5 recetas con calabaza para una cena de otoño entre amigos
Antes de encender el horno: ¿qué calabaza elegir para recetas saladas?
1. Albóndigas de calabaza en freidora de aire
Estas albóndigas combinan calabaza, parmesano, pan rallado, romero y nuez moscada. La freidora de aire permite que se doren por fuera mientras el interior conserva una textura más tierna.
Funcionan muy bien como entrante porque se comen con la mano y quedan especialmente bien con una salsa de yogur para mojar.
Antes de formar las bolitas, comprueba la textura de la masa. Si está demasiado húmeda, incorpora un poco de pan rallado y deja reposar unos minutos antes de añadir más. Así será más fácil darles forma sin terminar con una masa seca. Una vez cocinadas, sírvelas sin amontonarlas para conservar mejor el exterior dorado.
Vino para acompañarlas: un cava Brut. Su acidez y sus burbujas acompañan bien los aperitivos, los quesos y las preparaciones crujientes, y ayudan a refrescar el paladar entre bocado y bocado.
2. Tostas de calabaza y ricotta: pan crujiente, queso cremoso y calabaza
Aquí la combinación es sencilla: pan bien tostado, ricotta y calabaza aromatizada con aceite, pimienta y romero.
La gracia del plato está en el contraste entre el pan crujiente, la suavidad de la ricotta y la calabaza tierna. Además, podemos adelantar buena parte del trabajo y montar las tostas poco antes de llevarlas a la mesa.
Conviene tostar bien el pan y dejar que la calabaza pierda algo de calor antes de colocarla sobre el queso. Montarlas justo antes de servir evita que la humedad ablande la base. Un poco de pimienta recién molida al final termina de levantar el conjunto.
Vino para acompañarlas: un verdejo de Rueda joven. Su frescura, acidez y carácter herbáceo encajan bien con verduras, entrantes y quesos frescos como la ricotta.
3. Hamburguesa de calabaza: sin pan
En esta receta, dos rodajas de calabaza (cacahuete o violín) ocupan el lugar del pan. Entre ellas se colocan una hamburguesa de ternera, queso ahumado, lechuga y una salsa de tomate con cebolla.
La calabaza aporta un punto dulce que se encuentra con el sabor de la carne y el carácter ahumado del queso. No pretende comerse exactamente como una hamburguesa convencional: es más cómoda con cuchillo y tenedor.
Corta las rodajas de calabaza con un grosor parecido para que se cocinen al mismo tiempo. Deben quedar tiernas, pero sin llegar a deshacerse, para que puedan sostener el relleno.
Vino para acompañarla: un Rioja crianza de cuerpo medio. La carne y el queso ahumado admiten un tinto con cierta estructura y crianza, pero conviene evitar uno excesivamente potente que termine ocultando el dulzor de la calabaza.
4. Pastel de calabaza, champiñones y queso
Este pastel combina una masa de calabaza y patata con parmesano y pan rallado y un relleno de champiñones salteados con mantequilla, ajo y queso.
En el horno se forma una superficie dorada mientras el interior permanece tierno y el queso se funde entre los champiñones. Servido en el centro de la mesa, se puede cortar en porciones y acompañar con una ensalada de hojas ligeramente amargas para equilibrar la intensidad del queso y las setas.
Cuando salga del horno, déjalo reposar unos minutos antes de cortarlo. El interior se asentará y las porciones mantendrán mejor la forma.
Vino para acompañarlo: un amontillado de Jerez. Su carácter seco y sus notas de frutos secos encuentran buenos compañeros en quesos y sabores intensos; los vinos generosos de Jerez también tienen una afinidad especialmente interesante con preparaciones de setas.
5. Tatin salada de calabaza con queso de cabra, miel y avellanas
La tatin no tiene por qué ser siempre dulce. En esta versión, la calabaza se combina con queso de cabra, un poco de miel y avellanas tostadas antes de cubrirse con la masa y hornearse.
Al darle la vuelta aparecen la calabaza tierna y el queso, mientras que las avellanas aportan el punto crujiente. Puede servirse como plato principal con una ensalada o cortarse en porciones más pequeñas si forma parte de una cena con varios platos.
Espera unos minutos después de sacarla del horno antes de darle la vuelta y utiliza un plato más ancho que el molde. Reparte bien las avellanas para que aparezcan en todas las porciones.
Vino para acompañarla: un godello, preferiblemente con un poco de volumen en boca. La variedad conserva buena acidez y combina bien con quesos, incluido el queso de cabra; las elaboraciones con crianza pueden aportar además más cremosidad para acompañar la calabaza y la miel.
Cómo montar una cena con varias recetas de calabaza
- Con antelación: limpia y corta la calabaza, pesa los ingredientes y prepara las salsas que admitan refrigeración.
- Antes de que lleguen los invitados: adelanta los rellenos y las preparaciones que necesiten más tiempo de horno.
- Justo antes de servir: tuesta el pan, monta las tostas y termina los platos que deban llegar calientes o crujientes a la mesa.
Preguntas prácticas antes de preparar recetas con calabaza
Cinco formas distintas de cocinar la calabaza
Daniele Mainieri




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