, adquirir el hábito de beber con regularidad a lo largo del día sigue siendo la forma más sencilla de evitar una deshidratación discreta, pero muy real.
Tu cuerpo te envía señales constantemente. Pero hay que saber escucharlas. Un cansancio inusual, un dolor de cabeza persistente o una dificultad para concentrarse no siempre esconden un problema complejo. A veces, la solución más sencilla es también la más obvia: ¡ir a llenar el vaso de agua!
Adèle Peyches
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