¿Por qué el camembert se vende en una caja de madera?
Es redonda, ligera, a veces queda manchada por el propio queso… y, sin embargo, la cajita de madera del camembert no es un adorno ni una excentricidad. Si ha llegado hasta hoy prácticamente igual, no es por nostalgia, sino porque responde a necesidades muy concretas: proteger, transportar, permitir que siga madurando e identificar este queso emblemático.
Detrás de ese objeto cotidiano hay una historia industrial, técnica y también, por qué no, de marketing.
Originariamente, una cuestión de supervivencia… la del queso
El camembert es un queso frágil. Muy frágil. Su pasta blanda, su corteza florida y su alto contenido de humedad hacen que moverlo sin dañarlo sea complicado.
Antes de finales del siglo XIX, se transportaba, sencillamente, sobre un lecho de paja. En distancias cortas podía funcionar, pero para viajar lejos era un método poco práctico y nada fiable.
Hacia 1890, un ingeniero normando llamado Ridel, hijo de ebanista y natural de Vimoutiers, tuvo una idea decisiva: sustituir la paja por una caja de madera diseñada expresamente para el camembert. Incluso ideó la máquina que permitiría fabricar esas cajas en serie, con madera ligera.
El resultado fue inmediato: el camembert pudo por fin viajar sin deformarse… y conquistar París primero, y después el resto de Francia.
¿Por qué madera y no otro material?
La madera no se eligió al azar. Tradicionalmente, estas cajas se hacen con chopo (y a veces con abeto): maderas ligeras, poco aromáticas y, sobre todo, “respirables”.
En la práctica, la caja de madera permite:
- proteger el queso de golpes,
- dejar circular el aire, imprescindible para que continúe el afinado,
- regular la humedad (la absorbe ligeramente), evitando que el camembert “se asfixie” o se desparrame demasiado pronto.
Es decir: la caja no se limita a transportar el camembert; también ayuda a que el queso madure en buenas condiciones.
Una caja que también ayuda a madurar el queso
A diferencia de un envase hermético, la caja de madera acompaña la “vida” del camembert. Crea un microclima adecuado para que el queso siga afinándose poco a poco, sin secarse ni fermentar de manera descontrolada.
Por eso el camembert puede seguir cambiando de textura y de sabor incluso después de comprarlo. La caja de madera no detiene el tiempo: lo acompasa.
Un soporte de identidad… y de marketing
Otra innovación que trajo la caja de madera: la etiqueta. Antes de ella, identificar con claridad el origen o el productor era mucho más difícil.
La caja se convirtió en un soporte de información:
- nombre del queso,
- lugar de elaboración,
- marca,
- a veces incluso ilustraciones y medallas.
Es ahí cuando el camembert empieza a ser un producto reconocible, identificable… y exportable.
¿Y la caja metálica?
Hay un detalle menos conocido: a principios del siglo XX, algunos camemberts destinados a la exportación, sobre todo al Reino Unido, viajaban… en latas metálicas, cerradas como las conservas clásicas.
Era una solución útil para el transporte marítimo, pero jugaba en contra del afinado y, por extensión, del sabor. Aquello quedó en algo marginal: la caja de madera se impuso como el mejor equilibrio entre protección y calidad.
Una tradición no tan popular
Incluso hoy, con plásticos y materiales compuestos de todo tipo, la caja de madera sigue teniendo sentido. Es ligera, biodegradable, renovable y está perfectamente adaptada a lo que necesita el camembert.
Es uno de esos casos raros en los que la tradición no frena la modernidad: sigue siendo una solución técnica plenamente vigente.
Y, ya que estamos, una nota histórica
Según una leyenda muy popular (aunque discutible desde el punto de vista histórico), el camembert habría sido “inventado” en 1791 por una granjera normanda, Marie Harel, con la ayuda de un sacerdote originario de Brie, refugiado en su casa durante la Revolución francesa.
Lo que sí parece más sólido es que existen referencias a quesos muy similares ya en el siglo XVI, hacia 1570. Es decir: el camembert tenía historia de sobra… mucho antes de tener su caja.
Entonces, ¿por qué se vende en una caja de madera?
Ni por casualidad ni como guiño decorativo al pasado. Se vende así porque esa caja:
- protege el queso,
- favorece su afinado,
- facilita el transporte,
- y refuerza su identidad.
Un estuche sencillo, pero extraordinario, como el propio Camembert.
Adèle Peyches
Comentarios