Cómo cocinar solo dos veces por semana y ahorrar tiempo en el día a día
Para muchas personas, la pregunta "¿qué vamos a comer hoy?" aparece cada día acompañada de la misma sensación: falta de tiempo. Entre el trabajo, los compromisos y las tareas domésticas, cocinar a diario puede acabar convirtiéndose en una fuente constante de estrés.
Una forma sencilla de organizarse es cocinar dos veces por semana y utilizar esas preparaciones como base para distintas comidas.
La idea no consiste en pasar horas en la cocina ni en comer exactamente lo mismo varios días seguidos. Se trata de adelantar parte del trabajo para que, cuando llegue la hora de comer o cenar, solo haya que combinar, completar o recalentar.
El secreto está en las bases
En lugar de preparar todos los platos completos de la semana, el método consiste en cocinar ingredientes versátiles que puedan combinarse de distintas maneras.
Algunas de las bases más prácticas son:
- Arroz blanco o integral
- Pasta
- Verduras asadas
- Pollo cocinado y desmenuzado
- Carne picada cocinada
- Huevos cocidos
- Alubias, garbanzos o lentejas
- Patatas asadas o cocidas
Cuando parte de estos ingredientes ya está preparada, montar una comida puede llevar solo unos minutos. La clave está en cocinar cantidades razonables y decidir desde el principio qué se guardará en la nevera y qué conviene congelar.
Cómo funciona en la práctica
Una opción sencilla es elegir dos momentos de la semana para cocinar, por ejemplo el domingo y el miércoles.
El domingo puedes preparar:
- Una fuente de verduras asadas
- Una cantidad de arroz para los primeros días
- Pollo asado o cocido
- Una tanda de legumbres
El miércoles puedes reponer con:
- Pasta o quinoa
- Huevos cocidos
- Más verduras
- Otra fuente de proteínas
De esta manera, siempre hay ingredientes disponibles para combinar. Pero no hace falta mantener toda la comida del domingo en la nevera hasta el final de la semana. Si sabes que alguna ración no se va a consumir en los días siguientes, es mejor congelarla cuanto antes si el alimento admite bien la congelación.
Una misma base, varias comidas
Uno de los errores más habituales al intentar organizar las comidas es pensar que preparar con antelación significa comer el mismo plato una y otra vez.
En realidad, una misma preparación puede utilizarse de formas bastante diferentes.
Por ejemplo, el pollo desmenuzado puede servir para:
- Ensaladas
- Wraps
- Bocadillos
- Pasta
- Arroz salteado
- Sopas
Lo mismo ocurre con las verduras asadas. Pueden utilizarse como guarnición, añadirse a una ensalada, mezclarse con pasta o arroz o convertirse en una cena rápida acompañadas de huevo.
La variedad no depende tanto de cocinar muchos platos distintos como de cambiar las combinaciones, los aliños y los acompañamientos.
Menos desperdicio y más control de la compra
Además de ahorrar tiempo, este sistema puede ayudar a reducir el desperdicio de alimentos.
Cuando existe un plan sencillo para utilizar los ingredientes a lo largo de los días siguientes, es menos probable que una verdura, una ración de arroz o un recipiente de legumbres terminen olvidados al fondo de la nevera.
También puede facilitar una compra más ajustada, porque sabemos de antemano qué bases vamos a preparar y para qué podremos utilizarlas.
Eso no garantiza automáticamente gastar menos, pero planificar las comidas suele ayudar a evitar compras de última hora y a aprovechar mejor lo que ya tenemos en casa.
Qué guardar en la nevera y qué llevar al congelador
Este es uno de los puntos más importantes del método. No todo lo que cocinamos un día debería quedarse en la nevera hasta el final de la semana.
Alimentos como arroz, pasta, verduras cocinadas, pollo, carne o legumbres deben enfriarse correctamente después de cocinarlos, guardarse en recipientes cerrados y mantenerse refrigerados.
Como regla práctica y prudente, conviene consumir las preparaciones cocinadas refrigeradas en los días siguientes y no prolongar su conservación en la nevera más allá de unos tres días.
El arroz merece especial atención: después de cocinarlo, no debe permanecer durante horas a temperatura ambiente. Repártelo en recipientes poco profundos o porciones pequeñas para que pierda calor más rápidamente y guárdalo en la nevera cuanto antes.
Si has preparado más cantidad de la que vas a consumir en esos primeros días, el congelador es el mejor aliado. Carne picada cocinada, pollo, legumbres, sopas, guisos y muchas salsas caseras pueden congelarse en raciones individuales para utilizarlas más adelante.
Los huevos cocidos, en cambio, es preferible guardarlos en la nevera y utilizarlos durante los días siguientes en lugar de congelarlos, ya que la congelación perjudica su textura.
Un método realista para el día a día
A diferencia de otros sistemas de organización más rígidos, cocinar dos veces por semana no exige seguir un menú perfecto ni preparar todas las comidas de antemano.
El objetivo es simplemente reducir el número de veces que tenemos que empezar a cocinar desde cero.
Con algunas bases preparadas, verduras listas, una o dos fuentes de proteínas y varias raciones correctamente refrigeradas o congeladas, es posible improvisar comidas diferentes con mucho menos trabajo.
No hace falta aplicar el sistema de manera estricta. Algunas semanas quizá cocines dos veces; otras, tres. Lo importante es encontrar una frecuencia que encaje con la rutina de casa y con el tiempo durante el que los alimentos pueden conservarse en buenas condiciones.
Para quien siente que cocinar todos los días le roba demasiado tiempo, adelantar parte del trabajo dos veces por semana puede ser una forma sencilla de organizarse mejor, aprovechar los alimentos y reducir las decisiones de última hora sin resignarse a comer lo mismo durante cinco días seguidos.
Mirella Mendonça
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