Cómo congelar pimientos en verano para usarlos durante todo el invierno
En verano, los pimientos están en plena temporada: rojos, amarillos o verdes, resultan perfectos para preparar platos sencillos y llenos de sabor, desde pisto y guarniciones hasta pasta, recetas a la plancha o tartas saladas.
El problema llega cuando compramos más de los que vamos a utilizar. Después de unos días en la nevera pueden empezar a perder firmeza y frescura.
Entonces surge la duda: ¿cómo congelar los pimientos para tenerlos listos también en invierno?
La respuesta es bastante sencilla. Los pimientos son una de esas verduras que pueden congelarse crudas sin demasiadas complicaciones, aunque hay un paso que conviene no saltarse si queremos que después sean fáciles de utilizar: secarlos bien y congelarlos primero separados.
¿Se pueden congelar los pimientos crudos?
Sí, los pimientos se pueden congelar crudos. Es uno de los métodos más rápidos y cómodos, especialmente si después vas a utilizarlos en recetas cocinadas.
A diferencia de otras verduras, no siempre es necesario escaldarlos antes de congelarlos. Basta con lavarlos, limpiarlos bien, cortarlos y guardarlos correctamente.
Eso sí, después de la congelación no conservarán exactamente la misma textura crujiente que cuando están frescos. Por eso funcionan especialmente bien en pisto, salsas, sopas, tortillas, tartas saladas, salteados o rellenos.
Para ensaladas u otras recetas en las que busques un pimiento firme y crujiente, es mejor utilizarlo fresco.
¿Qué pimientos elegir para congelar?
El congelador conserva, pero no mejora la calidad de un alimento. Por eso conviene empezar con pimientos frescos y en buen estado.
Elige pimientos firmes, brillantes, sin manchas oscuras ni zonas blandas. La piel debería estar tersa y el pedúnculo mantener buen aspecto.
Puedes congelar pimientos rojos, amarillos o verdes. Los rojos y amarillos suelen tener un sabor más dulce, mientras que los verdes presentan un sabor más intenso y algo más vegetal.
También puedes mezclarlos en una misma bolsa si quieres tener una combinación de colores preparada para salteados, arroces o salsas.
Cómo limpiar los pimientos antes de congelarlos
Lava bien los pimientos bajo el grifo y sécalos con un paño limpio o papel de cocina.
Córtalos por la mitad y retira el pedúnculo, las semillas y las partes blancas del interior.
Después puedes elegir el corte según el uso que quieras darles:
- En tiras: para pisto, salteados y guarniciones.
- En dados: para salsas, sopas, tortillas y rellenos.
- En aros: para recetas al horno o a la sartén.
- En mitades: si quieres utilizarlos más adelante para preparar pimientos rellenos.
Una buena idea es preparar varios cortes y guardarlos en bolsas diferentes. Así tendrás listo el formato que necesites para cada receta.
El paso que conviene no saltarse: secarlos y congelarlos primero por separado
Después de cortarlos, los pimientos deben quedar bien secos. Aunque a simple vista parezcan secos, pueden conservar humedad en los pliegues o en la parte interior.
Si entran mojados en el congelador, esa humedad se convertirá en hielo y favorecerá que los trozos se peguen entre sí y que aparezca más escarcha en la bolsa.
Una vez secos, coloca los trozos sobre una bandeja cubierta con papel de horno, formando una sola capa y procurando que no se amontonen demasiado.
Introduce la bandeja en el congelador durante unas horas, hasta que los pimientos estén duros.
Después pásalos a bolsas o recipientes aptos para congelación. De esta forma, en invierno podrás sacar solo la cantidad que necesites en cada momento.
¿Es mejor congelarlos crudos, cocinados o asados?
Los pimientos crudos son la opción más rápida y versátil. Puedes añadirlos directamente a la sartén o a una salsa sin necesidad de descongelarlos previamente.
Los pimientos cocinados son prácticos si quieres tener parte del trabajo ya hecho. Puedes saltearlos ligeramente, dejarlos enfriar por completo y congelarlos en pequeñas porciones.
Los pimientos asados también se congelan muy bien. Puedes asarlos en el horno o en la parrilla, pelarlos, cortarlos en tiras y guardarlos ya preparados. Después servirán para tostas, ensaladas templadas, cremas, salsas, pasta o bocadillos.
En todos los casos, deja que se enfríen completamente antes de congelarlos.
Cómo congelar pimientos paso a paso
Este es un método sencillo:
- Elige pimientos frescos y firmes.
- Lávalos bajo el grifo.
- Sécalos muy bien.
- Retira el pedúnculo, las semillas y las partes blancas del interior.
- Córtalos en el formato que prefieras.
- Vuelve a secarlos si conservan humedad.
- Colócalos sobre una bandeja, separados entre sí.
- Congélalos durante unas horas.
- Pásalos a bolsas o recipientes aptos para congelación.
- Elimina todo el aire que puedas y anota la fecha.
Puede parecer un paso extra, pero congelarlos primero sobre una bandeja evita que terminen formando un bloque difícil de separar.
¿Cuánto tiempo pueden conservarse los pimientos congelados?
Para mantener una buena calidad de sabor y textura, conviene consumirlos preferentemente en unos 6-8 meses.
Pueden mantenerse congelados durante más tiempo, pero con los meses es normal que vayan perdiendo aroma y calidad.
Por eso es útil poner siempre la fecha en la bolsa y utilizar primero las porciones más antiguas.
También resulta más práctico preparar bolsas pequeñas. Así puedes sacar solo lo que necesitas sin manipular el resto.
¿Hay que descongelarlos antes de cocinarlos?
No siempre. De hecho, en muchas recetas puedes utilizarlos directamente congelados.
Para preparar pisto, salsas, salteados de verduras, sopas o guisos, puedes añadirlos directamente a la sartén o a la cazuela. Al principio soltarán algo de agua; deja que se evapore y continúa después con la cocción habitual.
Si vas a utilizarlos para una tarta salada, una tortilla o un relleno, puede ser mejor descongelarlos primero en la nevera y secarlos para eliminar el exceso de humedad.
Lo más práctico es congelarlos ya divididos en pequeñas porciones, para utilizar solo la cantidad necesaria.
¿Cómo utilizar los pimientos congelados en invierno?
Tener pimientos preparados en el congelador resulta muy cómodo cuando quieres añadir sabor y verdura a una receta sin empezar por limpiar y cortar.
Puedes utilizarlos para preparar:
- pisto;
- pasta con pimientos;
- pollo con pimientos;
- salchichas con pimientos;
- tortillas;
- tartas saladas;
- sopas y guisos;
- risottos;
- cuscús;
- salsas rápidas;
- verduras al horno;
- cremas y purés.
Funcionan especialmente bien en recetas en las que el pimiento se va a cocinar. Después de congelado quedará algo más blando que fresco, por lo que no es la mejor opción si buscas una textura crujiente.
Errores que conviene evitar
- Congelar pimientos demasiado maduros o ya blandos. Es mejor partir de verduras frescas y firmes.
- No secarlos correctamente. El exceso de humedad favorece la formación de hielo y que los trozos se peguen.
- Meterlos directamente todos juntos en una bolsa. Congelarlos primero sobre una bandeja facilita mucho su uso posterior.
- Preparar bolsas demasiado grandes. Las porciones pequeñas son más cómodas y ayudan a evitar desperdicios.
- No poner la fecha. Después de varios meses es fácil olvidar cuándo congelaste cada bolsa.
Cómo tener pimientos siempre listos para cocinar
Lo más práctico es congelarlos pensando desde el principio en las recetas que sueles preparar. Puedes guardar algunas bolsas con pimientos en tiras, otras con pimientos en dados y alguna porción de pimientos asados.
Así, cuando llegue el invierno, solo tendrás que abrir el congelador y elegir el formato que mejor te venga.
La clave es sencilla: secarlos muy bien y congelarlos primero separados sobre una bandeja antes de guardarlos definitivamente. Ese pequeño paso hará que puedas utilizar únicamente la cantidad que necesites y que los pimientos estén mucho más cómodos de manejar después.
Daniele Mainieri
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