Cómo catar un vino en cinco minutos sin hacer teatro
Te sirven una copa, alguien la hace girar y al cabo de dos segundos habla de fruta roja, cuero y sotobosque. Tú hueles otra vez y sigues pensando, sencillamente, que huele a vino.
Eso no significa que tengas mal olfato ni que la cata esté reservada a gente con un vocabulario secreto. Catar un vino consiste, antes que nada, en prestar atención de una manera ordenada: mirar qué tenemos delante, olerlo, probarlo y buscar palabras que describan lo que realmente percibimos.
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Qué debemos notar al probar el vino: acidez, taninos y cuerpo
Tomamos un sorbo pequeño y lo dejamos unos segundos en la boca. Aquí interesa tanto el sabor como la sensación física que produce el vino.
La acidez se reconoce sobre todo porque hace salivar. No es simplemente “sabor a limón”: podemos encontrar una acidez alta en vinos con perfiles aromáticos muy distintos, desde cítricos y manzana hasta flores o frutas maduras.
Los taninos, presentes especialmente en los tintos, producen una sensación seca y astringente en encías y lengua. Una comparación fácil de reconocer es el té negro cuando lo dejamos infusionar demasiado tiempo.
El dulzor es otra cosa distinta. Un vino puede oler intensamente a melocotón maduro y ser seco: aroma frutal y azúcar no son sinónimos.
Después está el cuerpo, es decir, cuánto peso o volumen parece tener el vino en la boca. No hace falta buscar una definición matemática: algunos vinos se sienten ágiles y ligeros; otros resultan más densos, amplios o envolventes. Alcohol, taninos, concentración y otros componentes influyen en esa sensación.
El alcohol también puede percibirse como calor, especialmente cuando su nivel es elevado.
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Cómo describir un vino con palabras sencillas
- "Tiene bastante acidez y me recuerda sobre todo a cítricos".
- "Es más ligero de lo que esperaba y apenas noto esa sequedad típica de los taninos".
- "Huele mucho a fruta, pero en boca es completamente seco".
- "Al principio me parecía cerrado, pero después de unos minutos huele bastante más".
Y también podemos separar calidad de gusto personal:
- "Tiene más cuerpo del que suelo buscar en un vino".
Errores habituales al catar un vino
Comparar dos vinos: una buena forma de aprender a catar
Probar una botella aislada obliga al paladar a trabajar sin puntos de referencia. Dos copas lado a lado cambian mucho las cosas.
Podemos comparar un blanco ligero con otro de más cuerpo, dos tintos con distinta cantidad de tanino o un vino joven con otro que haya tenido una crianza diferente. Entonces empiezan a aparecer diferencias que antes parecían abstractas: este hace salivar más, aquel pesa más en boca, uno huele sobre todo a fruta fresca y en el otro aparecen notas tostadas.
No hace falta hacerlo a ciegas ni convertirlo en un concurso. Basta con probar ambos, anotar tres o cuatro observaciones y volver de uno al otro.
Después de unas cuantas comparaciones ocurre algo bastante útil: dejamos de preguntarnos qué se supone que deberíamos encontrar y empezamos a reconocer qué estamos percibiendo de verdad.
Eso, mucho más que hacer girar la copa con desenvoltura, es empezar a saber catar.
Daniele Mainieri
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