Espárragos: por qué comerlos en primavera puede sentarle tan bien a tu salud
Cada primavera vuelven a aparecer en los mercados y en la cocina con una elegancia discreta que casi parece innata. Blancos, verdes o morados, los espárragos son mucho más que una simple verdura de temporada.
Concentran una buena cantidad de nutrientes y pueden aportar bastantes beneficios al organismo. Así que, si estás pensando en incorporarlos a tu menú, hay motivos de sobra para hacerlo ahora. La primavera suele ir de la mano de cierta idea de renovación.
Apetece comer más ligero, cuidar un poco más el cuerpo y recuperar energía después del invierno. Y es justo ahí donde los espárragos encuentran su momento. Tienen pocas calorías, aportan nutrientes interesantes y además admiten preparaciones muy sencillas, así que encajan muy bien en ese cambio de estación.
Lo que no siempre se sabe es que, detrás de su aspecto delicado, esconden propiedades nutricionales muy interesantes. Y cuando las conoces, es fácil empezar a mirarlos con otros ojos.
Una buena fuente de nutrientes esenciales
Bajo su textura tierna y su sabor suave, los espárragos reúnen vitaminas y minerales necesarios para el buen funcionamiento del organismo.
Destacan, por ejemplo, por su contenido en vitamina B9, o ácido fólico, importante para la renovación celular y especialmente relevante durante el embarazo. También aportan vitamina C, que contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario, y vitamina K, necesaria para la coagulación sanguínea y para la salud ósea.
En cuanto a los minerales, contienen potasio, hierro y magnesio, tres elementos que ayudan a sostener el cuerpo en el día a día y que resultan especialmente interesantes en épocas de cansancio.
En conjunto, los espárragos son una hortaliza muy completa desde el punto de vista nutricional y una forma sencilla de sumar variedad y calidad a la dieta.
Espárragos: Ligeros, sabrosos y saciantes
Si buscas comidas más livianas sin renunciar al disfrute, los espárragos tienen bastante que ofrecer.
Aportan muy pocas calorías, alrededor de 20 kcal por cada 100 gramos, y además contienen fibra, lo que ayuda a aumentar la sensación de saciedad y a regular mejor el apetito.
Eso permite disfrutar de un buen plato de espárragos sin sentir que sobra nada en el menú y, al mismo tiempo, mantener a raya el picoteo entre horas.
A eso se suma su elevado contenido en agua, que también contribuye a la hidratación, algo que empieza a cobrar más importancia con la llegada del buen tiempo.
Un apoyo suave para la eliminación de líquidos
Se habla mucho de alimentos “detox”, a veces con más entusiasmo que fundamento. En el caso de los espárragos, sí se conoce su efecto diurético.
Contienen asparagina, un aminoácido asociado a esa capacidad para favorecer la eliminación de líquidos y apoyar la función renal.
Además, su contenido en fibra también beneficia el tránsito intestinal y ayuda a que la digestión sea más regular.
Por eso suelen asociarse con frecuencia a los menús de primavera: no porque hagan milagros, sino porque encajan bien en una alimentación más ligera y favorecen procesos fisiológicos normales del organismo.
Buenos para la digestión y para la microbiota
Otro aspecto menos comentado es su efecto positivo sobre la salud intestinal.
Los espárragos contienen inulina, una fibra prebiótica que sirve de alimento a las bacterias beneficiosas de la microbiota intestinal. Y esa microbiota no solo influye en la digestión, sino también en otros procesos relacionados con la inmunidad e incluso con el bienestar general.
Favorecer ese equilibrio intestinal puede traducirse en digestiones más cómodas y en una sensación de mayor bienestar.
Dicho de forma simple: sientan bien al estómago y ayudan a cuidar por dentro.
Un pequeño apoyo para la salud cardiovascular
Comer espárragos también puede ser una buena idea dentro de un patrón de alimentación cardiosaludable.
Su contenido en potasio contribuye al mantenimiento de una presión arterial normal, mientras que sus compuestos antioxidantes, como algunos flavonoides, ayudan a proteger las células frente al estrés oxidativo.
Todo ello convierte a los espárragos en un alimento interesante para incluir con frecuencia en la dieta, especialmente si se combinan con otros vegetales, legumbres, aceite de oliva y pescado dentro de una alimentación equilibrada.
¿Cómo cocinarlos para aprovecharlos bien?
Con todo esto en mente, queda la pregunta práctica: cómo prepararlos para disfrutar de ellos sin estropear sus cualidades.
La respuesta suele estar en la sencillez.
Una cocción al vapor suave permite conservar buena parte de sus nutrientes. Después basta con aliñarlos con un poco de aceite de oliva virgen extra, unas gotas de limón o una salsa ligera de yogur.
También funcionan muy bien en ensaladas de primavera, sobre tostadas saladas o acompañando huevos pasados por agua o huevos mollet.
Y cuando no hay mucho tiempo, asarlos en el horno es una solución estupenda: un poco de aceite, una pizca de sal y poco más.
La verdura que encaja de lleno en la primavera
A estas alturas está claro que los espárragos no solo resultan agradables en la mesa. También reúnen muchas cualidades nutricionales interesantes.
Su aporte de vitaminas, su contenido en fibra, su ligereza y su papel dentro de una alimentación equilibrada los convierten en una de las verduras más apetecibles de la temporada.
Frescos, delicados y fáciles de cocinar, los espárragos están entre los ingredientes más agradecidos de la primavera.
Así que, la próxima vez que los veas en el mercado, quizá convenga llevárselos a casa.
Adèle Peyches
Comentarios