Freidora de aire: ¿es realmente más saludable? Lo que conviene saber antes de usarla a diario
En pocos años se ha convertido en un fijo de muchas cocinas. La freidora de aire, o air fryer, promete platos dorados y apetecibles con muy poco aceite, o incluso sin él. No cuesta entender su éxito: permite preparar ciertos alimentos de forma más ligera que una fritura tradicional y, además, simplifica bastante el día a día.
Su popularidad, de hecho, no ha dejado de crecer. Pero detrás de esa imagen de aparato “más sano” conviene hacer algunos matices. Porque la freidora de aire tiene ventajas claras, sí, pero eso no significa que convierta automáticamente cualquier receta en una opción saludable.
¿Hay que mirarla con recelo? No especialmente. Lo importante, más bien, es entender bien qué puede aportar y cuáles son sus límites.
Un aparato práctico con ventajas claras
Es difícil negar las ventajas de lafreidora de aire.
Permite:
- reducir la cantidad de grasa añadida en comparación con la fritura tradicional
- cocinar con rapidez
- lograr un acabado dorado y agradable
- hacer más cómoda la cocina diaria
Por eso puede ser una opción interesante para preparar algunos platos de forma más ligera, sin renunciar del todo a una textura apetecible.
Y frente a la fritura por inmersión, la reducción de grasa suele ser real.
Menos aceite no significa que todo sea automáticamente saludable
Uno de los principales argumentos de venta de la freidora de aire es que no necesita aceite (o necesita muy poco). Y en este punto, cumple lo que promete.
Que un alimento se cocine en freidora de aire con menos aceite no lo convierte por sí solo en saludable. Todo depende también del producto en cuestión, de si es casero o ultraprocesado, del tamaño de la ración y de la frecuencia con la que se consume.
No es lo mismo cocinar unas verduras o un pescado que preparar a menudo snacks rebozados, precocinados o patatas muy tostadas. La forma de cocción importa, pero no lo explica todo.
La cuestión de la acrilamida: ¿Es motivo de preocupación?
Otro punto importante tiene que ver con la acrilamida, una sustancia que puede formarse al cocinar a altas temperaturas ciertos alimentos, sobre todo los ricos en almidón, como las patatas.
Esto no ocurre solo en la freidora de aire. También puede suceder en el horno, en la sartén o en una fritura convencional. El problema, por tanto, no está en el aparato en sí, sino en la temperatura, el tiempo de cocción y el grado de tostado.
Dicho de forma sencilla: cuanto más oscuro y tostado quede un alimento, mayor es la probabilidad de que se haya formado más acrilamida.
Por eso, el criterio más útil en casa sigue siendo el mismo: mejor un dorado ligero que un acabado excesivamente oscuro o quemado.
Las patatas fritas requieren algo más de cuidado
Es uno de los usos más habituales de la freidora de aire y, al mismo tiempo, el que más cuidado requiere.
Las patatas y otros productos similares están entre las principales fuentes de exposición a la acrilamida cuando se cocinan demasiado. Eso no significa que haya que renunciar a ellas, tampoco si solemos prepararlas en casa con recetas como estas propuestas de patatas en la air fryer, pero sí conviene evitar llevarlas a un tostado intenso de forma habitual.
Una ración ocasional de patatas bien doradas no plantea lo mismo que un consumo frecuente de productos muy hechos o recalentados hasta quedar oscuros.
Los materiales importan, pero sin alarmismos
Otro tema que a veces sale a relucir son los recubrimientos antiadherentes. Algunos pueden contener PFAS, sustancias que preocupan por su persistencia y sus posibles efectos sobre la salud y el medio ambiente.
Aun así, no conviene exagerar: no todos los aparatos los incorporan, la normativa cambia y un uso doméstico normal no convierte por sí solo a la freidora de aire en un riesgo.
Lo prudente es simple:
- elegir un modelo de buena calidad
- no usar cubetas o recipientes con el revestimiento dañado
- seguir las instrucciones del fabricante
- evitar usos que deterioren el material
Lo importante no es solo el aparato, sino cómo se utiliza
En el fondo, la freidora de aire no deja de ser una herramienta. Y, como ocurre con cualquier herramienta de cocina, su interés depende sobre todo del uso que se haga de ella.
Bien utilizada, puede tener ventajas reales:
- ayuda a reducir la grasa añadida en algunos platos
- facilita cocinar más en casa
- permite preparar ciertas recetas de una forma más ligera que la fritura clásica
Pero un electrodoméstico no mejora por sí solo la calidad de un alimento ni compensa malos hábitos alimentarios.
Claves para usarla mejor
Para aprovechar sus ventajas sin caer en falsas ideas, basta con seguir unas pautas sencillas:
- buscar un dorado suave, no un tostado intenso
- evitar temperaturas innecesariamente altas
- no abusar de patatas fritas, snacks y precocinados
- alternar con otros alimentos como verduras, pescado o carne
- combinarla con otros tipos de cocción, como el horno, el vapor o el salteado
La idea no es renunciar a ella, sino usarla con criterio.
Entonces, ¿buena o mala opción?
Ni una cosa ni la otra.
La freidora de aire no hace milagros, pero tampoco hay que verla con recelo. Permite cocinar con menos grasa que una fritura tradicional y puede resultar muy práctica, aunque no convierte cualquier receta en saludable ni evita del todo los compuestos ligados a las altas temperaturas.
Usada con sentido común, encaja sin problema en la cocina de casa. Lo importante, una vez más, es el conjunto de hábitos.
Adèle Peyches
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