Choux con craquelin: la nueva obsesión dulce con receta paso a paso y acabado profesional
De vez en cuando, entre tanto artificio de escaparate, surge un dulce que recuerda que la buena pastelería sigue teniendo mucho que decir. En esta ocasión le ha tocado el turno a un delicioso pastelito francés que ha pasado del escaparate a la obsesión colectiva: El choux con craquelin.
A menudo, lo que se pone de moda en el universo dulce parece concebido por una alianza entre el algoritmo, el ansia de llamar la atención y un aficionado a la repostería con tendencias barrocas. Mucho brillo, mucho adorno, mucho “mírame” y luego, al primer bocado, una sensación bastante parecida a masticar azúcar y fondant de colorines. Por eso resulta casi reconfortante que uno de los últimos caprichos de escaparate que está arrasando en nuestro país no sea una bomba cromática ni un amasijo de toppings, sino algo bastante más interesante: el petit choux con craquelin y crema de vainilla.
Sí, es mono. Sí, queda estupendamente en fotos. Sí, tiene ese aire francés que en pastelería sigue significando delicadeza y refinamiento. Pero el éxito de estos pequeños bocados no se explica solo por su aspecto delicado o por el entusiasmo contagioso de las redes sociales. Se explica, sobre todo, porque están buenos. Buenísimos.
Te contamos qué tienen estos pastelitos para haberse convertido en objeto de deseo y cómo hacerlos en casa paso a paso.
Un clásico bien afinado
Conviene decirlo claro: el choux con craquelin no ha venido a inventar la pólvora. Lo que tenemos delante es, en esencia, un primo bien vestido del profiterol de toda la vida. La base es la pasta o masa choux, esa masa cocida que se infla en el horno y deja una carcasa ligera, casi hueca, lista para ser rellenada. Es la familia de los éclairs, de los petisús, del París-Brest y de tantas otras piezas de la repostería francesa construidas a partir de esa masa ligera y delicada.
Lo que cambia el asunto es el craquelin, esa fina cobertura hecha con mantequilla, harina y azúcar que se coloca sobre la masa antes del horneado. Aporta una capa quebradiza que añade textura y ayuda a que el choux crezca de manera más uniforme.
Por qué ahora están por todas partes
También ayuda que el formato juegue completamente a su favor. Son pequeños, se venden bien por unidades, permiten probar “solo uno” y encajan de maravilla en esa zona donde confluyen el capricho moderado, el lujo asumible y la costumbre muy urbana de premiarse por haber sobrevivido a una semana normal. Basta con un choux con craquelin bien hecho para que la tarde parezca bastante menos ingrata.
A eso se suma otro factor decisivo: tienen una estética impecable. Son bonitos sin saturar la vista. No es poco.
Técnica de verdad en formato pequeño
Por eso esta moda, a diferencia de otras, tiene algo de reivindicación silenciosa de la buena pastelería. No hace falta levantar un monumento de seis pisos, bañar media pieza en glaseado fosforito ni incrustarle media tienda de chucherías encima para lograr un dulce deseable. A veces basta con dominar una técnica clásica, respetar las proporciones y manejarlas con sensatez.
No es una receta especialmente simple, pero tampoco está fuera del alcance de quien disfrute trasteando un poco en la cocina. Con un paso a paso bien explicado (como el que te daremos a continuación), fotografías del proceso y algunos consejos útiles, hacerla en casa resulta mucho menos intimidante de lo que parece.
Aquí te dejamos la receta completa para que puedas hacerla en casa:
Una moda que, por una vez, merece la fama
Que estos bocados estén tan de moda tiene bastante lógica. Entran por los ojos, pero no se quedan ahí. Detrás hay técnica, contraste y un equilibrio que no siempre abunda en el dulce contemporáneo.
Ya vendrá otra criatura perfectamente diseñada para reclamar atención en el escaparate. Pero el choux con craquelin, al menos, ofrece algo más raro: un motivo real para la fama.
Patricia González
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