Este crumble de ratatouille se puede preparar con antelación y se puede comer tanto caliente como frío

Saturday 5 September 2026 09:00 - Adèle Peyches
Este crumble de ratatouille se puede preparar con antelación y se puede comer tanto caliente como frío

A principios de septiembre todavía apetecen recetas que puedan dejarse preparadas con antelación. Platos que aguanten bien de un día para otro y que, llegado el momento, solo necesiten un golpe de calor o puedan servirse directamente.


Este ratatouille con cobertura crujiente encaja perfectamente en esa categoría. Parte de una preparación de verduras muy parecida a nuestro pisto, con calabacín, berenjena, pimiento y tomate, y le añade por encima una mezcla desmigada y crujiente, lo que en cocina se conoce como un crumble salado. Es sencillo, práctico y, sobre todo, muy útil cuando nos ha sobrado ratatouille en la nevera.

La receta se puede tomar caliente, recién salida del horno, pero también templada o fría, acompañada de una ensalada, un poco de queso fresco o unas verduras crudas. Se convierte así en una opción práctica para dejar preparada por la mañana o el día anterior y evitar tener que volver a encender el horno a la hora de comer.


¿Por qué el crumble de ratatouille es una buena idea a principios de septiembre?

El ratatouille ya es de por sí una preparación muy práctica. Permite aprovechar calabacines, berenjenas, pimientos y tomates, y además se puede cocinar fácilmente en cantidad. El problema es que, después de comerlo una o dos veces, quizá apetezca darle otro aire.

La cobertura crujiente permite precisamente cambiar su textura. La base sigue siendo tierna, aromática y llena de verduras, mientras que la parte superior aporta un contraste crujiente y más apetecible. El resultado es un plato fácil de repartir en porciones que puede prepararse el día anterior o por la mañana para servirlo más tarde.

Además, es una buena forma de reducir el desperdicio. En lugar de dejar que las sobras de ratatouille terminen olvidadas en la nevera, podemos transformarlas en un plato diferente sin tener que empezar de cero.

Una receta sencilla para aprovechar el ratatouille que ha sobrado

La preparación es bastante directa: se parte de unas sobras de ratatouille, se añade por encima una cobertura salada hecha con una mezcla desmigada que quedará crujiente al hornearse y se mete todo en el horno.

El resultado puede servirse como plato principal ligero o como guarnición, dependiendo de la cantidad y de los acompañamientos.

Si quieres prepararlo con antelación, puedes cocinarlo unas horas antes y guardarlo correctamente hasta el momento de servir. Se puede tomar frío, templado o calentarlo durante unos minutos, según lo que apetezca ese día.

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¿Cómo conseguir que la cobertura siga crujiente después de enfriarse?

Uno de los puntos importantes de esta receta es evitar que el vapor termine ablandando toda la superficie.

Una vez horneado, deja que pierda parte del calor durante unos minutos antes de guardarlo. No lo tapes herméticamente nada más salir del horno, porque el vapor quedaría atrapado y la condensación ablandaría rápidamente la cobertura.

Eso no significa que debas dejarlo durante horas a temperatura ambiente. Cuando haya perdido el calor más intenso, guárdalo en la nevera si no vas a consumirlo enseguida.

Si lo has preparado el día anterior y quieres que vuelva a estar crujiente, puedes calentarlo brevemente en el horno o en la freidora de aire. Pero si todavía hace calor y prefieres evitarlo, también se puede comer frío o ligeramente atemperado, especialmente acompañado de una ensalada.

¿Con qué acompañar este ratatouille con cobertura crujiente?

El ratatouille con cobertura crujiente puede servirse solo como una comida sencilla, pero también combina bien con huevo cocido, pollo frío, atún, una ensalada verde o queso fresco.

Para preparar una comida vegetariana más completa, puedes acompañarlo de garbanzos, lentejas o una ensalada de cereales.

La idea es mantener el menú sencillo. El plato ya aporta las verduras y el contraste de la cobertura crujiente, así que no necesita demasiados acompañamientos. Es una de esas recetas que se preparan una vez y pueden resolver también parte de la comida del día siguiente.

Los errores que conviene evitar

El primero es utilizar un ratatouille demasiado líquido. Si las verduras han soltado mucha agua, merece la pena escurrir parte del exceso antes de colocarlas en la fuente. De lo contrario, la humedad terminará pasando a la cobertura y esta perderá antes su textura crujiente.

El segundo error es tapar el plato inmediatamente después de sacarlo del horno. El vapor queda atrapado, se forma condensación y la parte superior se ablanda. Déjalo unos minutos destapado antes de guardarlo.

Y si vas a comerlo frío, tampoco hace falta servirlo directamente de la nevera. Dejar que pierda un poco el frío durante unos minutos puede hacer que se perciban mejor los sabores y que la textura resulte más agradable.

Una forma diferente de aprovechar las verduras que ya tienes cocinadas

Este plato no necesita complicar una preparación que ya funciona. La base sigue siendo el ratatouille de calabacín, berenjena, pimiento y tomate; simplemente añadimos una cobertura crujiente para transformarlo y darle una textura distinta.

A principios de septiembre, cuando todavía tenemos buenas verduras y se alternan días calurosos con otros algo más suaves, resulta especialmente práctico. Puede servirse caliente recién hecho, templado unas horas después o frío al día siguiente, así que es fácil adaptarlo al tiempo y a las ganas de cocinar.

Adèle PeychesAdèle Peyches
Responsable editorial que ansía el invierno para comer fondue. Apasionada por la gastronomía y siempre en busca de nuevos sabores, estudié derecho antes de regresar a mi primer amor: el gusto por los buenos productos y el placer de compartirlos alrededor de la mesa. :)

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