Lavavajillas: la frecuencia ideal de limpieza para no volver a tener malos olores
Es el mejor amigo de las cenas con amigos y de los domingos en familia. Nos saca de más de un apuro después de una comida copiosa, pero tendemos a descuidarlo demasiado.
Por dentro, sin embargo, se acumula de todo: migas atrapadas, grasa reseca y cal que va dejando rastro. Si al abrirlo empiezas a notar un olor extraño o si los vasos salen con marcas blanquecinas, es que ya vas tarde. Entonces, ¿cada cuánto conviene limpiarlo de verdad?
El calendario ideal para mantener a punto el lavavajilla
Para evitar que el aparato acabe saturado, conviene entender el mantenimiento como una pequeña rutina, igual que cuidamos nuestros cuchillos favoritos. No hace falta dedicarle una mañana entera, pero la constancia es la clave para alargar su vida útil y, sobre todo, para que no consuma más energía de la necesaria.
- Después de cada ciclo: merece la pena echar un vistazo rápido. ¿Ha quedado un trozo de lechuga perdido en el fondo? Es un gesto de unos segundos que puede evitar bastantes problemas.
- Todas las semanas: toca ocuparse del filtro. Ahí va a parar todo. Basta con desenroscarlo, enjuagarlo con agua caliente y un poco de lavavajillas, y volver a colocarlo.
- Una vez al mes: llega la limpieza a fondo. Es el momento de revisar las juntas de la puerta, donde el moho encuentra un escondite perfecto, y poner un ciclo en vacío con un producto desincrustante o, mejor aún, con el infalible vinagre blanco.
Por qué el filtro es el punto más delicado cuando está sucio
Si hubiera que quedarse solo con una idea, sería esta: el filtro es una pieza clave del lavavajillas. Cuando se atasca, el agua circula peor, se filtra peor y, como es lógico, la vajilla se lava con un agua que ya no está precisamente limpia.
Una vez por semana conviene coger la costumbre de sacarlo. Sorprende, y no siempre para bien, ver lo que puede acumular ahí. Un filtro limpio es la mejor garantía de que los platos salgan sin restos pegados. Es algo sencillo, rápido y con mucho efecto en el resultado final.
El truco del vinagre blanco para una limpieza en profundidad
Una vez al mes conviene ir un paso más allá. No hace falta gastar mucho dinero en productos “especiales para la máquina”. El secreto de muchos expertos está en el vinagre blanco. Basta con verter un buen cuenco directamente en el fondo del lavavajillas o colocar el recipiente en la bandeja superior, y poner un programa largo y caliente, al menos a 60 ºC, con el aparato vacío.
La acidez del vinagre ayuda a disolver los depósitos de cal que obstruyen los pequeños orificios de los brazos aspersores. Funciona realmente bien. El lavavajillas queda más limpio, sin restos de cal y, sobre todo, sin malos olores. Es una forma sencilla de devolverle buen rendimiento sin recurrir a productos innecesarios.
No te olvides de los brazos aspersores
Es una parte en la que casi nadie piensa, pero los pequeños agujeros de los brazos giratorios pueden obstruirse con pepitas de limón o granos de arroz. Si el agua deja de salir bien, la vajilla de la bandeja superior no se limpiará como debería. Cada dos o tres meses conviene desmontarlos y comprobar que no haya nada bloqueando la salida. Un palillo en los orificios, un aclarado rápido y listo: notarás que el aparato hace menos ruido y trabaja mejor.
Una máquina limpia para una vajilla impecable
Cuidar el lavavajillas es la mejor forma de asegurarse de que platos, vasos y cubiertos salgan realmente limpios. Siguiendo este calendario tan simple, limpieza semanal del filtro y descalcificación mensual, se evitan averías y también esos olores desagradables que terminan apareciendo.
Entonces, ¿cuándo fue la última vez que limpiaste el filtro? Quizá ha llegado el momento de hacerlo para que la próxima tanda de vajilla salga de verdad perfecta.
Adèle Peyches
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