Naranjas confitadas: del roscón a los bizcochos, el yogur y las tartas
Las naranjas confitadas son la prueba de que la paciencia, de vez en cuando, sale rentable. Tú pones una naranja, azúcar, agua y una cazuela; el tiempo hace el resto mientras tú finges que estás “solo vigilando”. A fuego bajo, la rodaja pasa de “cítrica con carácter” a “ámbar comestible” y, de paso, te regala un almíbar que mejora casi cualquier cosa sin pedir permiso: yogur, bizcochos, helados, tostadas con mantequilla, una tarta de chocolate que de repente parece seria. ¿Que eran para el roscón? También. Pero una vez tienes un tarro en la nevera, empiezas a usarlas como quien echa sal: un poco aquí, un poco allá, y todo sabe más interesante. Y si las bañas medio en chocolate negro, ya no hay vuelta atrás.
Qué significa “confitarlas” (y qué cambia respecto a una naranja cocida)
Confitar una fruta es cocerla lentamente en almíbar para que el azúcar vaya entrando poco a poco. No buscamos mermelada, ni caramelo, ni rodajas duras: buscamos transparencia ligera, brillo y una textura flexible que se deja morder sin romperse.
Hay dos decisiones que marcan el resultado:
- El grosor del corte: demasiado fino y se deshará; demasiado grueso y te parecerá eterna.
- La intensidad del hervor: aquí no interesa “hervir”; interesa un temblor suave, casi tímido.
Buenas naranjas, el ingrediente clave
Como vamos a comernos la piel (y parte de la blanca), compensa elegir naranjas:
- Firmes, pesadas, con piel tersa.
- Bien lavadas; si sospechas de ceras, insiste con agua caliente y cepillo, y sécalas a conciencia.
Ingredientes (para un tarro generoso)
- 4 naranjas
- 300 g de azúcar
- 150 g de agua
Si tu cazuela es muy ancha y las rodajas quedan demasiado “desnudas”, aumenta cantidades manteniendo la proporción: el objetivo es que el almíbar las abrace y las cubra lo suficiente.
Paso a paso: naranjas confitadas en rodajas
1) Lava y corta
Lava muy bien las naranjas. Córtalas en rodajas de 2–3 mm. Más gruesas tardan muchísimo y se confitan peor; más finas se rompen con facilidad.
2) Escalda si quieres menos amargor (Opcional)
Si quieres suavizar el amargor:
Pon agua a hervir, mete las rodajas 1 minuto, saca y enfría rápido. Con esto no “matas” la naranja: solo le quitas un punto áspero.
3) Prepara el almíbar
En la cazuela, añade agua + azúcar y calienta hasta disolver por completo. Este detalle evita granitos y cristalizaciones raras.
4) Cocina en dos tiempos (a fuego muy muy bajo)
- Coloca las rodajas en el almíbar ya caliente.
- 30 minutos destapadas, a fuego medio-bajo (que apenas burbujee).
- 45 minutos tapadas, a fuego mínimo.
La lógica es simple: primero reduces y empiezas a confitar; después, con tapa y mínimo, terminas sin evaporar en exceso ni “tostar” el azúcar.
5) No remuevas; “acomoda”
Aquí está la diferencia entre bonitas y rotas:
No metas cuchara a dar vueltas. Si alguna rodaja asoma, húndela suavemente con una cuchara de madera o mueve la cazuela con un vaivén corto.
6) Enfría dentro del almíbar (sí o sí)
Apaga el fuego y deja que se enfríen completamente dentro del almíbar. Cuando están frías, la estructura aguanta y el acabado es más limpio.
Tres acabados (elige según para qué las quieres)
A) En almíbar: el formato “pastelería”
Guárdalas en un tarro con su almíbar, bien cubiertas. Así quedan jugosas, ideales para:
- Rellenar bizcochos.
- Coronarlo todo: queso fresco, helado, yogur, tartas.
B) Escurridas y secas: para decorar
Sácalas a una rejilla y deja que escurran. Si quieres un acabado más firme, dales varias horas de secado (o de un día para otro). Son las que mejor se ven en:
- Tartas de chocolate.
- Bundt cakes, plum cakes o bizcochos “de mesa”.
C) Bañadas en chocolate (regalo con garantía)
Cuando estén bien escurridas, baña media rodaja en chocolate fundido y deja que solidifique sobre papel de horno. El contraste entre cacao y cítrico tiene algo de clásico inmediato.
Diez ideas para usarlas “no sólo para el roscón”
- En yogur natural con un poco de su almíbar.
- Sobre queso fresco o requesón, con nueces.
- En una tarta de chocolate: rodajas arriba, y ya parece una pastelería.
- En un bizcocho sencillo: troceadas y bien escurridas.
- Con helado de vainilla o nata (y una cucharada mínima de almíbar).
- En galletas de mantequilla: una rodaja pequeña encima antes de hornear.
- En una tabla de quesos: especialmente con curados o azules.
- En ensalada con hojas amargas (rúcula/endivia) y algo graso (aguacate, queso).
- En coctelería casera: rodaja confitada + un chorrito de su almíbar como “twist” dulce.
- En tarro bonito, etiqueta y lazo: el regalo que siempre queda bien.
Errores típicos (y cómo evitarlos)
- Se rompen: rodajas demasiado finas, fuego alto o exceso de manipulación.
- Quedan duras: faltó tiempo real a fuego bajo; o se secaron demasiado sin almíbar.
- Amargan más de la cuenta: prueba el escaldado opcional o reduce el grosor de la parte blanca (sin obsesionarte).
- Almíbar arenoso: el azúcar no se disolvió del todo al principio. Empieza siempre con paciencia.
- Se pegan al fondo: fuego alto o cazuela fina. Mejor fondo grueso y burbujeo tímido.
Conservación
- En almíbar, en tarro cerrado en la nevera: varias semanas, siempre que estén bien cubiertas y uses utensilios limpios al servir.
- Secas: en caja hermética con papel de horno entre capas, en lugar fresco.
- Congelación: puedes congelarlas (mejor en almíbar o bien separadas con papel), y descongelar en nevera.
Patricia González
¡Qué buena idea! El pollo moruno con ras el hanout y un toque de limón o naranja suena delicioso y lleno de sabor. Gracias por compartir esa inspiración, ¡me encantaría probarlo pronto!