Preparar varias comidas de una vez cuando hace calor: el error que puede hacer subir la temperatura de la nevera
Preparar de una vez varias comidas para los días siguientes, lo que también se conoce como batch cooking, resulta especialmente práctico cuando se avecina una semana ajetreada. Cocinamos varios platos, los repartimos en recipientes, los guardamos en la nevera y buena parte del trabajo queda resuelto. Pero hay un paso que no conviene descuidar, especialmente cuando hace calor: el enfriamiento.
Guardar de golpe una olla grande de sopa recién hecha, una fuente de lasaña todavía humeante o varios recipientes muy calientes puede hacer subir temporalmente la temperatura del frigorífico y, sobre todo, hacer que esas preparaciones tarden demasiado en enfriarse por dentro.
Eso no significa que haya que dejar toda la comida durante horas sobre la encimera esperando a que se enfríe. Al contrario. La clave está en repartir las preparaciones grandes en recipientes pequeños o poco profundos, acelerar el enfriamiento y refrigerarlas cuanto antes. En días calurosos de finales de verano, cuando la cocina también puede estar a una temperatura elevada, prestar atención a este paso resulta todavía más importante.
¿Por qué una gran cantidad de comida caliente puede ser un problema?
El frigorífico debe mantener los alimentos a una temperatura suficientemente baja para frenar la multiplicación de microorganismos. Si introducimos de golpe varios recipientes grandes y muy calientes, el aparato tendrá que eliminar una cantidad considerable de calor.
Esto puede hacer que la temperatura interior suba temporalmente y que los alimentos cercanos también se calienten algo. Pero el principal problema está muchas veces en el propio plato: una olla profunda de sopa, un guiso abundante o una gran fuente de lasaña pueden tardar mucho en enfriarse en el centro.
Por fuera, la preparación puede parecer ya templada mientras que su interior continúa bastante caliente. Cuanto mayor y más profundo sea el recipiente, más difícil resulta disipar ese calor.
Por eso, el objetivo no debería ser simplemente "meter la comida en la nevera", sino conseguir que baje de temperatura de forma rápida y uniforme.
La regla de las dos horas: sencilla, pero importante
Lo que no conviene hacer es dejar los platos cocinados durante toda la tarde, y mucho menos toda la noche, sobre la encimera esperando a que se enfríen.
Como regla general, los alimentos cocinados no deberían permanecer más de dos horas a temperatura ambiente antes de refrigerarlos. Y cuando hace mucho calor, lo prudente es no apurar ese plazo.
Por tanto, no hay que esperar necesariamente a que la comida esté completamente fría. Lo importante es empezar a enfriarla en cuanto terminamos de cocinar y llevarla a refrigeración cuanto antes.
Si la preparación es muy abundante o está todavía hirviendo, repartirla primero en porciones más pequeñas ayudará mucho más que dejar una olla enorme durante horas sobre la encimera.
Recipientes poco profundos: por qué conviene usarlos
Cuanto menor sea el grosor de la comida, más rápidamente podrá perder calor. Este sistema resulta especialmente útil para sopas, salsas, currys, guisos, arroz, pasta, otros cereales cocidos y verduras asadas.
Con el arroz o la pasta, por ejemplo, también puede ayudar extenderlos temporalmente en una fuente amplia antes de repartirlos, siempre evitando que permanezcan innecesariamente a temperatura ambiente.
Además, dividir la comida en raciones tiene otra ventaja: los recipientes ya quedan preparados para los días siguientes y solo tendrás que sacar y recalentar la cantidad que vayas a consumir.
No llenes la nevera como si fuera un Tetris
Después de preparar varias comidas de una vez, es tentador encajar todos los recipientes en el frigorífico como sea. Sin embargo, una nevera excesivamente llena dificulta la circulación del aire frío y puede hacer que la temperatura se distribuya peor.
Procura dejar algo de espacio entre los recipientes, especialmente mientras las preparaciones terminan de enfriarse. Tampoco es buena idea concentrar todas las raciones que todavía conservan calor en una pequeña zona del frigorífico.
Una vez que todo esté bien frío, puedes reorganizar los recipientes para aprovechar mejor el espacio.
Los alimentos más perecederos y los platos ya cocinados deben colocarse en una zona suficientemente fría del frigorífico, siguiendo las indicaciones del fabricante. La puerta, sometida a más cambios de temperatura cada vez que se abre, no suele ser el mejor lugar para guardar este tipo de preparaciones.
Un termómetro de nevera puede ser más útil de lo que parece
A menudo damos por hecho que el frigorífico está a la temperatura adecuada simplemente porque lo notamos frío. Sin embargo, la temperatura real puede variar según lo lleno que esté, la frecuencia con que se abra, la temperatura de la cocina o el funcionamiento del propio aparato.
Un termómetro para frigorífico permite comprobarlo fácilmente. Como referencia, la temperatura debería mantenerse por debajo de 5 °C, y alrededor de 4 °C es un buen objetivo doméstico.
Este control puede resultar especialmente útil después de haber preparado mucha comida. Si el frigorífico tarda demasiado en recuperar su temperatura habitual, puede ser señal de que hemos introducido demasiados recipientes calientes a la vez, lo hemos llenado en exceso o no estamos dejando suficiente espacio para que circule el aire.
¿Encimera, baño de agua fría o frigorífico?
Una preparación recién salida del fuego puede necesitar perder parte del calor intenso antes de guardarse, pero ese enfriamiento inicial debe ser breve. No se trata de dejarla olvidada sobre la encimera hasta que esté completamente fría.
Para acelerar el proceso puedes dividirla en recipientes pequeños, extenderla en una fuente amplia o, en el caso de sopas y salsas, utilizar un baño de agua fría o con hielo, removiendo de vez en cuando y evitando que el agua entre en contacto con la comida.
En cuanto haya perdido el calor más intenso, debe pasar al frigorífico. No hace falta esperar durante horas.
Si tu objetivo es congelar parte de la comida, lo más recomendable es dividirla primero en raciones, enfriarla rápidamente y dejar que termine de enfriarse en la nevera antes de pasarla al congelador. Introducir una olla o un recipiente grande todavía muy caliente en el congelador puede afectar a los alimentos que ya están congelados.
El arroz, la pasta y los guisos grandes necesitan especial atención
Hay preparaciones que merecen algo más de cuidado porque solemos cocinarlas en grandes cantidades. El arroz, la pasta, las sopas y los guisos no deberían quedarse dentro de una olla profunda durante horas mientras esperamos a que se enfríen.
En el caso del arroz, además, un enfriamiento lento y una conservación inadecuada pueden favorecer el crecimiento de microorganismos capaces de producir toxinas. Por eso es especialmente importante enfriarlo rápidamente, refrigerarlo pronto y mantenerlo correctamente en frío.
La solución vuelve a ser la misma: poca profundidad, porciones pequeñas y refrigeración rápida.La forma más segura de preparar varias comidas para la semana
Preparar varias comidas de una vez sigue siendo una excelente manera de ahorrar tiempo. Solo hay que pensar el proceso como una pequeña cadena: cocinar, dividir, enfriar rápidamente, refrigerar y congelar lo que no vayamos a utilizar pronto.
El error que conviene evitar no es simplemente meter "algo caliente" en la nevera. El verdadero problema es guardar de golpe grandes cantidades de comida muy caliente o, en el extremo contrario, dejarlas durante horas a temperatura ambiente esperando a que se enfríen.
Reparte las preparaciones en recipientes poco profundos, deja espacio para que circule el aire, mantén el frigorífico por debajo de 5 °C y no superes las dos horas fuera de refrigeración.
Así, cocinar para varios días seguirá ahorrándote tiempo sin comprometer la conservación de la comida. Y cuando las temperaturas todavía son altas, tener la nevera bien organizada y realmente fría importa mucho más que conseguir encajar un recipiente más en el último hueco disponible.
Adèle Peyches
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