Quiche de calabaza y champiñones: una receta de otoño cremosa y crujiente
En otoño, la calabaza y los champiñones suelen encontrarse en las mismas recetas: sopas, salteados, cremas y gratinados. En esta quiche aparecen de otra manera, sobre una masa quebrada y acompañados de un relleno cremoso de ricotta, huevo y nata.
¿Qué tipo de calabaza funciona mejor para esta quiche?
Para esta receta funciona especialmente bien una calabaza Hokkaido, también conocida como potimarrón o Red Kuri, porque tiene una pulpa densa, ligeramente dulce y menos acuosa que otras variedades.
Al asarla, queda tierna sin deshacerse demasiado y desarrolla un sabor que suele recordar ligeramente a la castaña. Esa textura la hace especialmente adecuada para tartas saladas y quiches.
Además, su piel es fina y puede comerse una vez bien cocinada, aunque podemos retirarla si preferimos una textura más uniforme.
Si no encontramos esta variedad, también podemos utilizar otra calabaza de pulpa firme, procurando que no sea excesivamente acuosa.
Cómo evitar que la calabaza y los champiñones humedezcan la masa
La calabaza y los champiñones no necesitan la misma cocción, pero ambos contienen bastante agua.
Un relleno cremoso de ricotta, huevo y nata
El relleno combina huevos, ricotta y nata para cocinar, mejor si es espesa. La ricotta aporta cremosidad y una textura suave sin imponerse sobre el sabor de la calabaza y los champiñones.
Cómo cortar la quiche sin que se deshaga
Cuando la quiche sale del horno, el relleno todavía está muy caliente y bastante blando. Cortarla inmediatamente hace más probable que la primera porción se abra o pierda parte del relleno al servirla. Unos 15 minutos de reposo permiten que la mezcla de huevo, ricotta y nata termine de asentarse. Las porciones quedan entonces más limpias y resultan más fáciles de servir.
La receta de quiche de calabaza y champiñones, paso a paso
¿Se puede preparar con antelación?
Sí. Podemos preparar la quiche unas horas antes y recalentarla suavemente en el horno antes de servir. También puede conservarse unos dos días en la nevera, bien tapada.
Adèle Peyches
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